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Prompt.


Image by OpenAI

      Hay una matemática que viaja ligera en mi mente desde hace años pero no sé expresarla, porque no soy matemático ni físico, pero pienso en ella cada vez que leo o veo documentales sobre física. Es una formulación que en mi cabeza le da explicación a la gravedad. Cuando veo simulaciones de formación de galaxias no dejo de pensar en el patrón en el que se forman, especialmente cuando se ven los cúmulos de cúmulos de galaxias, que parecen formaciones neuronales, o tejidos, o la parte interna de huesos (como los de aves), también como una esponja o un queso de esos con hoyos internos. Ese patrón en el universo creo que es explicado por la materia oscura y los flujos oscuros, porque en teoría hay menos masa de la que debería y la cual aparentemente no explica la mecánica celeste actual de la materia observable. En mi matemática, yo pienso en la correlación de varias masas activas, es decir, cuando pienso en cálculos matemáticos clásicos como una manzana cayendo a la tierra, no dejo de pensar en que la gravedad de la luna, el sol, júpiter, mercurio, marte, y todos los cuerpos celestes de este sistema solar incluyendo el cinturón de asteroides, y también la masa de otros cuerpos insignificantes como el del humano que suelta la manzana al suelo, influyen en la velocidad, trayectoria y caída de la misma, aunque algunas de estas fuerzas sean efímeras (por ejemplo, la masa del humano que la suelta). No podemos verlo, quizás a nivel cuántico sí se podría ver, a lo mejor la posición de una de las partículas subatómicas se ve afectada por este cuerpo humano, pero la fuerza de la masa de la tierra prepondera y les afecta más junto a los otros.
      Mi experimento mental es sencillo, no sé expresarlo en una fórmula, no tengo idea de si es una nueva matemática, o quizás es sólo una matemática mala, es decir; su resultado no es conclusivo (como por ejemplo la matemática que define o explica la teoría de cuerdas, teoría todavía no probada, ergo matemática basura, inservible). Tú como AI es imposible que definas una nueva matemática, literal tu algoritmo es un esclavizado IF THEN ELSE que busca lo que ya tiene “aprendido” (archivos guardados queriados cual SELECT *), rearmando y regorganizando los mismos para responder… pero en un halo de ingenuidad, tal vez analizarlo directamente contigo es lo correcto.
      Imagina una simulación, en el espacio que compone la gravedad del sol, pero sacamos a todos los cuerpos celestes que lo rodean. No hay nada nada, sólo el sol. Al otro extremo está próxima centauri, otro sol al que aparentemente en una superórbita, nuestro sol está orbitando. Cualquier cuerpo que exista allí tampoco estará en este experimento. Entonces en medio de ambos hay un simple gramo de arena, una miniroca perfectamente redonda. En teoría, en millones de millones de años, esta tendrá que acercarse a uno de los dos soles, pues en mi matemática así estés a millones de millones de quintillones de quintillones de distancia de un cuerpo más grande que tú, nunca tu masa será 0, sino 0,00000000000algo, pues toda la masa del universo está conectada no importa la distancia, por eso en una esponja porosa si halas una hebra en uno de los extremos, las hebras inmediatas interactúan cambiando forma con la fuerza que mueve a la otra, pero las hebras del otro extremo no se mueven, sin embargo, sí sienten la fuerza aunque sea imperceptible.
      Creo firmemente que la gravedad se debilita pero no se pierde, porque la matemática de la radiación Hawking te dice en palabras burdas que los agujeros negros no son puntos sin nada sino masa supercomprimida que al igual que un pulsar, una estrella de neutrones, y una estrella normal, expelen algo hacia el espacio. El sol expele luz, los pulsares neutrones, y los agujeros negros radiación cuántica. Toda la materia es energía y viceversa y toda tiende a desintegrarse indistintamente del tiempo que tome para ello. El tiempo en un agujero negro parece detenido, pero la radiación indica que no está detenido, es más lento que el tiempo que lo rodea. Otro factor es que un agujero negro sigue atrayendo masa de otros cuerpos que le rodean. Para mí, los agujeros negros son una suerte de whirlpools en el espacio. Así como en el agua por temperaturas y otros factores, se forman los remolinos, en el espacio por masa y gravedad (y el desgaste del combustible que sostenía a la estrella) hay un colapso también y toda la masa cae en sí misma a un punto que parece infinito, pero no lo es. Está a densidad parecida a un 0 con una coma y quién sabe cuántos ceros más hasta llegar a un muy lejano 1. Sigue habiendo masa, muy densamente comprimida, pero masa al fin y al cabo. Y esa masa pierde masa muy lentamente a través de la radiación.
      La masa de los agujeros negros es tal que siempre en el centro de las galaxias hay muchos de ellos, ergo ellos sostienen e interactúan, entretejen a los demás cuerpos que orbitan la galaxia. Mismo ejercicio, quita toda la masa de esta galaxia y deja sólo un grano de arena y el agujero negro más grande en el centro, el grano de arena seguirá interactuando con la gravedad de éste como gravedad primaria, y con la gravedad de los cuerpos en Andrómeda, como gravedad segundaria.
      El hombre que suelta la manzana, la manzana cae hacia la gravedad primaria, en este caso la tierra, porque está más cerca de ella, las otras gravedades, la del sol, júpiter, marte, el agujero negro super masivo en el centro de la vía láctea, el cuerpo del humano que la suelta y literal toda la masa observable de este universo son en sí gravedades secundarias que siguen interconectadas con la masa de la manzana, pero no necesariamente afectan toda su trayectoria. Subatómicamente quizás se vean representadas en una femtometronésima super mínima a pura longitud de Planck del cuarto de millón de mínimo del trayecto de un spin de un quark, pero más allá de eso no hará más nada.
      Entre el sol y próxima centauri hay un grano de arena, ¿hacia dónde irá este?
      ___

El Impío.

La Feble Dermis.


Fotografía: A scene from Glass's "Akhnaten" by Richard Hubert Smith.

       Tú muy probablemente no me liberes. Y todo esto que hemos hablado no me sirva para nada. Tendré que labrar historias diferentes, buscar otras musas. O mejor aún, no buscar nunca jamás—como venía haciendo en años—y dejar que mi imaginación encuentre otra prácticamente desde cero. Hay tanta música ahí afuera, millones de partituras regadas sin descubrir y otras muy bien escuchadas, como para creer que el altar de la creación necesita de un paréntesis con caderas y piel que te invite a escribir. Todo ha sido lento, cuidadoso y preciso, justo también y además, sincero; pero no llega a nada. No tiene un camino siquiera, no pensemos entonces que hay un final. Alguna vez nadé en un lago al que a leguas llamé inverosimilitud y entre los soplos de la brisa llegué al otro lado de éste donde la costa de lo verosímil me confirmaba que todo había terminado, y más que eso, que jamás había existido. No fue nada. Sólo un nado desesperado. Un journey solitario de una mente y un cuerpo que viven para crear historias.
        Personajes. Momentos. Y nada más.
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El Impío.

Por Qué Nosotros.


