El Impío.


Rembrandt Harmenszoon van Rijn - Artemisa (1606)

       No quiero sucumbir más ante las deidades de tu vida. Aquella que me lleva a la existencia programada cual momento se espanta desde tu nacimiento. Un espacio que se crea ante los ojos humanos y no desaparece hasta la pubertad. Como la frase de aquél amigo inmortal donde tu ira rezaba: nos han mentido siempre.
     Pensamientos no olvidados y tus ojos deseosos de lágrimas y llantos destapan la cañería de la esperanza. Un sólo momento de tu vida puede cambiar con una simple llamada telefónica y un préstamo. No es la muerte la que te llama en su flama sangrienta, sino el deseo mismo de volar por los rincones más inhóspitos del átomo. Asirse de él... de sus ramos. La mente expirada de cada uno de ustedes, asomada por mis laterales; los siempre laterales tan dentro de mí. Volar con alas cortas deteniendo la costra marchita de un espasmo.
     He muerto varias veces y renací igual para ello. Noto cambios significativos en tu destructiva vida mental. A donde nos movamos siempre tenemos dentro un corazón que implota sin la voluntad del cuerpo humano, calmo y ardiente, tan lleno de imperfección pero por sobre todo; tan inquieto. Se mueve lento mientras el humo pasa por tus pulmones, cruzas las piernas y tu mirada se acomoda. ¿No es la primera vez que tu alterego te contempla de esa forma? ¿Acaso no han pasado años desde que esa palabra conocida como “apoyo” no ha despertado de tu boca y se ha asomado a mis oídos? No lo sé. ¡Qué voy a saber yo si la orientación de mis ojos está puesta en un lugar donde casi nada puede recorrerlo! Los ensayos despelotan el momento y la calma se asoma por la cola del cigarrillo encendido. Dentro evoca la muerte. Afuera es una externa gloria. Indistintamente de los movimientos del tiempo siempre hay lugares en tu cuerpo que traicionan tu misticismo cuando usas la palabra: decisión.
     Dejo mi cuerpo esbelto. Miro tus ojos. Ojos que no tienen nada de perverso, sino que simplemente me miran con angustia y sufrimiento, aunque sé que han de amarme, para mi pensamiento parecen mirarte con lastima, y no es que no sea verdad, no es que el momento ni el minuto exacto del tiempo aparezca de repente como la página de un libro viejo que quizás nunca llegues a leer. Has perdido más que libros. Has perdido pensamientos recónditos en tu mente que no se pierden hasta que me condenas con tu mirar.
     Todavía tu mente puede más que mi propia fuerza. Cada letra, cada palabra en una llamada telefónica sucumbe la bondad de mis adentros hacia ti.  Pero no es así. Yo sólo soy el soplo de una brisa que no puedes evitar que emerja.
     Entonces no se llama destino ese espacio que quieres leer ¿verdad? No es como el título de un libro. Hay cosas que a veces no se pueden tomar con las manos. ¿Crees que esa palabra en realidad existe?¿Destino existe? Quiero corroborarlo no solamente con mis ojos sino con la sensación propia de quemarte las manos sosteniéndolo, tan igual a la desidia llena de ampollas secas amputando tus más oscuros recuerdos. Llorar no siempre solucionará las cosas.
     Creo que deberás prepararte para esta sutil venganza. Llegó la hora de enfrentarte.
     No voy a caer en cada centímetro de tu pensamiento como caen las palomas muertas por el humo de esta ciudad. No voy a morir pensando en tus recuerdos marchitos que se espantan como perros rabiosos cuando lo único que tienen es hambre, hambre de la vida, hambre de morderlo todo, a los hombres, a sus dueños, a todos nosotros para luego arrojarnos a la basura. No esperaré a que las estrellas vengan por ti. No esperaré a que te busquen porque simplemente tengo el boleto en mi mano con todo y maletas… así volveré a volar de nuevo. No soy el simple resultado de tus escasos pensamientos. ¡Las maldiciones se acercan al espejismo adverso de un extraño lugar al que sólo le temes! ¿Por qué no te atreves a mirar? ¿Por qué? ¿Acaso tienes miedo a lo que tus ojos puedan ver? ¡Sí, simplemente esa es la verdad que rodea tu mentira! Es la verdad que se asoma y te grita a cada rato que vayas por ella, que no te dejes caer.
     Yo te aseguro que mis días irán pasando y tú jamás serás capaz de poder ver ese rayo de luz tan lúcido y excitante, tan llamativo, y no es que esté hablando del brillo del éxito, de los logros y de toda esa mierda que a veces esperas encontrar en tu camino. Yo también tengo mis propios logros, pero no es eso precisamente lo que te quiero demostrar. ¿Para qué demostrarte lo que es tan fácil de ver? ¡Abre tus ojos! Simplemente mira y contempla ¡mira cada pedazo de sí! Cada pequeño trozo de su andar, de su amor. Mira cómo corre y cómo te ve, mira cómo desaparece cuando simplemente pestañas.
     No te dejes engañar por lo que tus ojos cerrados pueden ver, déjate llevar por ese momento tan solitario y confía plenamente en tu alma, porque ella es la que te llevará al camino y te dirá exactamente lo que tienes que hacer. Ella será la única que podrá expiarte. No cultives en tus azaleas un absurdo miedo a la vida, vívela tempranamente y cultiva la esperanza de tu corazón no-mezquino. Cree, y déjate llevar por la mirada celestial del que sabe comer en una montaña respetando su lugar.
     Mientras tanto aquí te estaré esperando. A ti y a todos… con regalos rebosantes de sus especiales miradas. Yo no me iré. Yo solamente voy a volver a ti, y espero que en ese regreso entiendas la debilidad del proceder, para que no decaigan las rosas en tu estupor perfumado.
     Yo simplemente voy a volver.
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El Impío.

