
No soy poeta. Eso es algo que necesito aclarar desde hace un tiempo ya. Existe cierta confusión en cuanto a mí, en cuanto a lo que soy pero más que todo, en cuanto a lo que deseo. Por esto, hoy me voy a valer del medio que quizás, sea el único que me queda en mi existencia para aclarar ciertas cosas, aunque sinceramente, no se trata de explicarle a un público o estimar excusas ante un tribunal compareciente, se trata de reafirmarme a mí mismo, a través de éste “bendito” medio, algo que me está molestando.
No soy poeta; sigo insistiendo que es una cuestión de gusto, más allá de un placer, un deber o un “talento”. Muchas veces caigo en la retórica de no saber por qué escribo, por qué insisto en plasmar una serie de imágenes inventadas… ¡sumamente nostálgicas! Entre parágrafos estudiados predeterminadamente, intencionando rimas para que se luzcan sobre el papel. A lo mejor sea una sujeción psicótica, un mal del hemisferio derecho, tan deseoso siempre del dominio consciente.
No soy poeta, ni me gusta serlo (ni pretendo hacer poesía). Todo aquí conspira en mi contra, todo aquí me asesina agobiantemente; todo aquí se presta a evidencia que exige un veredicto, y ese veredicto radica en la naturaleza pensante de que estoy mintiendo, porque hago algo; hago esto, ¡hago aquello!, hago lo otro y a la final, resumo cuentas en la misma doctrina, en la misma esquina, en la misma calle donde todos me atrapan, pues, no sirvo para la poesía (ni quiero servir). Piénsenlo (o más bien, lo pensaré), los poetas van pregonando sabiduría por las calles, yo sólo me quejo de mis incomodidades. Los bohemios, los profundos, los “románticos”, estiman cualquier cosa y la vuelven prosa, hacen con frases hermosas fragancias femeninas, estigmas del amor. Se bastan de palabras preciosas, de muchas consideraciones imaginativa, se creen incomprendidos y publican su pasión por doquier. Mientras yo, soy sólo un sujeto, amarrado a un sistema científico y social, y por tanto ¡no pretendo ser poeta! Pues se puede decir que hasta odio a la poesía, así que me concentro en trabajar.

Los poetas no tienen deudas económicas. Los poetas no pelean con su mujer. No tienen hijos, y si los tienen, no los educan, pues su poesía es tan buena que los niños crecen solos. Los poetas van a París. Los poetas no necesitan trabajar, pues ellos no necesitan dinero. No pagan la factura de luz, el teléfono… ¡ni siquiera la internet! No van a universidades, y si van, pues; será a recitar poesía, será a ganar premios o a dormir en las plazas de las ciudadelas. Los poetas visten siempre la misma ropa, sus zapatos nunca se rompen, su olor jamás varía. No sudan, no comen (solamente beben [quizás en eso sí nos parezcamos]), tienen muchas mujeres: todas enamoradas de él, y le son fieles. Los poetas van mucho a la playa, cantan por las calles y la gente sienten empatía hacia ellos, paran el tráfico, caminan mucho y jamás andan en carro; conocen todos los lugares, los viejos bares y los rincones históricos, son muy cultos y su manera de hablar es exquisita.
Yo en cambio fastidio a la gente, me canso al caminar y me pierdo en el metro. Pero eso no me molesta porque yo no soy poeta. Yo tengo cosas que hacer, plata que gastar, plata que pagar, comida que comprar y si no me rinde, pues pediré prestado.
No soy poeta, porque lo que escribo es basura. Consideren que escribo porque fui a la escuela y me enseñaron a escribir. Me enseñaron las letras, el abecedario, algunos verbos, muchas palabras nuevas y me recomendaron a los diccionarios. Entonces, si mi madre no hubiese percatado mi educación, si acaso hubiese nacido yo en un país donde no existiesen escuelas, a lo mejor ni escribiera. Hablaría mucho, eso sí. Pero aun así, en lo más al norte de Alaska no tendría con quien hablar, solamente con las focas, perros y algunos osos polares; ellos no me entendería, y quizás no tendría yo necesidad de expresarme, sería mudo en vida.
No soy poeta, ¡pues odio a la poesía! No quiero ser poeta, ni me gusta que me cataloguen como tal. Lo que escribo es malo, fastidioso, ridículo, nada genial y por supuesto ¡Inversamente proporcional a la innovación! Yo solamente lo que pretendo esbozar en versos, métricas y esas cosas metodológicas; cuentos que invento, idioteces atrapadas en mi cabeza que en ocasiones encuentran una vía de escape y se expresan. No estoy loco (los poetas si), porque las locuras se escapan por mis manos hasta el teclado, y como no he intentado escribir con la computadora apagada, pues se guarda lo que decodifico de mí. Así me entiendo un poco, me quito el estrés. Esto es igual que jugar tenis, que tomar cerveza, que ver la tele. Es la misma idiotez. Tiene el mismo fulano sentido; escapar… escapar, ¿a dónde? No lo sé, pues, si lo supiera, de seguro sería poeta.