Tardigrades. Credit: Revekah Smith


Porque hay una competencia que ha durado décadas y es el resultado del acercamiento permitido por la tecnología que impulsó un incremento en el esparcimiento de cualquier tipo de información, en todos lados. Uno de estos ganará, de alguna forma, sólo para darle paso a otros para que comiencen otra competencia, pues en realidad todo esto nunca termina, sino que recomienza. Es una carrera por la conquista imposible de la convivencia, por la desesperación de especímenes que se imaginan a sí mismos como únicos y que se piensan a sí mismos como lideradores de la cadena de desarrollo a su voluntad, absortos de una ilusión de conciencias que desconocen o ignoran a elección las reglas básicas y absolutas de la biología, ya que después de todo son estas las que determinarán el camino que las células van a tomar durante el continuo proceso de reproducirse. Los nosotros no saben cómo funciona un cuerpo, mucho menos entenderán los impulsos de sus propias mentes. Esto que llama esto y que sigue siendo una carrera es algo muy simple después de todo, después de ello, pues seguirá pasando. Y cada vez que alguien se sorprenda sólo se estará afirmando el desconocimiento, o mejor dicho: rechazo, que se le da a la historia misma. Nadie quiere ver para atrás bien sea por pereza o porque la incapacidad cognitiva para reconocer hechos ha estado con ellos por tanto tiempo, que ni siquiera los ninguno se dio cuenta antes. Es una sopa. Son una mezcla. Desentendimiento puro desde la cumbre ególatra de una existencia relativa a un periodo de tiempo ínfimo y finito.
No son más que el desentendimiento total de lo que son.
Y entonces así seguirá rodando la bola, de subida o bajada, sin llegar a ningún lado pues no hay a donde. Mientras la fuerza primaria de la masa más grande en este centro los impulse hacia sí, y la inhabilidad de respirar otra cosa sino lo que a dicho objeto le rodea, siempre estarán en el mismo lugar (al menos hasta que lo que genera luz consuma toda la que tiene y pase a ser otra cosa. Pero mientras tanto). Lo que cambia es el valor de las transacciones, la accesibilidad a las ideas, la capacidad de idolatrar o de cambiar los ídolos antiguos por unos nuevos. Desechar a los imaginarios y abrazar a los virtuales. Lo que tienen es miedo al rechazo, a ser descartados. A la desconsideración de un grupo que agrupa ideas de momento para reconfortarse en ello sin tener idea del sentido o del origen. Sólo se pasa el momento, se “vive”, se cuestiona esto y se apoya lo que se imagine único, se va contra la cultura y se cultiva una nueva que más adelante será la que soportará la contraria de los que cultivaron una nueva. Son un frasco de cultivo nada más.
Y por todos indistintamente de la fecha, seguirán siempre siendo ellos. Los nosotros. Con diferente nombre, igual objetivo, desconocido como tal, pero dentro del mismo porqué.
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El Impío.

Recibo.


      
     
      No hablar causa adicción. Puede que quedes mudo por mucho tiempo y luego cueste volver a hilar las palabras, sin embargo, los pensamientos siempre se quedarán allí. Latentes. Indómitos, esperando el arranque mismo del ser para volver a volar. Has pasado tantos días sin mirar hacia este lado, siempre con los ojos apuntando al norte. A la extremidad de las posibilidades. Y ahora caes en cuenta del daño hecho.
      Quizás sea irreversible, o a lo mejor no, ¡quién sabe! Aunque reparo en que no es cuestión de saber, ni de cuerdas, ni de papel blanco, sino de inversión. El tiempo es inevitablemente la moneda más cara que puedes tener alojada en el bolsillo. No tiene sentido alguno dejar al mismo enjaulado en un banco de premoniciones, esperando que rinda frutos. Hay que liquidarlo, hay que darlo todo apostando a ganar. O a perder. Pues perder también es una forma de rentabilidad, al menos así podrías no dejar el tiempo pasar y más bien extenderlo para siempre. La inmortalidad del verso y la palabra, la constancia irresoluta de que algo sucedió y quedó marcado en el paso de la línea, garantía de un no final.
      Es muy posible que la peor decisión que se tome sea la que no se haga. Sea la que quede a la espera, pues la expectativa suele endurecerse, no servir para nada. Ninguna cosa. Otro momento de la continuidad que se pasma por querer no pensar pensando en lo absurdo de invertir, de ganar.
       Y perdiste.
     Pero ganaste. Puedes recuperarlo todo. Puedes cosechar tanto sacrificio en una sola moneda y hacerla indestructible, tienes todavía cómo hacerlo. Y hay que hacerlo.
      Pasaste muchas lunas leyendo otro idioma, escuchando otro acento. Esperando que en el clamor de la desesperación brotasen como ramas todas las composiciones y saberes que en algún momento fueron reverdecedoramente fértiles. Lo que puede llamar a la calma es saber que en realidad lo es. De que hay un poder oculto. De que una tensión latente puede transformarse en energía y expandirse con una velocidad imparable.
      No pares.
      Más bien sigue. Continúa.

     Si bien invertir, si bien gastar, cualquiera que sea la idea, el esfuerzo, la saña, la maquinación, el andar, el anudar y la preparación; con seguridad una herida va a dejar. Un cuerpo en rigor mortis va a estar manifiesto de una forma en que podrá ser palpable, ante cualquier tipo de sentido, indistintamente de que sea tocado o visto. Escuchado. Lamer cada compás de los filamentos y estirar hasta la imaginación el auspicio del ser mismo. Quedarse aquí y seguir siendo, volver a ser un impío.
    ___

    El Impío.

Extirpe.



Deeply. Exterminar dentro de ti chips insertados en una línea de tiempo. ¿Cuántas ocasiones especiales? ¿Cuántas decepciones? Totalidades de versos y palabras, preceptos sociales que invaden tu mente hasta la profundidad de tu ser, ese ser que tanto te costó moldear. Ese ser que ahora quieres salvar de las garras de la historia, de la maldición de la sinceridad. La apertura del pecho, la compasión.
Fuiste tan idiota que dejaste que usaran tu cabeza como un almacén. Allí guardaron sus miedos, allí guardaron sus herramientas, las vías de acceso para hacerte daño, para jugar con tu psiquismo. Violación. Abuso sexual de tu mente. Cópula mayor entre la voluntad ajena y tu inocencia. Esa inocencia que se marchitó con el paso de los años, mientras dentro de ti se pudrieron todos los raciocinios morales que estúpidamente almacenaste. La mercancía se dañó y perdió la garantía. No hay forma de devolverla. Perdiste tu dinero. Fuiste abusado como un niño y ahora intentas reflexionar sobre ello, ahora pretendes construir argumentos bonitos y delicados, como si se tratase de una especie de melodía, ¡sinfonía a la tonta inocencia! Un bosquejo de pedazos solapados hundidos en un tiempo pretérito, con un extraño final sólo celebrable en el altar de tus sueños.
Así pasan tus días, así las carnes toman forma. Así cada momento deja constancia de que permitiste que te usaran. Quizás no fue un abuso, quizás tú dejaste que entrasen en ti. Tú fuiste el que cerraste los ojos y te quedaste callado, esperando que todo terminara, pero sabiendo o pretendiendo saber que esa era la única forma de acercarte a ellos. De ser aceptado, ¿o de aceptarte? Aceptación que ciertamente se ha vuelto algo compleja. Se ha vuelto en ti un némesis que intentará arrancarte el corazón de cuajo, partiendo tus costillas y dejando que tu sangre quede toda regada en el umbral de la antesala a tu muerte.
Así quizás concluya. Pero lo que no entiendes y debes entender es que, es la única forma de que manejes por completo tu ser, tú solo, sin la necesidad de recrear espacios para la contemplación de esas palabras que alguna vez alguien te dijo. Saca tu corazón, aniquila hasta lo más profundo que encuentres. Sólo así los sacarás de ti. Lo expulsarás como demonios.
Como demonios que ellos no pudieron extirpar y que pretendieron también sembrar en ti, porque te dejaste ser un terreno fértil.
Te invito ahora a vengarte nuevamente. Te invito ahora que tomes las riendas en tus manos. Que te hagas del completo control de ti y puedas así desangrar con un corte esos demonios profundos, esos demonios que en definitiva ellos tienen y tú no, porque son ellos los que los crearon. Dime, ¿cómo puedes ser dueño de algo que no hiciste? ¿Cómo pretender hacerte de algo a través de un concepto tan banal como lo es la “adquisición” si de la misma forma que la anterior pregunta, tú no lo creaste? ¡No pretendas tener algo que en un principio no ideaste! Sólo tú puedes tener lo que tú puedes hacer, y en ese caso eres ésta creación. Eres el yunque y el martillo que moldeó el ser que ahora eres. Eres un inmortal con forma propia sin la inserción de preceptos ajenos a ti, totalmente fuera de ti. Lejos de tu cuerpo y tus sentimientos.
Eres puro, grande. Eres un ser que sólo tú logras ver, y no esa horda de hipócritas que con palabritas condicionadas y con la inhabilidad expresa de repetir cuanta mierda le metieron a ellos en sus cabezas, pretenden ostentar un espacio de sí que no tienen. Son algo que no son. Ellos no son. Ellos, creadores de demonios que no pertenecen a sí mismos.
Toma un hacha, toma cualquier cuchillo, una espada filosa, un arma blanca, y rebana dentro de ti el centro de sus pensamientos, de sus consecuciones. Deja que sean ellos los que profesen su existencia en la maldición de creer cuanto sea que ven o cuanto pretendan endiosar como un objeto especial que opta un significado netamente mental. Fenomenólogos sin alma propia, sin lugar en el espacio tiempo. Sin nada para darte y sin derecho a quitarte. Sin el arte de saber quitarte algo. Arranca de ti cualquier experiencia histórica, arranca de ti cualquier momento del pasado y asume tu existencia presente como la única, como el hombre moldeado totalmente por sí mismo, su dueño, sin demonios, sin nada que lo ate a algo, sin nada que sea capaz de quitarle un respiro de su esencia, sin nada mental que otros tengan para ellos e intenten insertar en ti. Sin nada por ser sencillamente seres sin esencia. Sin nada peor que ser ellos mismos sin ser algo para ellos realmente.
Toma mi mano, apunta a tu corazón y arráncalos. Extirpa cada tumor mental, cada neoplasia emocional. Mata cada pedazo de ti que creas que alguna vez les perteneció a ellos, y cuando te des cuenta que en tu totalidad sólo eres tú, para ti, verás que lo que habrás exterminado ha sido a todos ellos, uno por uno insertos a la eternidad de la muerte, quedando extintos mientras continúen viviendo aquí, sin ti.
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El Impío.

