Billy Budd - Teatro Municipal de Santiago de Chile | 2013 (no sé quién tomó esta fotografía).
-----No he tenido la suerte de leer las memorias del Capitán Nelson, más sí las referencias que Herman Melville hace en su novela Billy Budd al respecto. De la misma forma—confesando que tampoco he leído este otro libro—una que otra mención en la película Master and Commander basada en la obra de Patrick O'Brian, me motivó a echar una mirada rápida en Wikipedia. Sinceramente encuentro interesante la osadía de haber enfrentado a la flota completa de Napoleón y haberse consagrado como el más grande estratega naval, glorificando la supremacía inglesa en la guerra armada sobre las aguas.
-----Más con esto, no siento una atracción total hacia el hecho armado. Hacia los disparos de los cañones y la exactitud de la historia, pues Melville en su novela Billy Budd—sinceramente y en mayor forma Benjamin Britten con la ópera homónima—me mostraron un universo complejo en la vida del mar que, para estos tiempos quizás pasa desapercibidos. El que doscientos hombres estén conviviendo con fines comunes o no en una embarcación de madera que depende de ellos en todos sus aspectos, muestra una perspectiva ineludible en el efecto que dicha experiencia afecta sus mentes. Desde las creencias hasta las costumbres, los marineros chocan entre sí muchas veces de forma involuntaria, como si estuviesen condenados a un infierno temporal. Atrapados en sí mismos dentro de un círculo de otros mismos hechos comando dentro de una estricta jerarquía.
-----En las novelas de Melville existe un duro énfasis hacia las obsesiones y, del otro lado del tema, la complejidad de la relación política en el mar. En las de Conrad, se encuentra la transformación de la naturaleza humana, pero habiendo sido éste escritor marinero, creo que no conserva mucho esa línea sensorial de tener a la mar en la piel. Posiblemente sus experiencias lo hayan obligado a mantener la escritura lejos de esos predios, concentrándose así en los diálogos y en la perspectiva de una primera persona. Algo que definitivamente no se encuentra para nada en las notas de sus diarios. También está Patrick O'Brian y muchos otros, quienes han logrado entablar en sus trabajos la fuerza dentro de las peleas de poder en los hombres. Y no obstante, aunque pareciese que en la ópera lo hizo muy bien Benjamin Britten, es otra vez Melville el que me parece mostrar con mejor lente esta compleja convivencia.
-----En Billy Budd se trastean la represión de la sexualidad, la homosexualidad misma, la religión y las supersticiones, en contraste con la jerarquía y las líneas de comando de la embarcación. En los diálogos de sus personajes—especialmente los que tienen rangos de Capitán—la palabra "monarquía" o "reinado" es común. Los altos mandos esbozan en sus camarotes las virtudes del poder dentro del esquema que permite la monarquía. La palabra "motín" por ejemplo está prohibida para cualquier persona que no posea clase semejante, y sin embargo ellos mismos la mencionan en voz baja. Son más de doscientos cincuenta hombres que tienen que izar velas, mantener la higiene, cocinar, cargas las armas, vigilar el mar, achicar la quilla interna, revisar la navegación, lavar la ropa, dormir, cagar, comer, orinar... y un sinfín de actividades que, paradójicamente son muy delimitadas pues, no mantienen a los marineros limpiando cada quince minutos la cubierta arrodillados en ella mientras frotan trapos y tacos de palo sobre la madera nada más por eso. Lo que menos interesa es la limpieza, pues es más representativo el tiempo libre que no deberían tener que cualquier otra cuestión. El ocio es la hambruna de la anarquía en altamar. Y ellos lo saben. Pero más lo saben quienes los gobiernan.
-----Para aquellos años, en Billy Budd los personajes fueron más allá al hacer un baremo entre la monarquía en el mar y el rey de Inglaterra. A su vez, hacen una crítica (que a lo lejos se ve motivada por el miedo y la paranoia); de la decapitación de Luis XVI en Francia. Asumen odiar a los franceses y el patriotismo ayuda a mantener a los hombres concentrados en la tarea de conquistarlos, aniquilarlos, y evitar así la suerte de pensar entonces en llevar ellos mismos a sus reyes hasta la guillotina.
