
Fotografía de @cannibalita
-----Hoy es el Día Internacional del Escritor, y acabo de preguntarme –como si fuese un ser que está fuera de mí y me entrevistase– por qué no he escrito más. Inmediatamente recordé a Susan Sontag.
-----En su ensayo “Estética del Silencio” concebí que es necesario apartarse. La introspección, la contemplación; esas cosas. Madurar las ideas, aislarse de otras o sencillamente refinarlas. Quizás no lo debería decir yo. Debería optar por citar o “dar” una idea de lo que otros han dicho al respecto, por ejemplo: Javier Marías afirma que el escritor debe aislarse de sí mismo, que no es un cliché el tener que encerrarse en un cuarto para escribir, pero también debe encerrarse fuera del mundo para no hacerlo. Cioran opina que toda intención de comunicación es obscena, más en primera forma; escribir. Wittgenstein decía que la filosofía se practica como una forma de arte, esto incluye el exilio.
-----Así, muchos optan por pajas espirituales, búsquedas del yo interno, refinamiento cognitivo y todo ese pocotón de güevonadas que muchos utilizan –como en éste caso lo estoy haciendo yo– para escudarse, excusarse y decir por qué no han escrito y no están haciendo lo que en teoría deben hacer.
-----Precisamente ese no es mi caso. No escribo porque no quiero hacerlo (o no lo siento. Dígame esa mierda de “es que no me baja la musa”. Qué cagada). No me cierro al mundo, pero sí cierro la puerta de mi casa literaria para que no entre a ella el mundo. No me aíslo del mundo en una especie de exilio filosófico que al final resuelve en una depresión humana de lo más patética. Yo sencillamente tranco con llave y protejo lo mío mostrando los dientes. ¿Que por qué lo hago? Es obvio que es mi problema y no es que tenga ganas de compartirlo con alguien, pero, en una escalada de excepción, la respuesta es muy sencilla. Hay que observar el mundo pero no hay que infectarse de él. Hay que sencillamente vivir el mundo, y mientras lo hacemos, tenemos que resolver el bendito problema del sustento, más claramente, cómo hacer para mantenernos. Esto no debe ser un tabú ni mucho menos motivo de vergüenza. Tal vez si no lo fuese, el estereotipo de que los escritores toda su vida serán pobres si sólo se dedicasen a escribir no existiese. Hay que trabajar. Es el nuevo milenio, y si no trabajas no comes. Así de sencillo, sin miramientos y sin eufemismos, pero tampoco ello tiene que ser un problema.
-----Es mentira que una obra literaria se conciba en una oficina de trabajo en ratos libres. Eso es putear a la literatura. Relegarla. También es mentira que en vacaciones terminarás las novelas pendientes. Sencillamente tienes que trabajar, vivir. Hacer todo lo diligente y relativo que implica tales hechos para luego encontrar la fórmula particular de hacer parte de tu sustento la actividad literaria, porque la literatura, las ganas de crear; también debe ser un trabajo. Trabajamos para comer, ¿qué mejor entonces que escribir para comer? Por lo menos en mi caso. Entonces, sin dar vueltas y siguiendo la línea sencilla y clara de esta mierda que escribo, como escritor no permito que todas estas cosas fuera del compendio de la creación y la composición literaria se asomen siquiera a esa parte sagrada de mi ser. El mundo no toca lo que escribo, pues yo (d)escribo el mundo que me rodea.
-----Escribo no cuando tenga tiempo o cuando salte de un trabajo a otro, escribo sencillamente cuando tengo que hacerlo. Esos días en los que tiro todo a la mierda y nada importa. Esos días en los que me alimento de mis propias historias escritas.
-----Tú interprétalo como te venga en gana. Yo al final de todo me entiendo.
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"Las estrellas se alcanzan"
Ed.