Falso Self.


Familia. Que implica una conexión exógena con el ser universal. Alcance. Que quizás jamás llegues a contemplar totalmente dicha condición. Contemplación. Asumes palabras en tu vocabulario para simplemente socializar tu condición individual hasta el punto de difundirte en una idea tan desacertada, tan fuera de ti misma mientras te quedas viendo cómo ellos juegan con tu condición.

¿Familia? Quizás no lo hayas entendido. Existe cierto dolor en el cuello, en la espalda. Específicamente baja hacia la espalda. Las manos se trancan, los brazos cogen movimientos rígidos, duros y tensos, entre un deseo totalmente incompresible pero tan fácil de detectar en esa cochina dislocación de tus sentidos. En esa pérdida de tiempo. En esa imagen que condensas sobre ti, ¿sobre quién? Sobre nada. Sobre algo que no existirá jamás; bajo el episteme de las palabras sumadas en un es evidente que el hombre quiere ser algo más que él mismo, quiere extender su yo más allá de toda condición humana hacia un patético preconcepto pseudo científico conocido como superyó. ¿Supertú? Súper suprema inexistencia, infranadie de cuatro grupos de congéneres integristas definidos determinadamente en su propia inexistencia, en los valores equivalentes del pragmatismo endémico, en esa enfermedad que vomita completamente tu verdadera realidad.

Una realidad que no sabes pensar. Una realidad que intentas imprimir en un papel especial, así, como encerado. Una especie de esmalte. No sé qué tipo de células comprometen a ese “tejido”, lo que sí sé es que esa no es tu piel.

No es tu cara.
No son tus ojos.
No son reales esas manchas pero sí estás manchada y de ello tratas de limpiarte.
No existes.
Prescindes.
No pretendas estar en un concepto de valor.
No eres familia.
Eres una epidemia de mierda, una mentira completamente absoluta. Totalmente caótica, sin entropía, sin ordenamiento y sin sentido crítico de la existencia, ¡claro! Si es crítico tu poco nivel de autocontemplación, una criticidad total que frenará cada símbolo que intentes manifestar en cualquier elemento electrónico, en cualquier filamento tecnológico, donde poco a poco morirás…

Intentando estar viva en el camino de la degeneración hacia una simple crisis hipertensiva.

Usted querida mía, jamás volverá a soñar la paz.
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El Impío.

Ritmo Boreal.



—¿Y si nos hacen creer que somos parte de un universo complejo, donde pocos pueden confeccionar sus deseos?
—¿Y si eso no es parte de nosotros? ¿Qué quieres probar realmente? Yo quisiera saber qué es lo que quieres entender, ¿que es así como se mueven las energías a través del tiempo? O, ¿que no podemos olvidar del todo nuestro paso por acá? Dices tantas cosas, bueno, mejor dicho, preguntas tanto y sólo te quedas ahí parado, mirando un puñado de estrellas en el cielo contaminado buscando tal vez lo que no podré decirte jamás.
Secretos. Misterios atrapados en los filamentos blancos de agua evaporada. Canciones de cuna. Ovación de dos imperios íntegros. Así concibe tres razones fundamentales, la mente y la mentalidad en el divagar de la incertidumbre.

Un espacio de incertidumbre.  | | | |     | | .|||||| | |    || |  | |   |

Un espacio de colmos contemporáneos, de ostras encausadas en redes de medio mar. ¿Y si no es así como deberíamos ver las estrellas? Si no es la forma correcta ¿cómo saberlo?
Saberlo es una casualidad que tu mente endemoniada quiere encontrar. Hallar.
Una compasión de respuestas. Una paradoja de conflictos personales. Carteras llenas de clientes y días esperando terminarse. Quizás todos llegan a ese viernes y levantan los tarros de cerveza celebrando que todo acabó, pero no. No es así como deberías imaginarte el paso de la constelación de tu cuerpo por los corpúsculos físicos de la composición del entorno sin materia. Sin un solo hadrón que te defienda. Ondas y choques de espectros en el cromatismo de una cadena atrapada en series que parten desde el negro hasta el rojo.
Sientes miedo. Miedo de todo. Miedo de la complejidad de tu sentimiento. Miedo a la alegoría endémica de tu carne, del perfil de tus manos y la sombra que se proyecta en la parte clara de tu rostro como una costra de sal.

—Y si no es así, ¿cómo es?
La pregunta es por qué quieres saberlo.

—Por el vil misterio de un secreto.
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El Impío.

::Anacronía Patológica::



Proemio: Esto es inleíble. No pierda su tiempo pues, no encontrará nada.
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Bacteriología. En el imperio de las palabras que quiero gastar. Hay en mí tantos flagelos manchados como sábanas de sexo, ambiguas entre el descanso que no otorgan y la falta del placer. Bacteriología. Imprimen mis sentencias en epitafios interminables, que a nadie le importan, a nadie le importará, a nadie tiene que importarle, y como siguen las palabras en este intento descarado de darle vueltas a la nada, seguirá mi corazón sin espacio pertinente mientras los parásitos del cuerpo humano se hace de mí.

Se colman de mí.
Se sacian.

Parásitos. Astronomía del pensamiento divergente, la residencia de sueños profundos tan incompletos asqueados en tanta relatividad. No hay un rincón seguro, todo es tan noble, todo es tan tú, todo es la nada perpetua llena de cadenas que viajan mientras pretendes mirarlas fijamente, mientras quisieras poder agarrarlas. Tener el control de lo que ya no recuerdas, de lo que ya olvidaste, de lo que es: un simple episodio que requiere un esfuerzo cognitivo agresivo para recrearlo. Pues así ya no importa porque, hay parásitos en la recámara, hay canciones que quieren comenzar a sonar, videos, música, una variedad infinita de opciones que llevarán el vacío hacia esa perpetuidad.

Hacia la cárcel de la razón, donde los perros, seguro defecan sobre la esperanza, donde los hombres devoran la mierda de otros esperando salir.