-----Para muchos de nosotros (y hasta matemáticamente) todos los hombres son iguales, pero acá por obligación unos tienen que ser más iguales que otros. No está permitida la igualdad, dicho sea de paso. Los insaciables capitanes se condecoran a sí mismos como reyes dentro del mar. Representan a Inglaterra. El barco es considerado siempre un pedazo de tierra, similar a como en las memorias de Nelson, entonces, bajo este espectro, toca pulir el piso e izar las velas, mientras los maestros de armas, soldados y otros vigilan a los marineros recordándolas con azotes cada quince minutos que están a bordo de una nave de guerra. Lo cumbre de todo esto es que los personajes que desarrollan personalidades y trastornos profundos y complicados, son precisamente los mandos altos. En la novela que tomo como ejemplo, es el maestro en armas el que inquiere una trastornada represión que lo obliga inclusive a condenar su atracción sexual hacia otro hombre ofrendando por resolución el deber de conseguir su desgracia. El personaje ha pasado muchos años en el mar, él mismo lo dice, y de ahí su odio. No es conveniente maldecir al barco directamente. Se considera de mal agüero. Por tanto, con exclamar "what a ship!" es más que suficiente para entender qué tan reprimido puede estar un hombre así al encontrar un nuevo recluta que muestra una exuberante juventud de lado de una belleza única y un carisma irreprochable que, en la adaptación de Britten, canta a todo pulmón su renuncia a los derechos del hombre (la embarcación a la que antes pertenecía se llamaba The Rights of Man, en honor a Thomas Paine).
-----No dejo de pensar que son muchas personas encerradas en una cárcel que flota. Todo esto me invita a reflexionar con aquella vida que parece de papel. Parece una mentira. Reclutas de la deriva, el frío y la sal, navegan por horas y cambian su guardia para mirar un océano que parece no terminar. Duermen por seis horas en hamacas sucias y percudidas mezcladas entre todos los olores posibles que pueden existir en un ambiente así. Joseph Conrad en Heart of Darkness describe la experiencia de un viaje por aguas más calmas, dulces; y por ende, indomables. La novela es una recopilación demasiado cruda y demasiado gráfica de las experiencias vividas por los colonos y los aborígenes del África meridional. El Congo se muestra salvaje, inclusive, uno se puede perder leyendo la crudeza del mismo y olvidar completamente que se trata de hombres blancos que crecieron en un país con un clima distinto, de cuatro estaciones para variar, sin selvas húmedas y sin insectos, y siendo todos homogéneos en un claro color de piel. Conrad describe el salvajismo desde un mismo estado salvaje en los personajes y el lector puede extraviarse sin reservas en ese viaje. Los marineros de agua dulce siempre han sido considerados como hombres débiles, brutos y flojos, y aunque el escritor no haya sumado créditos para ellos, demuestra otra naturaleza humana que por excelsa es quizás más compleja que los hombres del mar. ¿Acaso en un río no se pueda perder tiempo puliendo una cubierta?, pues la predisposición hacia lo desconocido, hacia lo que no es común para los peregrinos (colonizadores, en el más estricto orden peyorativo) los obligue a mantener los ojos abiertos y las armas apuntando a la nada en la selva. Un océano verde inconquistable en el siglo XIX.
