Recibo.


      
     
      No hablar causa adicción. Puede que quedes mudo por mucho tiempo y luego cueste volver a hilar las palabras, sin embargo, los pensamientos siempre se quedarán allí. Latentes. Indómitos, esperando el arranque mismo del ser para volver a volar. Has pasado tantos días sin mirar hacia este lado, siempre con los ojos apuntando al norte. A la extremidad de las posibilidades. Y ahora caes en cuenta del daño hecho.
      Quizás sea irreversible, o a lo mejor no, ¡quién sabe! Aunque reparo en que no es cuestión de saber, ni de cuerdas, ni de papel blanco, sino de inversión. El tiempo es inevitablemente la moneda más cara que puedes tener alojada en el bolsillo. No tiene sentido alguno dejar al mismo enjaulado en un banco de premoniciones, esperando que rinda frutos. Hay que liquidarlo, hay que darlo todo apostando a ganar. O a perder. Pues perder también es una forma de rentabilidad, al menos así podrías no dejar el tiempo pasar y más bien extenderlo para siempre. La inmortalidad del verso y la palabra, la constancia irresoluta de que algo sucedió y quedó marcado en el paso de la línea, garantía de un no final.
      Es muy posible que la peor decisión que se tome sea la que no se haga. Sea la que quede a la espera, pues la expectativa suele endurecerse, no servir para nada. Ninguna cosa. Otro momento de la continuidad que se pasma por querer no pensar pensando en lo absurdo de invertir, de ganar.
       Y perdiste.
     Pero ganaste. Puedes recuperarlo todo. Puedes cosechar tanto sacrificio en una sola moneda y hacerla indestructible, tienes todavía cómo hacerlo. Y hay que hacerlo.
      Pasaste muchas lunas leyendo otro idioma, escuchando otro acento. Esperando que en el clamor de la desesperación brotasen como ramas todas las composiciones y saberes que en algún momento fueron reverdecedoramente fértiles. Lo que puede llamar a la calma es saber que en realidad lo es. De que hay un poder oculto. De que una tensión latente puede transformarse en energía y expandirse con una velocidad imparable.
      No pares.
      Más bien sigue. Continúa.

     Si bien invertir, si bien gastar, cualquiera que sea la idea, el esfuerzo, la saña, la maquinación, el andar, el anudar y la preparación; con seguridad una herida va a dejar. Un cuerpo en rigor mortis va a estar manifiesto de una forma en que podrá ser palpable, ante cualquier tipo de sentido, indistintamente de que sea tocado o visto. Escuchado. Lamer cada compás de los filamentos y estirar hasta la imaginación el auspicio del ser mismo. Quedarse aquí y seguir siendo, volver a ser un impío.
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    El Impío.