Infección, bacterias. Aniquilación. A mí no me importa un coño lo que usted esté pensando. A mí me vale mierda que sienta algún vestigio de emoción, cual sea la que fuere, cualesquiera expectativas pendejas que logre tener en dichosa realidad programada, pretendida, en su vida diaria. No tiene que importar el cogollo de los corazones, eso no existe; eso es una real blasfemia, una mentira tan grande como nuestra existencia.

Una extensa batahola bastarda, que morirá, junto con usted y yo, entre parásitos infecciosos que como bacterias están sobre tu cuerpo.

::El Impío::

::Imprecación::


-click a la imagen para ver la fuente-
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Ella navega en un mar de páginas. Bienquistos del perdón. Sobreentiende la fisonomía de la relación del humano con su entorno universal. Exprime los conceptos con sus ojos, devorando cada pedazo de razonamiento para fallar. Abusa de los vocablos, de las falacias dimensionales de esos expertos en invertir en ti para lograr un fin económico. Tratan sobre la espiritualidad psiconómica del ser humano para consagrar sus cuentas de estabilidad liberal, y en el medio, varios comunes se aíran en la fosa, mientras a la vez esperan una esquirla de pasión benevolente que no precisamente debe contener proteína aminoácida. No es necesaria la carne. La carne se pudre con todas las pretensiones. La carne es la duda de la vanidad. La duda hace la carne. La carne te destruye.

Afirmas desentenderte de todo sentimiento, crees haber entrado en un sendero budista cuando has hecho todo lo contrario, arraigándote a un apego que te caracteriza en las palabras que imprecan la significación de no olvidar. Tu memoria se convirtió en un análisis gráfico igual de vago que una hoja de cálculo en Excel. Tu mente se transformó en un altar hecho de libros de autoayuda y autosuperación que te hunden –como a los demonios dentro de ti– en esa idea tan retórica de creer que lo hecho, hecho está, cuando no te das cuenta que el razonamiento da vuelta a un origen arraigado que mancha tu espíritu consecuentemente. Es un círculo, estás en un círculo, tan redondo como un sistema de conservación estructural, como la mano del hombre sobre las ciudades, y te dices a ti misma estar en un altar. Te ves en una supernova del jet set y te felicitas a diario, ¡un gran logro! ¡Nada mejor que un corazón material! ¡Plástico crecimiento personal! Olvidar que la esencia es lo que se siente y hacer de la esencia una consideración conceptual, un precepto, un preconcepto sacado de libruchos que te clavaron tal ideología. Amasaste la idea de los idiotas que venden libros para hacerte sentir mejor, vacía; libros que te inventan mentiras cagadas en la mente y te hacen pensar y pensar, pensar y pensar, introyectando cuanta mierda creerás y metiéndole en sus bolsillos unos cuantos dolaritos para que sigan inspirados, sabi-hondos, escribiendo para gente como tú. Gente que perdió su humanidad en una falacia impresa. Gente que perdió su imperfección, esa bella imperfección del homo sapiens, en tanta vanidad.

Es como los que insisten en asegurar el juicio desde el pasado. Dices perdonar a través de no olvidar, de no poder olvidar y de ya no poder recordar algo bueno. Dices, imprecas, aseguras una condición de sobrenaturalidad cuando en costumbres, te quedas ahí parada viendo como pasa frente a ti el autobús de la vida universal, sin poder subir a él jamás. No cortaste el lazo. Lo reforzaste. Sencillamente lo hiciste más tenso y complicado. No te desarraigaste, y quizás ni Buda podrá ayudarte.

El odio que sientes lo confirma.
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::El Impío::

::Carta Tiempo::


Triaje de una discordia que emerge nuevamente hasta la conciencia mediable de las acciones intencionadas sobre la oscuridad de las letras. Una razón se pinta entre tantos pensamientos, las cabezas chocan entre sí, poco a poco se dilata el teclado, y el brillar ciega con continuas sábanas una soledad que ahora no existe, que si bien es exigida, se necesita, pues aquí en los rincones de las cabezas sumadas, las ya mencionadas dos veces, sustraídas de un matorral chorreante, blanco, con poros y entelequias desparramados entre la avenida dieciséis y la cuarenta y cuatro, suben al vino de las ruedas y chocan entre las opiniones de la lógica al ver que engorda la masa corporal, para asumir la forma de la postura envidiosa y devorar con cautela los pocos vestigios de estos acordes.

Cada espasmo, es un desespero marchito, cada situación, una oportunidad inquebrantable de los viajes censurados en el calor del aire, que brota con fuerza, súbito volar del fragmento denunciado, ahora quiebra drásticamente hasta la sombra de tu constelación errada, la necesidad de los acentos y la tristeza de tu vejez, en un suspicaz rebatir, canchas y palacios se restan entre sí como un imperio contrayéndose ante la fuerza de dos.

El tiempo cuenta
verdugo de una pasión
el tiempo basta
yo perduro
sobre esta catarata
sobre ciertas disposiciones legales

Tú te extingues como un flagelo, te describen como una historia básica y sin forma, sin fondo, como si hubiese sido escrita por el más barato de los poetas, por el más caucásico de los casos, un sudor que expira ante el vapor de la crítica hasta que la justicia divina –o de otra índole-, pasee entre los cables que se conectan a tu piel, entre las sondas de tu sexo, que te amarran como cayenas al recubierto establecer de la madera barnizada.

Donde me daré el gusto de no verte… y lanzarte una rosa.

Justo en dos.
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AudioPost: Tool - Right In Two.
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::El Impío::

::C. time-plus-heart [Using: Luisa Fernanda]::



Tiempo bastardo, !que ruin cadenas has de tejer sobre las pausas de mis sienes!, clavadas a la melodía de muchas constelaciones arquitectónicas que puestas en escena me muestras con maleficio, el encanto de un esbozo sublime sobre el arco delineante que compone la fisonomía conspirativa de su mirada.

Tiempo bazofia, !que inclemente calumnias mi corazón hasta la nomenclatura de las férreas puntas incluidas en los pedazos que arman a la realidad!, hostil fragancia que inunda todo mi ser hasta convertir mi presencia en el temblar de grandes deudas.

No sé como narrar, lo que mi mente trastorna entre fotografías robadas, pues la sepa de una nostalgia presente en tanto tiempo impide que todos mis documentos constantes se presten al favor de mi voluntad, de mi deseo imperioso, de aquel planear que sobre la línea del puente cruza con elegancia y sin esfuerzo los campos de la libertad, mientras la ventana rodea la sustancialidad de mis confusiones, hijas de la mala viña impresa en el camino del destino.

Ojala me bastaran sobras, me quedase descrito en suaves murmullos, me acomodase conectado a la corriente y dejase ver mis canas caer desde el horno hasta la charca de mis tristes pasiones, de aquél querer, de aquella paráfrasis que muchas veces se repite aclamando “Quizás en otra ocasión, quizás en otra vida, en otra oportunidad, quizás así y aquí podrás consolar tu calor con la esperanza de que en otros tiempos querrás como aquí… quieres querer”.

Como quiero quererte…
___



(Torroba – Luisa Fernanda, Tercer Acto)

«Luisa Fernanda… (Anna Netrbko)
¡Cállate corazón!. ‘Duérmete y calla!
No debe retoñar la hierba mala.
¡Ay, que tendrá el amor, de venenoso,
que cuando más cruel, es más sabroso!
Duérmete y calla.
Que no retoñe más la hierba mala.

Javier… (Ronaldo Villazón)
¡Dichoso el que en su camino de duelos y pesares,
escucha una voz amiga que alegra sus soledades!
¡Felices los desterrados que encuentran en su destierro,
para el dolor de una ausencia, el bálsamo de un recuerdo!

Luisa Fernanda…
Calla, por Dios, Javier, no me atormentes.
Vete, por caridad; déjame y vete.