-----Las sumas de singularidades parecen fagocitarse entre sí. El racismo, la barbarie, el derecho a asumir inconscientemente que una especie o una raza es superior a la otra (así como también un género) se pierden en lo absoluto de la ignominia y los que alguna vez se consideraron civilizados terminan siendo inciviles, salvajes. Hombres armados, peligrosos, criaturas que parecen depredar por placer aunque no sea así ya que todo radica en un miedo basal, primitivo, mientras surcan los canales de un río. El océano—comparándolo con un mundo así—parece ser más noble. Más político. No cabe en mi cabeza la idea de un motín en un vapor cruzando el río, sin embargo, el Capitán Marlow por un momento entra en un lapso de la razón y observando hacia la cubierta de la embarcación, recuerda que en la misma tripulan cinco hombres blancos junto a veinticinco hombres negros. Inevitablemente hace una pequeña revista y cuestiona por qué los últimos hombres hijos de esa tierra al parecer—y según ellos—indómita, no hacen nada para desarmar, matar y devorar a los conquistadores que cruzan las aguas del África profundo disparando a cuanto aborigen aparezca frente a ellos, mientras puedan disfrutarlo y mientras generan una cantidad impresionante de excusas y razones para hacerlo. “Exterminate all the brutes!”. Escribirá más adelante en una especie de tratado improvisado y mediocre Mr. Kurtz después de haber sido tragado por su propio ego y su desconocimiento completo de la diversidad humana.
-----No obstante y después de todo Melville también describió lo mismo aunque, claro está, utilizando una metáfora. Alguna vez hemos oído hablar de la ballena blanca (white sperm whale) que en un episodio relatado destroza la embarcación del Capitán Ahab y se come una de sus piernas. Novela muy compleja de por sí, tediosa para muchos. Para aquellos que no podrían alcanzar la paciencia y reducir los ciclos de vigilia necesarios e inevitables que, en el mar, digamos unos seis meses navegando en lo que parece ser nada más que agua salada, sol y viento, en una estructura diseñada para flotar y resistir pero que depende de la maestría y del trabajo duro de muchos hombres para que se mantenga arriba, se mueva y pueda regresar a casa; inevitable panorama para la reflexión que resolverá sin cuestionamientos en la prosa del escritor. Paciencia, esperar el momento justo. Socavar los confines de la desesperación, superar el ocio y desterrar por completo la abulia de la mente y el cuerpo. Exterminar todo entretenimiento, cualquier estímulo y hacer caso omiso de la distracción. Los hombres pasan más de noventa horas por semana limpiando una misma sección de la cubierta. Tienen prohibido leer; los que son marineros, los que no deben pensar y sólo deben trabajar. Lo único que se permite leer es la Biblia y los mapas. Los altos mandos deberán leer porque no habrá nada más que hacer mientras se navega en época de paz (y de ahí el cliché de que los capitanes adoran a los griegos). Mientras no haya guerra. Por supuesto que se tramarán estrategias, se simularán ataques y se contarán cadáveres en la mente. Qué ironía que cualquier fragata moderna, digamos la que posea una disposición tecnológica inferior, ni siquiera da para esto. Nunca más. Para semejante brutalidad. La tecnología moderna lo derogó.
-----Billy Budd es ingenuo hasta el tuétano y parece ser un joven que no lo importa compartir su tabaco en una embarcación de guerra en la que es un simple recluta. Deseando ser el rey de las aves, muestra su carisma ante hombres que poco a poco van cayendo en los placeres del enigma. Entonces John Claggart, maestro de armas, no puede soportar desearlo. No puede tolerar la idea de tenerlo para sí mismo, para poseerlo. What a ship!, imprecará. Condenará su suerte hacia la suerte del personaje principal y no descansará hasta arruinarlo. El juego del poder en un hombre que casi no tiene poder mientras vierte su furia y la inevitable intriga en otro hombre que representa la libertad en un espacio donde es imposible tenerla. Es tan patético que muere a causa de un empujón. La vida en el mar para aquellos años debió ser patética. Billy tartamudeaba, el Capitán Edward Fairfax Vere parecía no tener carácter. Los maestres y contramaestres dependían de sus opiniones y al final, todos envueltos en el frenesí de la convivencia, resolvieron en un motín.
