Tú muy probablemente no me liberes. Y todo esto que hemos hablado no me sirva para nada. Tendré que labrar historias diferentes, buscar otras musas. O mejor aún, no buscar nunca jamás—como venía haciendo en años—y dejar que mi imaginación encuentre otra prácticamente desde cero. Hay tanta música ahí afuera, millones de partituras regadas sin descubrir y otras muy bien escuchadas, como para creer que el altar de la creación necesita de un paréntesis con caderas y piel que te invite a escribir. Todo ha sido lento, cuidadoso y preciso, justo también y además, sincero; pero no llega a nada. No tiene un camino siquiera, no pensemos entonces que hay un final. Alguna vez nadé en un lago al que a leguas llamé inverosimilitud y entre los soplos de la brisa llegué al otro lado de éste donde la costa de lo verosímil me confirmaba que todo había terminado, y más que eso, que jamás había existido. No fue nada. Sólo un nado desesperado. Un journey solitario de una mente y un cuerpo que viven para crear historias.
Personajes. Momentos. Y nada más.
___
El Impío.