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AudioPost: Doves – The Man Who Told Everything / Dave Gahan – Saw Something.
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::Ed & El Impío::
No soy poeta; sigo insistiendo que es una cuestión de gusto, más allá de un placer, un deber o un “talento”. Muchas veces caigo en la retórica de no saber por qué escribo, por qué insisto en plasmar una serie de imágenes inventadas… ¡sumamente nostálgicas! Entre parágrafos estudiados predeterminadamente, intencionando rimas para que se luzcan sobre el papel. A lo mejor sea una sujeción psicótica, un mal del hemisferio derecho, tan deseoso siempre del dominio consciente.
No soy poeta, ni me gusta serlo (ni pretendo hacer poesía). Todo aquí conspira en mi contra, todo aquí me asesina agobiantemente; todo aquí se presta a evidencia que exige un veredicto, y ese veredicto radica en la naturaleza pensante de que estoy mintiendo, porque hago algo; hago esto, ¡hago aquello!, hago lo otro y a la final, resumo cuentas en la misma doctrina, en la misma esquina, en la misma calle donde todos me atrapan, pues, no sirvo para la poesía (ni quiero servir). Piénsenlo (o más bien, lo pensaré), los poetas van pregonando sabiduría por las calles, yo sólo me quejo de mis incomodidades. Los bohemios, los profundos, los “románticos”, estiman cualquier cosa y la vuelven prosa, hacen con frases hermosas fragancias femeninas, estigmas del amor. Se bastan de palabras preciosas, de muchas consideraciones imaginativa, se creen incomprendidos y publican su pasión por doquier. Mientras yo, soy sólo un sujeto, amarrado a un sistema científico y social, y por tanto ¡no pretendo ser poeta! Pues se puede decir que hasta odio a la poesía, así que me concentro en trabajar.

Los poetas no tienen deudas económicas. Los poetas no pelean con su mujer. No tienen hijos, y si los tienen, no los educan, pues su poesía es tan buena que los niños crecen solos. Los poetas van a París. Los poetas no necesitan trabajar, pues ellos no necesitan dinero. No pagan la factura de luz, el teléfono… ¡ni siquiera la internet! No van a universidades, y si van, pues; será a recitar poesía, será a ganar premios o a dormir en las plazas de las ciudadelas. Los poetas visten siempre la misma ropa, sus zapatos nunca se rompen, su olor jamás varía. No sudan, no comen (solamente beben [quizás en eso sí nos parezcamos]), tienen muchas mujeres: todas enamoradas de él, y le son fieles. Los poetas van mucho a la playa, cantan por las calles y la gente sienten empatía hacia ellos, paran el tráfico, caminan mucho y jamás andan en carro; conocen todos los lugares, los viejos bares y los rincones históricos, son muy cultos y su manera de hablar es exquisita.
Yo en cambio fastidio a la gente, me canso al caminar y me pierdo en el metro. Pero eso no me molesta porque yo no soy poeta. Yo tengo cosas que hacer, plata que gastar, plata que pagar, comida que comprar y si no me rinde, pues pediré prestado.
No soy poeta, porque lo que escribo es basura. Consideren que escribo porque fui a la escuela y me enseñaron a escribir. Me enseñaron las letras, el abecedario, algunos verbos, muchas palabras nuevas y me recomendaron a los diccionarios. Entonces, si mi madre no hubiese percatado mi educación, si acaso hubiese nacido yo en un país donde no existiesen escuelas, a lo mejor ni escribiera. Hablaría mucho, eso sí. Pero aun así, en lo más al norte de Alaska no tendría con quien hablar, solamente con las focas, perros y algunos osos polares; ellos no me entendería, y quizás no tendría yo necesidad de expresarme, sería mudo en vida.
No soy poeta, ¡pues odio a la poesía! No quiero ser poeta, ni me gusta que me cataloguen como tal. Lo que escribo es malo, fastidioso, ridículo, nada genial y por supuesto ¡Inversamente proporcional a la innovación! Yo solamente lo que pretendo esbozar en versos, métricas y esas cosas metodológicas; cuentos que invento, idioteces atrapadas en mi cabeza que en ocasiones encuentran una vía de escape y se expresan. No estoy loco (los poetas si), porque las locuras se escapan por mis manos hasta el teclado, y como no he intentado escribir con la computadora apagada, pues se guarda lo que decodifico de mí. Así me entiendo un poco, me quito el estrés. Esto es igual que jugar tenis, que tomar cerveza, que ver la tele. Es la misma idiotez. Tiene el mismo fulano sentido; escapar… escapar, ¿a dónde? No lo sé, pues, si lo supiera, de seguro sería poeta.
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AudioPost: Doves – The Man Who Told Everything / Dave Gahan – Saw Something.
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::Ed & El Impío::











