-----Son las siete de la mañana y Julio tiene que abrir el libro. Maldición, otra vez. Esa maldita prosa inentendible, con esa cantidad de horrores ortográficos. Sí, horrores, porque eso es lo que escribe ése hijo de puta.
-----«¿Quién es?», se pregunta, como internalizando la cuestión del conflicto intrínseco. Cosas del trabajo tan temprano. Quizás el primer café de la mañana no es realmente lo que la gente dice. ¡Ah! Es cierto, Julio ya se había tomado ese café. Fue cuando mordía aquellas arepas con huevo, parado en la cocina de su casa. Bueno, la habitación alquilada donde vivía, que estaba dentro de una casa donde vive una vieja culo verde que lo único que hace es joder. Según él. Pues realmente la señora es un amor y no se mete con nadie. Sólo porque vea televisión todo el día no la hace una mala persona.
-----Además, no tiene hijos.
-----Como iba narrando, parado en la cocina de
esa casa. Una costumbre que se trajo de la ciudad de Caracas. Allá la gente acostumbra a comer parada, leyendo el periódico en las miles de panaderías regadas por toda la ciudad. Un marrón y la cuenta; el habitual intercambio de palabras entre clientes y portugueses (ciertamente no todos los dueños de panaderías en Caracas son portugueses, también hay italianos).
-----Ahora son las diez de la mañana y Julio no ha pasado de la página cinco del manuscrito. Dentro de un rato llegará Gonzalo. Sí. Obviamente le preguntará
cómo va eso. Es tan básico como eso del marrón y la cuenta en Caracas.
-----―Éste trabajo es una mierda.
-----¿Pero cuál no lo es?
-----―Julio, Julio… ¡ven acá un momento!
-----No es Gonzalo. Aún no ha llegado. Entonces Julio se levanta de la silla y deja el libro a un lado. Camina recto hasta la oficina de Susana y la ve, otra vez, de piernas cruzadas con el cachito en la mano y el mocachino en la otra. ¿Qué quieres? No. No le hace esa pregunta, pero su mente reprimida la recrea exacta. Considerando los formalismos del ambiente laboral, la saluda como se debe. Un besito en el cachete y ella le aprieta el hombro. No se calla. Habla más que una lora. ¡Sí! Los loros no hablan, repiten. Entonces Susana lo único que logra hacer en su discurso es repetir. Normal, pues uno aprende y repite. Así de simple. ¿Viste la película? Coño, lo que te pierdes.
-----―No puedo. Estoy todavía corrigiendo “Análisis Transdisciplinar en el Contexto de la Práctica Científica”. Me lo llevé pa’ la casa y tú sabes cómo es. Antes de dormir trato de corregir aunque sea dos páginas. Rodrigo me presiona porque ya casi es el plazo para diagramarlo pero tiene que esperarse…
-----O sea, yo no quiero escuchar todos tus problemas pana. Si más bien tiene los propios para contar. Cruza las piernas. Esas piernotas. Todo el mundo en la oficina se la quiere coger. Aunque otros afirman haberlo hecho, pero charadas. Susana decide qué coge. Y sus ojos puestos frente a su corbata no logran delatar la intención. Pero no te pierdas una sola palabra de su discurso. Sé que tienes que terminar una obra que relata la ladilla epistemológica más innecesaria del mundo, y en la mañana, meterle el ojo a la novela de un escritor fantasma que ya es famoso gracias a un premio pantalla que organiza una editora de renombre en el país.
-----Lo sexista fue innecesario pero había que decirlo. A veces los hechos corren a la sazón del azar y uno sólo debe cumplir con contarlo. Claro, tampoco es que esté narrando una escena sexual, fue sólo una alusión a lo que inspira Susana. Julio lo sabe muy bien, pero en su cabeza se asoma la migraña, más cuando se siente incapaz de entender las palabras de esa mujer. ¿Cómo llegaste a ser Jefa de Edición, muchacha del coño? No formula la pregunta. La mira con cierto recelo. No la desea por simple venganza. ¡Claro! Como ella gana una bola de billetes sin hacer nada estando sentada ahí hartándose de cuanto cachito y mochachino se le atraviese, pendiente de echarle todos sus cuentos a quien pase. En especial a quien le guste. Seamos claros. Eso sí me lo permito ser.
-----―¿Vos estáis todavía con
el libro del profesor Ender? ¡Ay Dios, Julio! Gonzalo se está haciendo el loco, pero ahí hay unos cobres. Parece que el viejo va a hacer un viaje a una universidad en España y le van a dar un premio
de esos.
-----Ya lo hizo. Digo, el viaje.