-----No es Melville el que así lo insinúa. En su novela todo termina al favor de la corona. Billy Budd será condenado según el código de guerra, a la horca. Colgará del mástil principal y su cuerpo, específicamente su sombra, caerá sobre todos los hombres que alguna vez lo amaron. Claggart por su parte recibirá el más cobarde de los funerales y su cuerpo pasará al mar. Años más tarde la historia, al favor del poder, al favor del rey y en contra de las insinuaciones francesas y la rebelión, algunas gacetas de navegación lejanas y un vago poema mostrarán la leyenda del marinero más bello que haya existido—según el juicio a la belleza del infame maestro en armas—, como un demonio que renunció a los derechos del hombre y embaucó a sus superiores. Un terrible ser que no debió existir. Un Jonás para O’Brian, un ave de mala suerte que se posó en el timón de una noble nave de guerra. Todo, con el objeto de ocultar la compleja naturaleza de las relaciones humanas en convivencia semejante. Como para que todas las personas que tocamos tierra y que jamás nos alejamos de ella, que desconocemos completamente lo que significa pasar años en altamar rodeados siempre de las mismas personas, los mismos mandos, las mismas leyes, las mismas tareas, nada más extraordinario que otra cosa y nada más cambiante que otro escenario, luchando contra el ocio y la vaguedad, la flojera y la insurrección, jamás lo supiésemos. Quedarse todo como una apoteosis a la vida en las aguas. El honor de aquellos hombres. Como si lo que allá pasó sólo allá mismo pudo haberse sabido y nadie podrá jamás siquiera sospecharlo. Britten entonces, siendo un hombre de música y de tierra, le da el giro respectivo que yo esperaba (comenzando por el cambio que le sucedió al nombre de la nave, pues en la novela se llamaba HMS Bellipotent y en la ópera toma el nombre de HMS Indomitable). Se anuncia el motín. Se revelan los hombres. Nos satisface. El Capitán Marlow de Conrad lo hubiese creído. Le hubiese parecido una resolución obvia. La rebelión como parte de la naturaleza del encierro y las obligaciones, siendo esta anarquía la muerte completa y el hundimiento de una nación flotante.
-----En la ópera, los marinos de la compañía no pudieron soportar la condena hacia Billy. No se aceptó un cambio en la historia hacia el favor del rey. Muere colgado por el código de guerra y los hombres entierran en lo más profundo del mar el barco bajo la ley humana. Bajo la ley de los hombres que renuncian a sus derechos. Aunque evidentemente Britten no lo dijo así, lo insinuó. Yo lo creo así. Termina la infantería apuntando a los marineros, el Capitán y los oficiales extienden sus mano como diciéndoles que se calmen. Las voces van peligrosamente in crescendo y el telón se esfuma para abrir a la imaginación. No habrá una carta ni un poema indicando que Claggart era un santo y que Billy era una leyenda del mar. Fairfax Vere retirado esboza uno que otro recuerdo y se dice a sí mismo que está libre de toda culpa porque las últimas palabras de Billy Budd fueron, precisamente, su bendición. Pero no se dice nada, no se indica qué pasó después. La ley de lo que pasa en el mar se queda en el mar, se santifica y se asoman sospechosamente fragmentos de recuerdos. Memorias y nada más.
