Romper la Mesa del Escritor.


The Writer's Desk is a photograph by Debra and Dave Vanderlaan which was uploaded on November 19th, 2013.

     No he escrito en este computador desde que lo compré. Tampoco he escrito más desde hace un buen tiempo, si descarto los correos, mensajes privados, mensajes de texto y otros medios por los cuales todavía me sigo expresando, de cierta manera.
     No es que tenga intención de escribir ahora, sé que lo estoy haciendo. Tampoco tengo intención de no escribir más. Escribir estará en mí siempre, jamás se irá, pero hoy, en este tiempo que momentáneamente será presente, no he estado escribiendo por algunas razones que no sé si explicaré parcial o completamente.
     La primera de ellas fue el sacrificio de casi 5 años para mejorar otro idioma, porque, no sé si ingenuamente, deseo escribir con fluidez en el mismo. Hoy logro explicar asuntos de trabajo, vender, comprar, detallar soluciones, algunas técnicas y otras más cualitativas en esta lengua, pero todavía no domino dicho idioma como para sentirme totalmente confiado y arrancar textos largos, como me es fácil hacerlo en mi idioma materno. La segunda razón en la tierra en donde hoy estoy; una que me provoca ahora una sensación de atrapamiento, como alguna vez me sentí atrapado en mi país natal, desde la adolescencia. Querer salir de acá y volar hacia el norte, hacia un nuevo clima, un nuevo idioma, nuevas formas de desenvolverme profesionalmente, son ahora mi prioridad.
     Las novelas siguen. En este país terminé una en tan solo una semana, y corregí dos ya escritas en mi país, demorando dos semanas en hacerlo. Curiosamente esta tarea se dio al llegar de Venezuela a Chile, exactamente al segundo mes. En donde todavía mis ideas, mi literatura, latía. No es que hoy ya no palpite; no. Sí lo hace, y mucho, pero hay otros factores que me invitan a la calma. Chile no me inspira, debo decirlo, pues es uno de los factores más importantes en este meollo de escribir. No me invita a escribir, más bien creo que hasta me lo impide. Siento que aquí escondo lo que tengo dentro de mí para madurarlo más, pero por sobre todo, para protegerlo. Otro de los asuntos que me han impedido escribir, es el miedo. Sí el miedo. El miedo a que el idioma nuevo corrompa el natal, más el miedo de que el idioma natal, que es en realidad un acento, se transgreda con el idioma con el que hoy me desenvuelvo en un país que no es mío.
     Parece una de las cosas más absurdas que he reconocido en este tiempo, pero es así. Muchas cosas cambiaron, viejas amistades se tuvieron que ir, otras que intentaron entrar en mi vida, del todo no se les concedió ese valor. Sigilo, silencio, protesta, calma y por sobre todo paciencia. Quizás en el norte esto siga o esto cambie, no lo sé, pero si allá el factor tiempo juega a mi favor, volveré a escribir.
     Dentro de toda esta confesión sin sentido, no mencioné que tengo una novela sin terminar que surgió aquí, en Chile. Nació en este país al estar un año en él. Escribí bastante en ella, digamos que la llevo en un setenta por ciento, y me gusta mucho como va, pero tengo más de cuatro años sin tocarla. Esta novela espontanea se saltó la cadena de producción, porque, en Venezuela, traigo una novela que intento terminar desde hace más de 10 años. Curiosamente ese trabajo no es el mismo que escribí aquí al llegar a Santiago, en mi segundo mes de residente temporal. Ése también se coló, pero reconozco que nació en mi ciudad de origen y no aquí. Aparte, hay dos más que están escritas en mi cabeza desde hace un tiempo, y que siguen en espera después de que la otra obra se atravesó sin más en el dos mil trece.
     Las terminaré todas. Estoy totalmente convencido de ello. Alguna vez tuve un miedo idiota de que, si de repente me moría, no las escribiría, pero luego decidí que no me moriría sin antes terminarlas, y así será.
     Hoy decido romper la mesa del escritor que alguna vez construí en mi mente, pues como escritor no se necesitan mesas, sino tiempo y paciencia. Hay muchas cosas de esta vida que todavía tengo que atender y de las cuales necesito endurecer para poder emanciparme de ellas en unos años, pero también estoy aceptando de que si este hilo de pensamiento no es lo suficientemente racional, o realista, deberé aprender entonces a escribir sin emanciparme. Así se dará la letra entonces en un futuro cercano o lejano, no importa. Pero esto está. En cualquier momento, cuando menos lo piense, termino el camino de cebras que comencé hace unos años. Vuelvo a corregir las primeras 3 escritas y termino la que ya tiene bastante tiempo reclamando ser terminada. Así, comenzaré las dos otras hechas en mi cabeza, para luego lanzarme a producir en serio en el segundo idioma hablado.
     Estas cosas, aunque parezcan de azúcar, me motivan bastante. Luego de superar el amargo de creer que publicar sería algo genial, y ahora estar seguro de que no es para nada necesario, pues lo que me mueve es producir, puedo estar tranquilo y hacer trizas la mesa, y de sus astillas, volverlas cenizas para luego soplarlas con mi puño y letra.
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Ed J.L