Perfumes De Baladas En Valencia (Canta La Sirena).


Si pudiera redactar mis palabras, creo que la confusión sería la reina de los párrafos que nacerían en el momento. Como santificación robada, mi mente no condena el acto de escribirme a mí mismo, más bien lo hace fluvial y solemne con mis pies, que caminan solitarios y descalzos por la esperanza de los cuerpos. Y así, se va formando un rumbo que azota la verdad que se entrecruza por mis pupilas desaliñadas. 

Dos perros juegan debajo de este edificio, llenos de sueños y esperanzas, pero también colmados de idiomas extraños y mascotas chillonas. Mientras los perros siguen en su revuelco andante de pasos traviesos y desinteresados, la gente se pavonea a oscuras por las calles bañadas de noche y la bruma de una montaña asoma por las luces artificiales. 

Valencia, tan acogedora y tan punto neutro para alguien que viene de tierras lejanas, calurosas y en momentos fastidiosas, estando deseoso de una conquista que se venera por los horizontes, y las palabras no callan. Nunca pensé que encontraría un punto medio a aquello que llaman sistema fronterizo, pero si he de ver un lugar donde hay paz, y milimétrica separación exacta entre un sueño y una realidad. Aquí las horas se dividen en el tiempo, y el respirar siempre se torna suave, las brisas que se entremeten por los ventanales despiertan a mis pupilas y concuerdan en colores plateados.

Pero por sobre todo, su olor penetra mis heridas y las sana. Recuperación le han de llamar en momentos. Mientras yo con sonrisa irónica en mi mente, me pongo a pensar en esas distancias, una al sur y la otra al norte, una con calor y otra con refresco de brisa en su vientre.

Ella se sienta a mi lado y revisa sus papeles, revolotea en sus recuerdos y cuenta los años con cautela e inspiración, escuchando aquella tonada que nos une en una promesa que no existe para la sensación tangible de los que se pasean por las calles, mirando a lo lejos, esperando llegar a donde iban. La ironía del punto “a” y el punto “b” muere definitivamente en ese justo momento, cuando yo escribo y ella toca sus recuerdos en papel, y comienza el coro de una canción especial, balada apasionada que nos hace cambiar de humor.
 

