
En estas horas el protagonista es el letargo mental que se refleja en las actividades pendientes, sin sentido, estipuladas en prosas de mal leer, donde los ojos orbitan confundidos hacia la saciedad del vació, el aire libre y el nerviosismo. La vida pierde sentido cuando más se siente, cuando más tediosa se atreve a ser, los deseo, los anhelos, todas esas cuestiones sustanciales de la mente humana, interpretadas en señales nerviosas entre la ramificación de los polímetros surrealistas dispersos sobre el pecho, se convierten en una temblor desesperado que denota la intriga y la proliferación corpórea en este universo; como si sencillamente fuésemos una voluntad prestada en la anomalía de hacer lo que fuere y querer otras cosas.
Quizás las fechas programadas sean la esperanza de estas dialécticas. No tanto tales fechas, sino la habilidad de escribir en la neocorteza las mismas utilizando la química de la serotonina, la masa blanca y los demás tejidos. Números, números y más números, ¡no! ¡Hasta cuando! ¡Hasta qué día será el día en que supuestamente la realidad se transformará en los pajaritos preñados que criamos!
Cualquier elocuencia se ve amenazada ante el efecto militar que crea la obligación de tener que cumplir un deber, de tener responsabilidades en la sistemática morfología del desenvolvimiento social, no existe monstruo peor que la retroalimentación de la vida social bajo el yugo de la creación artificiosa, no existe peor animal, peor brutalidad que el resultado abrupto de tantos materiales sintetizados en una serie de componentes que trabajan en conjunto para cumplir un fin, un supuesto fin.
Quisiera que esta excusa se forjara hacia mi sentir, así, poder extender más allá de mis pensamientos la metamorfosis de mi alma hacia un lugar donde el movimiento sideral sea la consecuencia dictada del resumen caótico, así los números tendrían sentido, así pensar sería de completa nulidad pues con solo cumplir ciertas reglas básicas, me desintegro entre el espacio-tiempo mientras nos expandimos hacia otra dimensión donde a lo mejor, esta historia vuelva a comenzar para volverse causalmente el siempre jamás.
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AudioPost: Radiohead - House Of Cards.
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::Ed & El Impío::
Quizás las fechas programadas sean la esperanza de estas dialécticas. No tanto tales fechas, sino la habilidad de escribir en la neocorteza las mismas utilizando la química de la serotonina, la masa blanca y los demás tejidos. Números, números y más números, ¡no! ¡Hasta cuando! ¡Hasta qué día será el día en que supuestamente la realidad se transformará en los pajaritos preñados que criamos!
Cualquier elocuencia se ve amenazada ante el efecto militar que crea la obligación de tener que cumplir un deber, de tener responsabilidades en la sistemática morfología del desenvolvimiento social, no existe monstruo peor que la retroalimentación de la vida social bajo el yugo de la creación artificiosa, no existe peor animal, peor brutalidad que el resultado abrupto de tantos materiales sintetizados en una serie de componentes que trabajan en conjunto para cumplir un fin, un supuesto fin.
Quisiera que esta excusa se forjara hacia mi sentir, así, poder extender más allá de mis pensamientos la metamorfosis de mi alma hacia un lugar donde el movimiento sideral sea la consecuencia dictada del resumen caótico, así los números tendrían sentido, así pensar sería de completa nulidad pues con solo cumplir ciertas reglas básicas, me desintegro entre el espacio-tiempo mientras nos expandimos hacia otra dimensión donde a lo mejor, esta historia vuelva a comenzar para volverse causalmente el siempre jamás.
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AudioPost: Radiohead - House Of Cards.
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::Ed & El Impío::





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