-----Es que ni tiene la delicadeza de reconocer el mérito cuando lo tiene frente a sí. La Universidad de Santiago de Compostela y
ese premio es un doctorado. Se lo ganó el muy hijo de puta por el libro que aún no se ha publicado. El que se llevó Julio
pa’ su casa y del que Gonzalo quiere sacar la tajada. No lo imprimirán en España. El flete desde Venezuela hasta allá le dejará buenos dividendos. El muchacho es hábil. No tiene idea absoluta sobre literatura pero sabe menear el negocio. Ha sido mejor que su padre. Se quitó ese mojón mental de encima, específicamente el que estaba escrito en la política de publicación de la empresa. Ya no
hacemos poemas y novelas, ahora imprimimos de todo. Y nada más y nada menos que nos ganamos un contrato con el Dr. ese en Ciencias Sociales. Dicen que es el más influyente de éste país, pero siempre dicen eso en estos casos. ¿Qué digo? No es así. Me refiero a cómo lo estoy narrando. Es así; logró blindar el contrato de publicación del fulano académico ese y nadie más que su editora lo puede imprimir. Incluyendo en el mundo, en otro planeta y creo que en varias galaxias cercanas también. Sabe que la obra venderá. Hay muchos interesados en ella. Más que todo esos estudiantes que admiran tanto al viejo y que están locos por refutarlo.
-----Gonzalo sí sabe cómo hacer negocios.
-----―Me dijo que iba a aprovechar el primer tiraje de distribución para meter en España la novela de Víctor.
-----Sí. El amiguito de él que cree que escribe
que jode.
-----Se ganó un premio pantalla, pero ya ustedes lo saben. Al menos hice alusión a ello. Por cierto, Susana muestra sus piernas no sólo en la oficina sino en Facebook. El perfil es privado, pero tiene más de mil ochocientos amigos. No es que tenga algo contra ella, pero es de esas mujeres que nomás están pendientes de enseñar las tetas. Sí. De las que suben fotos con ángulos
tú sabes cómo para que se le noten las pechugas. No es sexista. Estoy hablando con la realidad de los hechos. Además es odiosa. Julio bien lo sabe. Además yo soy su creador y sé cómo son mis personajes. Volvamos al punto por favor. Julio regresa a su escritorio, no llegó a nada absolutamente productivo con la supervisora que no lo supervisa. Él está al exclusivo mando de Gonzalo. A sus servicios. Víctor también lo chalequea, pues tiene su novela y la corrige.
-----Una novela absolutamente mala. Lo dice un escritor novel de incognito –ahora “corregidor” de libros de otros– que tiene un blog y una popular cuenta en Twitter pero nadie sabe quién diablos es. Sus seguidores lo
retuitéan y lo
favéan muchísimo, pero cuando se dispone a investigar cómo publicar tan siquiera una de sus novelas, o
esa selección de poemas que todo escritor novel siempre tiene y cree fervientemente que le salvará la patria pero resulta que no lo hace; se deprime. Nadie quiere leer poesía. De hecho, hay muchos ensayos del tipo
epistemológico o digamos, racionalista-científico, que explican por qué nadie quiere leer poesía. Y estemos claros, nadie en Twitter hace poesía, así que el argumento de que sí leen poesía en la red social más famosa según los escritores noveles, es totalmente incorrecto. ¿No? Yo te apuesto que Augusto Monterroso y Gabriel Jimenez Emán sufrirían las mismas calamidades que Julio si tuvieran cuenta en la dichosa red esa. ¡Ponlos en una cuenta Twitter para que veas cómo les acarician el ego pero nadie reconocerá realmente su trabajo! Nomás están pendientes del
retuit y el
fav para ganar más seguidores. En fin. Julio no sabe qué hacer, así que lo único que encontró fue ese trabajo.
-----Corrector Ortográfico. Escribano. Escritor Fantasma. (Eso último no). Algo que se define pero no tiene definición. Gonzalo, Víctor y Susana saben qué es lo que hace Julio; es el tipo con el suficiente sentido crítico y paciencia como para calarse el macán de leer una novela o cualquier otro libro, digamos también que un manojo de letras impresas en hojas tipo carta por montones, para decir sí va o no para el baile, entendiendo que su criterio al final no valdrá nada, pues es Gonzalo el que decide y él sólo tiene que dedicarse a ver cuál palabra está mal escrita o peor; a cual le falta el acento y a cuál no. (¿Ves la ironía? Julio lee éste cuento y corregiría la acentuación de la palabra “cual” escrita después del punto y coma de la frase anterior. Le pondría la tilde en la “a” porque se trata de una interjección. Yo me entiendo).
-----En lo que respecta a semántica, figuras lingüísticas, narrativa y todo lo que implique teoría literaria y sus escuelas, en la editora más famosa de Maracaibo no vale nada. Pues el verdadero valor es si el libro vende o no. Así que Julio se salva de ponerse a escribir ensayos o a hacer análisis técnicos sobre la obra a publicar. Acentos, palabras mal escritas y más nada.