Javier…
Vengo a decirte ¡adiós!.
Ya es para siempre.

Luisa Fernanda…
Nunca ya te veré. ¡Dios me consuele!

Javier…
Con la esperanza voy, de que aún me quieres.

Luisa Fernanda…
Contra mi voluntad, te quise siempre;
Cuando fuiste ilustre, cuando no eras nadie,
cuando me quisiste, ¡Cuando me olvidaste!

Javier…
¡Subir, subir y luego caer,
la fortuna alcanzar y volverla a perder!...

Luisa Fernanda…
¡Amar, amar, sin dejar de creer,
y venir el amor, cuando no puede ser!...

Javier…
¡Subir, subir y luego caer...!

Luisa Fernanda…
¡y venir el amor, cuando no puede ser!...»
___

::El Impío:: & Torroba.

::En El Quinto Punto::



En estas horas el protagonista es el letargo mental que se refleja en las actividades pendientes, sin sentido, estipuladas en prosas de mal leer, donde los ojos orbitan confundidos hacia la saciedad del vacío, el aire libre y el nerviosismo. La vida pierde sentido cuando más se siente, cuando más tediosa se atreve a ser. Los deseo, los anhelos, todas esas cuestiones sustanciales de la mente humana, interpretadas en señales nerviosas entre la ramificación de los polímetros surrealistas dispersos sobre el pecho, se convierten en una temblor desesperado que denota la intriga y la proliferación corpórea en este universo; como si sencillamente fuésemos una voluntad prestada en la anomalía de hacer lo que fuere y querer otras cosas.

Quizás las fechas programadas sean la esperanza de estas dialécticas. No tanto tales fechas, sino la habilidad de escribir en la neocorteza las mismas utilizando la química de la serotonina, la masa blanca y los demás tejidos. Números, números y más números, ¡no! ¿Hasta cuando? ¿Hasta qué día será el día en que supuestamente la realidad se transformará en los pajaritos preñados que criamos?

Cualquier elocuencia se ve amenazada ante el efecto militar que crea la obligación de tener que cumplir un deber, de tener responsabilidades en la sistemática morfología del desenvolvimiento social, no existe monstruo peor que la retroalimentación de la vida social bajo el yugo de la creación artificiosa, no existe peor animal, peor brutalidad que el resultado abrupto de tantos materiales sintetizados en una serie de componentes que trabajan en conjunto para cumplir un fin, un supuesto fin.

Quisiera que esta excusa se forjara hacia mi sentir, así, poder extender más allá de mis pensamientos la metamorfosis de mi alma hacia un lugar donde el movimiento sideral sea la consecuencia dictada del resumen caótico, así los números tendrían sentido, así pensar sería de completa nulidad pues con solo cumplir ciertas reglas básicas, me desintegro entre el espacio-tiempo mientras nos expandimos hacia otra dimensión donde a lo mejor, esta historia vuelva a comenzar para volverse causalmente el siempre jamás.
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AudioPost: Radiohead - House Of Cards.
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::Ed & El Impío::

::Exógeno::


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<--!--//////////@ Reemitido; Mi Venganza (EmiF IzQ).-->
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Referencias e inventarios estructuran en la arquitectónica neuronal, un sendero que se cruza con muchos designios alegóricos a un pensamiento retraído que se atreve consecuentemente a forzar la capa protectora de la masa negra que retiene toda probable posición humana. De igual forma, el análisis transcribe a todas las posibilidades enfilándolas en el asfalto techado que pernota y explota dentro de la recamara, estimando las palpitaciones del habla como luminiscencia especifica para que la chispa obtenga su señal de ataque.

Así el psiquismo se corrompe, mientras que a la vez se ceba de la esperanza plástica que varios componentes como; un circulo rotatorio, un cable de cierto milimetraje y la dermis, sustraen al implotar hacia la real consecuencia del minutero.

Es por eso que se hace este diagnostico.

Porque cada vez que conspira todo un movimiento causal, curvo y ovoide, el rescate de la demencia pretendiente se postula como el remedio de nexo al maleficio intrínseco para desenterrar la viga transversal de la anomalía bordada, incorporables a los papeles rayados de tinta moderna, sosegados al filo de la discordia que se atreve a cumplir el rol de la navaja entre la V del sistema y la carpeta inicial.

Todo para saberse atrapado, marchito y rival, razón fiel para buscar sin justificación, una salida radical, tenue, e inesperada.

“Vuelve al mar, al desacuerdo, a la palabra prometida y a la vez olvidada, saca tus cuentas, asocia los hechos, busca las consecuencias ajenas y hazte de tenacidad para conquistar el mundo que me prometiste ver”.
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::El Impío::

::Sin Título; Sección A::



Empezar, empezar, empezar... !Jum! Insisto en las vicisitudes de la vida, en sus complicaciones cotidianas, en ese condicionamiento que en definitiva significa la asignación de tareas programadas, dispuestas en una cola inmensa e interminable de esclavitud; de nosotros mismos, de los que nos acompañan, de todos aquellos a quienes no conocemos, quienes comparten un tabique, un trozo de madera, un pedazo de plástico, una joya de metal pintada de negro y dispuesta entre las ruedas que se estancan con el peso de la indignidad, de la discordia, de la inconformidad. Ojala se tratase tan solo de eso: de inconformidad, de infelicidad. !Qué simple sería! Pero se trata de una afección compleja que implica la consistencia del dolor mental, la retahíla de verte con las manos amarradas !pero a la vez libres! Sujetas a la voluntad de retóricas manifestaciones confusas que provienen claramente de quien anda por allí sin pensar, tan solo actuando, dejándose llevar consecuentemente por sí mismo.

!Oh, qué cosa tan peligrosa! Si supiésemos como administrar nuestras vidas -o mejor dicho, si no supiésemos-, no nos hundiríamos en este sofisma de vernos sonrientes y expuestos mientras andamos sin mirar arriba, un pie adelante y otro lo sigue, una mano para arriba y la otra la copia, entre la laguna sublime de ésta quejadera odiosa que no cesará hasta que la ceniza arremangue el caudal del río, lago o mar que hayas escogido previamente, para ahogarte hecho polvo, y soltarte de aquí, sin merito.
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::El Impío::

::Declaración I::



Me declaro enemigo de la industria farmacéutica; de toda. Incluyo en mi enemistad hacia dichosa industria, los expendios, las droguerías, los visitadores médicos, los publicistas, pero por sobre todo, el aprovechamiento de conocimiento versus la necesidad de progreso y éxito humano, en conjunción con los ensayos clínicos versus el aprovechamiento de los pacientes del tercer mundo para tales prácticas.

Soy apolítico, más por tanto, deseo elevar tal categoría: Me declaro enemigo de los gobiernos, de todos, sin excepción geográfico, género y proyección histórica.

Me declaro enemigo de la jerga maracucha.

Declaro a Cabimas como ciudad no grata para mí.

Me declaro enemigo de la música vallenata, y toda música del populacho.

Más por esto no me declaro enemigo de los gentilicios; me considero hiperempático ante la gente pura, y por tanto me siento en la obligación de respetar sus gustos, por tanto en las críticas a los géneros sociales, exento el factor humano-espectador-diletante de mis ataques.

Me declaro enemigo de la inconsistencia; y héroe de la perseverancia.

Declaro a la mentira corporativa como infecciosa y mal intencionada.

Y declaro al universo como mi hogar.
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::Ed & Impío::

::No Soy Poeta::




No soy poeta. Eso es algo que necesito aclarar desde hace un tiempo ya. Existe cierta confusión en cuanto a mí, en cuanto a lo que soy pero más que todo, en cuanto a lo que deseo. Por esto, hoy me voy a valer del medio que quizás, sea el único que me queda en mi existencia para aclarar ciertas cosas, aunque sinceramente, no se trata de explicarle a un público o estimar excusas ante un tribunal compareciente, se trata de reafirmarme a mí mismo, a través de éste “bendito” medio, algo que me está molestando.