-----El mar será siempre el único testigo. El único medio. El que precisamente se tragará todas las pruebas conque las historias mismas querrán erigirse. Nosotros sólo podremos sospechar a través de ellas. Relatos, cuentos, historias que nos narran. Los personajes de Conrad siempre narran. Buscan contarnos sus experiencias desde ellos mismos en el recurso de la primera vista. El primer recaudador de recuerdos y el único que tiene derecho a compartirlos. También Ishmael en Moby Dick y el mismo escritor siendo marinero. No podremos comprobar si lo que nos dicen es cierto. Si están hablando con la verdad. Los capitanes desde su autoridad ostentarán dicho poder para decir lo que sea que haya que decir siempre a su conveniencia. Marlow nunca se mostró a sí mismo como salvaje. Narró el salvajismo de sus compañeros y se asqueó del salvajismo aparente de un África no descubierto que asomaba en su mente. Siempre tuvo la palabra, cuestión inclusive a los que en algún momento le hicieron reclamos. No permitió un cambio en su hilo y llevó el timón siempre. Se dio el gusto de repartir bajo su criterio los papeles que Mr. Kurtz le dejó a encargo tras su muerte utilizando estrictamente su juicio (y por favor, tomen en cuenta bárbara redundancia). Le mintió a la prometida del mismo diciendo que las últimas palabras de Kurtz fueron su nombre, habiendo sido “The horror! The horror!” en lo que parecía ser un miedo descarado para ocultar la verdad. ¿Cuál fue esa verdad? ¿A qué horror se refería, al horror de una tierra que para ellos fue indómita pues no se adaptó en primera forma a sus necesidades y expectativas, o el horror de haberse hecho uno con ello y haberse saciado con carne humana, con la experiencia de dar muerte con sus manos? Marlow nunca lo dijo, y más allá de la rivera nos queda la insinuación de que es mar el que forja la historia y el único que puede decirnos si Billy era o no inocente, si Clarggart deseaba su ruina desde su desesperación, desde sus represiones y desde la necesidad de liberarse de su encierro. Del mar mismo. Y sin embargo el mar no habla. No tiene un lenguaje. No puede expresar en palabras lo que queremos saber y tampoco será el responsable de ése impulso. ¿Por qué queremos saberlo? Una pregunta cínica sin duda, pues podría servir para hacer otra peor: ¿por qué tienen que contarlo? ¿De qué nos sirve el que nos narren historias semejantes? Los deseos humanos, debilidades y depravaciones, tomando acá las palabras de John Claggart, son los que nos obligan a querer domarlos.
-----Es muy difícil discutir sobre la razón de las cosas. Sobre si los objetos, creados por el hombre o no, deberían tener una razón de ser. Es claro que en muchos las hay. Quizás desde el ámbito de las necesidades podamos encontrar las razones por las cuales, una razón tiene un fin de ser. Puedo decir que los hombres en las aguas, para aquellos años, debían limpiar tanto la cubierta para mantenerse ocupados y no pensar en el amotinamiento. Que los capitanes, primeros oficiales y contramaestres, debían mantener distancia para con los mismos con el objeto de no crear un sentido de igualdad entre ellos. La fraternidad es más política, si me lo preguntan. Pues se trata nomás de educadas formas, maneras. Un simple saludo, pero la igualdad es por mucho demasiado complicada como para hacer una aproximación. El código de guerra establecía que ningún marinero podría infligir un daño o en su defecto, muerte, a un superior. Claggart pudo haber abusado o incluso asesinado a Billy y razones para justificarse las hubiese tenido de sobra. Kurtz mostró razones para todos sus actos. Había una justificación tácita, aún, para las cabezas empaladas en estacas frente a su campamento. Aborígenes decapitados, “rebeldes” a los que se les arrancó todo y fueron incrustadas en puntas de lanza para complacer las órdenes de su líder. Para dejar una advertencia de "quienes" son ellos (o en qué se convirtieron), y "qué" son "los otros". Hay evidentemente razones más prácticas; funcionales, para ser exactos. Si no achicas el interior del casco el barco se hundirá. Si no izas las velas no te mueves. Hay tanto que podríamos figurar en esta esfera y sin embargo, siempre quedará un espacio para el secreto o para la insinuación. Para lo que aparentemente un cierto sentido lógico deduce.
-----Los seres humanos, sociales por condición e individuales porque así lo quieren, y pueden; encuentran siempre razones, justificables o no, para lo que sea. Y aunque el océano se las trague todas, es probable que inventemos los viajes y demos espacio a la imaginación, poniéndonos nosotros en perspectiva, como protagonistas, para crearlas. Habrá que revisar las memorias del Capitán Nelson. Supongo que en ellas la historia tiene una base más sólida, fría y ordenada. Pero siendo claro conmigo mismo, no deseo hacerlo. Pues me fascina este enigma inmenso, indomitable, que la experiencia de la convivencia y el aislamiento me permiten sospechar.
-----Más allá quedará siempre el mar y sus secretos.
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"Las estrellas se alcanzan".
Ed J.L.