-----Toma otra vez la novela. Página cinco. Gonzalo le escribe un mensaje de texto y el celular se lo avisó hace cinco minutos. «que paso mijo como vays con el libro de ender mira que ya rod necesita diagramarlo por que ay que mostrárselo al viejo, dale ponete las pilas!!!!!!». El coñazo de los errores ortográficos en el mensaje de texto le acentuó la migraña a Julio. Se le dificulta la tarde y le quita las ganas de almorzar. Un muchacho con tanto talento. El Cuervo Mecánico, como le dicen alguno de sus amigos y como le dice también Gonzalo. ¿Por qué él lo sabe? ¡Ah! Tú sabes. Socializaron una vez. Tenía como tres meses en la empresa. Julio es de esos estúpidos que cree que un tipo de negocios como Gonzalo lo iba a ayudar a publicar sus novelas. Pero resultó que
el pana vio tremenda oportunidad para explotarlo.
-----―Dale mijo,
trabajá conmigo.
-----No es un ratón de laboratorio. Es un Cuervo Mecánico. Sabe muy bien moverse por las palabras. Ha leído demasiado y todo lo que pasa frente a sus ojos arma un escándalo. Lo entiende todo. Y como es demasiado inteligente, demasiado sabio; aceptó el trabajo. No tiene plata y no le van a publicar su novela ni la selección de poemas “salva la patria” porque no va con la filosofía de la editora. Tú sabes
papá, esto es un negocio y hay que saber moverse. Recibió una explicación sumamente innecesaria y larga del por qué se llegó a esa conclusión. Hay que hacer un concurso. Hay que tirarte por la radio. Tienes que escribir uno que otro artículo de opinión en los diarios y si no tienes contacto ahí estás jodido. «Trabajá» conmigo porque, yo te pagaré algo fijo. No tenéis que esperar a que te llegue un cheque ―si es que te llega―por tus derechos (¿cómo?), pues no sabéis si tu obra se está vendiendo y si no se vende, las librerías la devuelven y yo pierdo esos cobres. Además, no tienes idea de cuánto cobran por poner un libro en un estante. Sin contar que los libros que están en los estantes de la entrada son el imperio de las “grandes” casas editoras. Ningún negocio artesanal como el de Gonzalo se puede hacer con un espacio para colocar los libros editados por
ellos ahí. Quizás la suerte cambie con el libro de Ender. Pero seamos claros, ese negocio es de Gonzalo así que por
ender él será el único beneficiario en éste peo.
-----El Cuervo Mecánico aceptó el trabajo y ya tiene tres años en él. No es un ratón de laboratorio. Él sabe lo que hace. La producción de su blog bajó y los
tuits sólo encuentran espacios de publicación en ciertas horas del día. Muy pocas. Como la frecuencia de tuitéo bajó, obviamente los seguidores se fueron. Además, si no haces
mention a los que te siguen más rápido los perderás. Al igual que pierdes la oportunidad de trascender en cuanto a literatura se refiere mientras estés sentado ahí como un huevón a la merced de Gonzalo, creyendo que Twitter será tu inevitable estrellato. Susana se burlará de ti ―obvio―, y si algún día te llega a coger, te tirará como un trapo viejo. Entrégale a Rodrigo a tiempo las correcciones porque para echar paja él es el mejor. Y a Víctor, algún día tendrás que ser lo suficientemente hombrecito para meterle un coñazo.
-----Llegó a la página veinte y la espalda le explota. Gonzalo está en el ascensor. No puede con la tanta absurdez de una novela que le dejará al “editor” una millonada cuando quien se revienta leyéndola por primera vez (el Cuervo Mecánico equivale a lo que se conoce como Comité de Lectura), corrigiéndola y reescribiéndola; ganará el mismo sueldo.
-----De repente, la página veintiuno cambia totalmente la métrica de la novela. Sin explicación perenne se hace buena y aprovecha para meterle aquél sopetón de cachetada que sólo un Cuervo Mecánico puede recibir. Gonzalo llegó. Se paró detrás de él. ¿Qué pasó mijo? Sí, se lo preguntó. Así, a secas. Evidentemente con la correcta ortografía porque lo pronunció bien, y cuando se trata de la interpretación virtual que implica a las palabras habladas uno se imagina la cosa bien escrita. O hecha. No sé. Ustedes ven qué deciden. Son libres de emitir juicio.
-----―¿Qué es esto?
-----―La novela de Víctor. ¿Qué pasó, por qué tenéis esa cara? ¿Ya terminaste lo de Ender?