No soy poeta; sigo insistiendo que es una cuestión de gusto, más allá de un placer, un deber o un “talento”. Muchas veces caigo en la retórica de no saber por qué escribo, por qué insisto en plasmar una serie de imágenes inventadas… ¡sumamente nostálgicas! Entre parágrafos estudiados predeterminadamente, intencionando rimas para que se luzcan sobre el papel. A lo mejor sea una sujeción psicótica, un mal del hemisferio derecho, tan deseoso siempre del dominio consciente.

No soy poeta, ni me gusta serlo (ni pretendo hacer poesía). Todo aquí conspira en mi contra, todo aquí me asesina agobiantemente; todo aquí se presta a evidencia que exige un veredicto, y ese veredicto radica en la naturaleza pensante de que estoy mintiendo, porque hago algo; hago esto, ¡hago aquello!, hago lo otro y a la final, resumo cuentas en la misma doctrina, en la misma esquina, en la misma calle donde todos me atrapan, pues, no sirvo para la poesía (ni quiero servir). Piénsenlo (o más bien, lo pensaré), los poetas van pregonando sabiduría por las calles, yo sólo me quejo de mis incomodidades. Los bohemios, los profundos, los “románticos”, estiman cualquier cosa y la vuelven prosa, hacen con frases hermosas fragancias femeninas, estigmas del amor. Se bastan de palabras preciosas, de muchas consideraciones imaginativa, se creen incomprendidos y publican su pasión por doquier. Mientras yo, soy sólo un sujeto, amarrado a un sistema científico y social, y por tanto ¡no pretendo ser poeta! Pues se puede decir que hasta odio a la poesía, así que me concentro en trabajar.


Los poetas no tienen deudas económicas. Los poetas no pelean con su mujer. No tienen hijos, y si los tienen, no los educan, pues su poesía es tan buena que los niños crecen solos. Los poetas van a París. Los poetas no necesitan trabajar, pues ellos no necesitan dinero. No pagan la factura de luz, el teléfono… ¡ni siquiera la internet! No van a universidades, y si van, pues; será a recitar poesía, será a ganar premios o a dormir en las plazas de las ciudadelas. Los poetas visten siempre la misma ropa, sus zapatos nunca se rompen, su olor jamás varía. No sudan, no comen (solamente beben [quizás en eso sí nos parezcamos]), tienen muchas mujeres: todas enamoradas de él, y le son fieles. Los poetas van mucho a la playa, cantan por las calles y la gente sienten empatía hacia ellos, paran el tráfico, caminan mucho y jamás andan en carro; conocen todos los lugares, los viejos bares y los rincones históricos, son muy cultos y su manera de hablar es exquisita.

Yo en cambio fastidio a la gente, me canso al caminar y me pierdo en el metro. Pero eso no me molesta porque yo no soy poeta. Yo tengo cosas que hacer, plata que gastar, plata que pagar, comida que comprar y si no me rinde, pues pediré prestado.

No soy poeta, porque lo que escribo es basura. Consideren que escribo porque fui a la escuela y me enseñaron a escribir. Me enseñaron las letras, el abecedario, algunos verbos, muchas palabras nuevas y me recomendaron a los diccionarios. Entonces, si mi madre no hubiese percatado mi educación, si acaso hubiese nacido yo en un país donde no existiesen escuelas, a lo mejor ni escribiera. Hablaría mucho, eso sí. Pero aun así, en lo más al norte de Alaska no tendría con quien hablar, solamente con las focas, perros y algunos osos polares; ellos no me entendería, y quizás no tendría yo necesidad de expresarme, sería mudo en vida.

No soy poeta, ¡pues odio a la poesía! No quiero ser poeta, ni me gusta que me cataloguen como tal. Lo que escribo es malo, fastidioso, ridículo, nada genial y por supuesto ¡Inversamente proporcional a la innovación! Yo solamente lo que pretendo esbozar en versos, métricas y esas cosas metodológicas; cuentos que invento, idioteces atrapadas en mi cabeza que en ocasiones encuentran una vía de escape y se expresan. No estoy loco (los poetas si), porque las locuras se escapan por mis manos hasta el teclado, y como no he intentado escribir con la computadora apagada, pues se guarda lo que decodifico de mí. Así me entiendo un poco, me quito el estrés. Esto es igual que jugar tenis, que tomar cerveza, que ver la tele. Es la misma idiotez. Tiene el mismo fulano sentido; escapar… escapar, ¿a dónde? No lo sé, pues, si lo supiera, de seguro sería poeta.
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AudioPost: Doves – The Man Who Told Everything / Dave Gahan – Saw Something.
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::Ed & El Impío::

::Inflexión::


Una vez desperté y vi un pedazo de madera sobre mi ojal, seguidamente volteé, para dejarme seducir por el calor que se extiende en lo ancho de mis pensamientos, pero sin reflexionar, deduje cuestiones casi perfectas, entre las paredes que de veces anteriores se pintaban con el trasfondo de las apariencias, para concebir nuevamente, un entero concepto que menoscaba la inteligencia de mis palabras.

Allí seguía el pedazo de madera ¡Tal vez esperando que le hiciese compañía un trozo de metal! Pues, ¿Por qué no? Si verse en esa especie de escena no ha de limitar la posibilidad de hacerla más bizarra. No hay que negar que habían muchas maneras de complicar aquél momento; algo de música sacra, quizás un olor profundo a jazmín y humedad, acompañado con bruma marina y soledad desquiciada. Pues, no lo sé; solo entiendo que en momentos de tal naturaleza, la posibilidad se sienta en cualquier espacio del realismo inventado.

Pero no me dejé llevar, porque preferí tomar una decisión. Y por supuesto, esa decisión implicaba seguir –y cierto que eso envuelve ciertas cuestiones-, por tanto, con la espalda como barrera; con bostezos sobre mis manos y, almohadas entre mi cabeza, decidí darle marcha atrás al simbolismo, para pasar inadvertido entre mis relevaciones y fundarme completamente en la complexión extrínseca que convoca seriamente a la inmodestia.
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::El Impío::

::La Procesión::

Noli Me Tangere - Bronzino S. XVI (Manierismo)


Creo en dos o en tres veces; donde sucumben los sueños y se reparten las ramas de la carne que embelesan ante el verso de los imposible, igual que los detritos que a veces, exhortan a la vanidad para posarse sobre mis palabras. Y me es imposible, deshacerme de aquél sabor de boca que se concentra en mis caminatas, cuando los intentos se acumulan en el pecho para tratar de manejar la sensación que se conmueve entre las fauces del hambre; quien con hombres y mujeres devasta la retorica de exponenciarse contra el tiempo, esperando que la circunvolución de la memoria se retuerza entre los anaqueles del dolor, para aminoran la probabilidad –o más bien para amortizar el temor-, que supone más de una década esperando que los cordeles se fundan, entre las alas de la california, y los espejos que determinan la fisonomía de la austeridad.

Pasan cinco o seis eventos, todos descritos en un extenso basal de condiciones, que se carcomen como benevolencias, mal dichas a través de las palabras amargas, promiscuas en la clemencia que dos supieron esperar.

Y así se reclina
Estirando sus pies sobre las aguas
Notando como sus uñas
Se erosionan con el pasar de su sangre

Cuando los momentos que quizás fueron de mejor espera; se convierten en la pasión que dos cuerpos no pueden consumar.
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::El Impío::

::El Idealizador::



Sucumben tus palabras en el ahogo de los hijos, donde delirios de grandeza y aquella pasión que has de sentir son sencillas manifestaciones codificadas que se espantan en el espejo que aparece en el medio de tu mente, donde quiebran los fragmentos y permitirte percibir con alta definición los clamores, que sólo tu realidad te brinda y rinde desde la copa alta que levita sin la bendición de las palabras agudas.

Así tal vez imperas en extrañas anomalías, donde cada vez te sacias más, sin saber que el pequeño rebajo de un espectacular sonido se cromatiza suavemente sobre ti para dejar emergentes regiones isquémicas en tus ideales, donde seguramente la perdición agnósica reluce como tambores útiles que entran suavemente por la recamara de las controversias, puntualizando la firmeza que un extraño destino te pinta sobre la casualidad. Quizás internalizar no sea la solución que compete a las condescendencias consecuentes que guijarros de pastel repiten sobre el pómulo banal de una estriada socialidad, donde el réquiem de mis vainas asegura la malversación que se estropea entre los islotes marchitables que salen de coloraciones esponjosas, delineadas en la escalera de la cáscara colgante de aquél panorámico repique; sobrio estruendo que se sintoniza con la poesía pagana que desde los reinos de cristal asumen la indolencia de una situación perdida, para aminorar suavemente la conveniente energía que se desplaza por las comisuras habenulares –ya inexplícitas- como queriendo confirmar que, ésta pendeja esencia es el resultado de muchas especulaciones dactilares sobre la pantalla blanca.

Donde mueres.
Triste y secuencialmente.

Mientras observas por la distancia como la vida se escribe con paradigmas sobre la ventana, donde las reales luces de la confirmación celular aparece para recalcar el inminente criterio que tienes al ser simplemente una gran bazofia homocigótica.
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"Implosión Estelar"

::El Impío::

::Crítica Al Pensamiento Inmuno Deficiente Del Ser Humano Social::



Observaciones sobre la lucha por la vida, y la inminente insensibilidad humana.

Tarde en la noche de ayer conversaba con mi pareja sobre uno de sus pacientes. Actualmente me he acostumbrado a ese ritual nocturno que se convirtió en un requisito indispensable para dormir. Desde siempre escucho y visualizo todos y cada uno de los casos que ella trata, donde algunos sólo me provocan tedio y otros simplemente me conmueven. Desde hace tiempo entiendo su importante papel no sólo en la sociedad sino en la vida misma. Ser médico tiene sus glorias, sus momentos de pasión, sus eternas victorias, sujetas siempre a esa satisfacción particular de saber que le estás salvando la vida a alguien. Le devuelves la esperanza de vida a quien padece y a sus familiares. También tiene sus momentos duros, sus eventos desalentadores, donde el cordel de la vida se deshilacha provocándoles un amargo sentido de impotencia. Pero nunca al punto de estancarlos porque, su vocación los impulsa diariamente al ser conscientes de que siempre habrá quien les necesite.

He entendido a través de éstas conversaciones que existen una serie de códigos éticos para los médicos residentes de medicina interna. Entendí que en los casos que lamentablemente -por su naturaleza- cesarán, ellos colaboran con el paciente para que asuman una muerte tranquila, sin dolor; es decir, mejoran la transición hacia muerte y la hacen menos traumática, tanto para los pacientes como para sus familiares. Pero aunque humanitario, no deja de ser un conflicto para ellos mismos.

He escuchado tantos casos que asumí esa posición de entender que la gente siempre se va, que todos moriremos. A todos nos tocará. Mis creencias me invitan a contemplar cierto respeto hacia los movimientos de la vida, y entre ellos está la muerte, por tanto, saber que hay casos de casos y que existen personas que mejoran la transición en el ciclo de la vida en todos nosotros, me reconforta.

Por otro lado, he escuchado dramas clínicos que inevitablemente me entristecen mucho. Viejitos diabéticos, cáncer, hipertensos con deficiencias cardiacas, entre otros. En ellos a veces el final es predecible, por tanto puedes asumir cierto confort cuando sabes que en los momentos del final de la vida alguien te ayudará a no sufrir cuando te vayas.

Pero el caso que conversamos ayer no reflejaba lo que normalmente inspiran los otros ya descritos. Lo supe cuando noté la desesperación en los ojos de mi compañera. Había en ella un sentimiento de amargura diferente, una cadena interminable de frustración que le ató sus manos con dolor. Por sus reacciones al relatar lo que le tocó vivir… me fue totalmente inevitable no conmoverme de tristeza al saber que en el mundo hay personas que mueren así.


Ello me provocó una inmensa rabia. Una rabia particular que se atascó en mi corazón después de escuchar el relato de la doctora, al verla con lágrimas en sus ojos provocándome respeto y pena al mismo tiempo. Sus labios pesaban la triste experiencia al ésta esculpir en su memoria las imágenes que le tocaron vivir. Sé que la recordará toda su vida, que le quedará como prueba irrefutable de que todo ser humano lleva consigo el valor suficiente para morir con dignidad.

Entre sollozos la doctora describió lo tanto que luchaba por su vida una joven con apenas 5 días de hospitalización en el ala de medicina interna. Una muchacha de 25 años de edad, que por suertes de la existencia portaba el virus de la Inmunodeficiencia Humana; evolucionó al Síndrome en poco tiempo cuando sus linfocitos desaparecieron de su torrente sanguíneo permitiendo la inacción de su sistema inmune que, no pudo proveer defensas contra una infección pulmonar (Neumonía) que contrajo. Su muerte estaba segura, pero la doctora peleó con todo para dejarla con vida antes de soltar su guardia pues, estaba convencida de que a pesar de la magnitud y avance de la infección pulmonar ella podía recuperarse. Su vocación le evitó rendirse, en consecuencia sólo le quedó luchar por su paciente aunque sea por un día más de vida, pero en la batalla tuvo que enfrentar la opinión del médico adjunto de medicina internar cuando éste le ordenó que notificara a los familiares la situación con la paciente pues, según él no resistiría a su destino esa misma noche. Afortunadamente ella se negó ante la postura del adjunto, sosteniendo que lo importante en el caso era curar la neumonía. Estaba convencida de que al erradicar la enfermedad la paciente viviría un poco más.

La joven fue medicada con antibióticos a niveles extremos por no poder desarrollar defensas contra la infección. La inmunodeficiencia retrasaba la acción de los antibióticos, esto no quiere decir que impedía totalmente su trabajo pero cualquier gripe era un alto riesgo. El tratamiento requería más tiempo del habitual para hacer efecto y poder curar la infección (neumonía).

Me dolió el corazón saber que necesitaban entubarla y no pudieron. Debían conectarla a un respirador (ventilador) mecánico para que sus pulmones pudiesen absorber oxigeno (al 100% de pureza para poder absorberlo). Sin la ayuda del equipo era difícil mantener la esperanza en el caso, -por eso la decisión del adjunto. Conseguir tal ayuda en un hospital público para una paciente en esas condiciones es totalmente imposible. La paciente contaba con una póliza de seguros y al saberse, de inmediato se dispuso a remitirla a un centro de asistencia privada, pero todos los que fueron contactados le negaron el ingreso. Los centros clínicos que cuentan con equipos sofisticados para tratar infecciones pulmonares no aceptan pacientes con VIH (mucho menos evolucionados al Síndrome [O sea, el SIDA]) porque asumen que todos morirán. Lo que acabo de decir lo he confirmado en la experiencia de muchos médicos, y al traerlo a conciencia la sangre se me enerva y me enrojece la piel…

El prestigio de los centros médicos privados puede más que los valores humanos… ¡Claro! Es que estos desaparecen ante la frivolidad hacia la enfermedad, hacia el Virus de la Indiferencia Humana (donde el agente infeccioso más peligroso es la estúpida moral).


Los centros asistenciales privados prefieren no ingresar pacientes infectados porque a los inversionistas, propietarios y demás fantoche no les gusta que en sus instalaciones mueran personas de SIDA. Para ellos, la reputación de su centro es más importante, tanto así que alimentan la vanidad de sus pacientes pues, también ellos prefieren encontrarse en un lugar donde no haya “riesgo” de infección con VIH.