-----Julio se levanta tan rápido y con tanta fuerza… que la silla chocó con el escritorio y tumbó un manuscrito de otro trabajo universitario que también le iba dejar buenos dividendos a Gonzalo.
-----―¿Tú me puedes explicar por qué Víctor escribió esto? ¿De dónde lo sacó?
-----Gonzalo hace una mueca. Es cínico. Tiene un negocio. Tiene que serlo. Sabe muy bien cómo ser cínico e hipócrita y hacer que funcione. Que la gente lo tome por buena gente y aplaudan todas y cada una de sus decisiones. Ello implica sus actos. Es decir, es el tipo de
carajos que hace el ridículo en una fiesta familiar y todo el mundo se ríe. Le jalan bola porque tiene cobres. Una camionetota y una casa en una zona de Maracaibo dónde vive gente de plata. Al menos ése es el estereotipo que suele colocar la gente a esas zonas. Retrocede un poco pero se hace el loco. Julio le muestra la página veintiuno, recordando que aquél día, hace tres años mientras socializaban en un local nocturno de la ciudad, el Cuervo Mecánico le entregó un sobre cerrado con el manuscrito de su segunda novela al empresario que él veía con mucho amor y esperanza. Así como actualmente ve su cuenta en Twitter. Su tablita de salvación. ¡Muchacho ingenuo!
-----Recuerda claramente que su jefe guardó el sobre en su bolso. Ese que siempre lleva consigo y donde guarda vainas que nadie sabe por qué guarda pero parece que lo mantienen feliz, estresado y acelerado.
-----No importa. Ahora él sabe que ese es el único manuscrito de Víctor. El que tiene en su poder. También recuerda que el amiguito del comerciante (pues es lo que parece) es imbécil y no guardó una copia del mismo. Inmediatamente lo toma y le escupe un ojo a Gonzalo. Bueno, no lo hace. Lo pensó. Así como pensó varias cosas cuando hablaba con Susana y no las dijo. Por cierto, ésta estaba almorzando con Rodrigo. Julio se había quedado solo leyendo, obstinado, sin percatarse de los movimientos de la oficina en Cinco de Julio. Irónico, ¿no? ¿O paradójico? Ustedes dirán.
-----Gonzalo se queda callado y congelado frente a su empleado. A pesar de su poder de comerciante es lo suficientemente cobarde para no decir nada. Tampoco leyó aquel manuscrito en sobre cerrado que guardó en su bolso (ni se acordaba quién se lo había dado). El Cuervo Mecánico, por su parte, no siendo un ratón de laboratorio ni mucho menos uno de biblioteca, recoge todas sus cosas y se dispone a irse. Sin más. Adiós a la mazmorra. Me extrañarán. No sé qué coño irás a hacer con el hijo de puta libro del cabrón de hamaca de Ender. Al cabo que leer ese tipo de mierdas sólo atrofia la cabeza. Sí, como narrador también estoy molesto y por ello me tomo la libertad de imprecar.
-----Julio siente ganas de azotar la puerta pero tiene lo que le interesa en sus manos. No me refiero al manuscrito, sino a la agenda de Gonzalo. Esa, donde hay en registros una cantidad valiosísima de datos. Sobre todo correos electrónicos y teléfonos de otros editores interesados en hacerse de un contrato como el que el viejo Ender ofrece. Sí. Es que la fe que le tiene el viejo al escritor novel ―corrector― que no halla la forma de publicar sus novelas es lo que logró que le depositara confianza a Gonzalo. ¡Pues claro que cuando le eche el cuento irá a donde Julio le recomiende! Ese viejo zorro no había firmado el contrato. ¿Cómo iba a hacerlo si está en España? Mañana lo llamo. (Me refiero a que Julio lo dijo).
-----El viejo sabe que él es el único con la paciencia suficiente para leer su obra. Leer, ¡ah! Ahora una ventaja circunstancial en el muchacho. No azotó la puerta y los contactos están consigo. Baja las escaleras y viene Susana por el pasillo pero sin Rodrigo. Va tomada de la mano de Víctor.
-----¡Ah! ¿Que qué pasó? Pues, el Cuervo Mecánico, como le aconsejé, fue lo suficientemente hombrecito y le metió un coñazo en la cara a Víctor. Precisamente en el ojo. Lo dejó desmayado en seco en el piso mientras se fue a otra editora con el contrato de Ender en mano, adjuntándole la publicación de su segunda novela como condición para cerrar el negocio.
___
Notas: Éste cuento me lo inspiró un amigo en Twitter (@CorvoMecanique) y otras circunstancias. Los personajes y sus situaciones son completa ficción y no representan ciertamente a mis amigos. Espero que hayan disfrutado el paseo.
___
"Las Estrellas se Alcanzan."
::Ed::