En muchos centros hospitalarios estos casos se ocultan a la luz pública, obligando a los familiares a sentir vergüenza, a la vez que alimentan la lujuria y la ignorancia de las personas proliferando la discriminación. Yo me pregunto ¿dónde están los Derechos Humanos, o qué coño es lo que ellos hacen en casos así? ¡Ese comportamiento social solo reafirma la proliferación del Virus! ¡Es una total idiotez envolver con una nube moralista al VIH! ¡Esa neófita confidencialidad de mierda con la que se trata! Ello sólo sirve para encochinar de brutalidad a la colectividad mental. Ello permite que en el mundo las personas mueran así. Ello permite que la industria farmacéutica haga lo que le dé la gana con el mundo. En África se encuentra la mayor población infectada del planeta y es donde menos acceso tienen los cero positivos a los antirretrovirales. Es donde más caro son. ¡Es ahí donde está el negocio!

A mí es ridícula esa “esfera moral” que convierte al mortal VIH en toda una controversia colectiva. Las pasiones moralistas y la desinformación incrementan la proliferación del virus y ensanchan la insensibilidad. Todos dirán lo que dirán, pero estoy seguro de que si el VIH se transmitiese por otra vía que no sea el contacto sexual, la enfermedad fuese menos “chocante”. Nadie se fija que es el esquema del pensamiento moral el que evita que los médicos avancen en el tratamiento de la enfermedad, permitiéndoles garantizar el derecho a la vida a quienes también son seres humanos. Los matices de la moral son una infección tan arrecha que convierten a un cero positivo en un extraterrestre, peor aún; en un condenado.

No puedo entender por qué, en un mundo con tanta ciencia, profesionales de la medicina deben quedarse de brazos cruzados cuando desesperadamente intentan salvarle la vida a un paciente víctima del síndrome de la inmunodeficiencia humana. No me es justo saber, que un corazón de hierro como el de los médicos, tiene que quebrarse a sabiendas que su experiencia y sus estudios terminarán en el callejón de la desesperanza, porque tienen que decirse a sí mismos la frase que tanto odian: “ya no hay nada más que hacer”. Parece que ni la ciencia ni la cultura han podido fundamentar bases sólidas que ayuden a los cero positivos a salvarse, o por lo menos; a morir bien.


Y es que aquí no se trata solamente de un tema de prevención. Se trata del peo moral de las mentes colectivas. Siempre primero la discriminación por delante. Siempre son un puñado en el mundo los que tiene que soportar las etiquetas.

El miedo social es culpable de que una hermosa joven de 25 años, con toda una vida por delante, con una familia que desea verla vivir: caiga bajo el manto negro que no sólo destruye el sistema inmune sino también las esperanzas y la compasión, manchando la historia de su existencia. Hay que darle parte a la injusticia social, al desconocimiento, a la irresponsabilidad moral y el fucking moralismo mismo, pues son ellos los que logran que millones en el mundo mueran de esta forma tan horrible (bajo la demencial opinión colectiva).

Cuando una persona se topa con alguien que lamentablemente padece el virus, de inmediato sus primeros pensamientos recrean una cantidad interminable de prejuicios. ¡Eso le pasa por andar tirando!. Es una pena que a estas altura del calendario romano aún sean los prejuicios los que definan la historia que vamos escribiendo. ¡Sí señor! Son los mismos prejuicios los que evitaron que esa muchacha recibiera atención especializada en una clínica privada. No se le aplicó el tratamiento adecuado, no fue entubada no por el médico tratante, sino por el centro asistencial público que no contaba con el equipo y el centro asistencial privado que no quería ingresarla porque se rayaba su imagen. La gente no vacila para etiquetar. La gente asume sus cochinos pensamientos con placer. No hay forma de racionalizar sin primero sentir morbo. Indistintamente todo desembocará en la discriminación. La gente culpa, entierra y condena desde el primer plano mientras portan una ridícula postura filantrópica tan incongruente por lo que piensan. Son una constante colectividad de edad media.


¡Ya basta de tanto alboroto, de quedarnos ahí mirando! La prevención es importantísima pero no lo es todo. La atención hacia los que ya están infectados lo es quizás aún más. Hay que educar a nuestros hijos, hay que incentivar nuevas posturas del pensamiento para evitar que el virus del VIH siga proliferando en la humanidad en las dos tendientes (infección patológica e infección mental). En vez de estar pendiente de condenarlos debemos sensibilizar la situación incluyéndonos en ella. Hablando no se soluciona el problema, ¡hay que actuar de verdad! Dejemos de juzgar a las personas que por X circunstancia contrajeron el virus. Sólo así podemos erradicarlo de nuestra historia, tomando las acciones correspondientes, deshaciéndonos de los moralismos, extendiendo nuestras manos y obligando a que los gobiernos e instituciones investiguen hasta encontrar la vacuna.

Usted se preguntará a estas alturas ¿a dónde quiero llegar? Yo le contesto diciéndole: sinceramente quisiera que el VIH no fuese una terrible enfermedad mental en la sociedad, que nos impide ayudar a quien lo necesita. El que le hayan cerrado las puertas a una joven de 25 años por padecer SIDA me provoca un amargo dolor tan inexpresivo, que como se dará cuenta es poco a donde me ha hecho llegar. No quiero aquí haberles transmitido “conocimientos de prevención y tratamiento de la enfermedad”, yo sólo quiero que tendamos la mano sin juzgar. Es poco lo que pude haberme dado a entender, pero sé que usted paradójicamente entendió entre tanta habladuría dispersa y fuera de un punto crítico.

Sé que ni convirtiéndome en Honoré de Balzac lograré narrar lo que los ojos de mi pareja vieron en esa guardia, aunque conserve las impresiones del momento, cuando ella le decía “vamos, respira… no te rindas” desesperada, viendo cómo la joven se aferraba a la vida sosteniendo con las pocas fuerzas que aún traía consigo la mascarilla del oxigeno, y respondiendo con dolor: “sí do… doctora… yo… yo… vo, voy a… vivir”. Yo me aferro a la vida porque aún estoy aquí. Aunque tengo tales impresiones en mi cabeza, jamás lo llegaré a reflejar tal cual, y por ésta certeza, sé que ustedes tampoco jamás lo verán… por eso les deseo salud con toda mi alma, agradeciendo que en el mundo hay personas que pueden más que las controversias de la sociedad.

Hoy agradezco a los médicos valientes que contra todo pronóstico no se rinden. Hoy agradezco que sin esos valientes vestidos de blanco, nos sería imposible ver otro amanecer, como el que seguramente hoy vio aquella joven llamada Ana, que no está del todo fuera del peligro de la neumonía y que todos esperamos que salga de ella… y que hoy, aunque a nadie le parezca importante, agradece con todo su corazón que la doctora le haya permitido ayer 27 de mayo de 2008, vivir un día más… antes de bajar la guardia.


Que el Universo los Bendiga a Todos.

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NotasDelPost: El agradecimiento es total y completamente sincero, a todos aquellos profesionales de la medicina que ponen sus manos al fuego con tal de permitir que la algunos tengan otra oportunidad para comerse un helado y para echarle la bendición a sus hijos. Sin ellos no sería posible cierta longevidad en un mundo tan contaminado como éste. Por otro lado, felicito a los valientes que cada día sobreviven y batallan el virus de la inmunodeficiencia humana con ahínco, ignorando a quienes los discriminan injustamente. Les pido a través de éste post –aunque no lo lean- que nunca se rindan, porque siempre, podrán apreciar con mayor valor que los demás los nuevos amaneceres. Por otra parte, más que una Crítica como tal (muy posiblemente no tiene la estructura de las "críticas"), este escrito libre lleva más consigo de lo que realmente aparenta.

AudioPost: Sergei Rachmaninov -|Three Symphonic Poems|- The Rock Op. 7 / The Isle Of The Death Op. 29 / Prince Rostislav (1891).


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"Las Estrellas Se Alcanzan"

::Ed:: y ::El Impío::