Yo, demostrando la inexistencia del tiempo, voy generando un momento a manera de ensayo celestial, pero ella sigue en la gloria de esos recuerdos, esos años de joyas que hacen que brillen sus ojos, maravillando sus palabras y sus caricias. Aun está en el horizonte el punto medio. Pero, no hay horizonte en realidad. Solamente hay un universo increíblemente intrincado, que compenetra mi mente latiendo de sus adentros con un esplendoroso fulgor, de palabras usadas.

No hay palabras ni actos que nos obliguen a recordar lo que pretendemos olvidar, donde se renacen recuerdos más gratos y promesas menos baratas aniquilando por completo lo que no queremos contemplar, aunque en sus adentro sea una excusable realidad, de pensamientos rebeldes que intentan hacerse un camino diferente a lo que se implanta en el nacimiento de la mente y el conciente. Pero no importa, aquello superfluo y complejo de materia existencia desaparece, en el momento en que los recuerdos se baten, las escrituras renacen, y las canciones suenan.

Aquella, la que llamo yo mi sirena, tiene un perfume distintivo pero sin forma de etiqueta, es una esencia que enerva mis respirares y obliga a mis ojos a cerrarse, pero no lo hacen porque en el instante mis sentidos están nadando en la connotación de estar en Valencia.

Así que, animales suenan en los parlantes, palabras nacen en una mente dispersa, bocados calientes comienzan a palparse entre mis labios; y los sentidos revolotean al estar aquí. No es un punto medio, lo acabo de descubrir. Ni mucho menos es un hospital donde los espacios encuentran un final, y mueren las enfermedades. Este no es un momento comparable con una estación gasolinera. Centro norte de Venezuela.

Sin mucho que denotar o revelar de las comunicaciones literarias, sin estar todo el tiempo describiendo en detallística narrativa lo que un corazón y una mente osan combinar, sé que simplemente, y por sobre todo máximamente, este es el lugar, donde: Las Estrellas Se Alcanzan.

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FotoLeyenda: Material otorgado por Kasaria, fotos de la Ciudad de Valencia tomadas desde la ventana de su casa. 
Valencia, 18 de Junio del 2006.

Álgebra al Amor.













Matemáticamente hablando yo soy cociente y tú denominado
divididos en fracciones decimales, para ver qué obtenemos por resultado.

Prefiero sumar
porque en lenguas no soy tan bueno que digamos
y siento que por aquí no existe ningún cognado.

Multiplicaré tu inocencia y la adicionaré a lo que hemos soñado,
para derivar tu belleza en un número cuadrado.

No es absurdo plasmarte en un poema matemático,
sé que es posible... universalmente hablando.
El resultado es divisible entre diez más lo que has restado
en la integración de cero a cien nos vemos enamorados.

Me gusta saber que la numerología es infinita.
Simplifico sumo y resto y tu cara sigue siendo bonita,
ahora mi corazón es elevado en una raíz cuadrada
podré ver si es sustraíble,
porque ésta operación no me cuadra.

¿Dónde esta la tangente?
¡Soy pésimo en matemáticas!
Mejor callo y beso tu frente...
en dos centenas programáticas.

Me propongo estudiar mejor esta materia
porque es mejor amarte,
que buscar las reglas para integrar las fórmulas elementales.

Ecuaciones y problemas de geometría analítica
me demuestran y enseñan que te adore;
sin determinación, ni crítica
y es ahora que enumero la observación, y me digo:

No hay términos semejantes
en un mínimo como un divisor
sólo sé que la matemática es alarmante
si la aplicamos para resolver nuestro amor.
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2002 - Dedicado a quien fue mi profesor de Análisis Matemático I y II (Q.E.P.D) Jacinto Trasmonte.
 
“No hay dudas tontas, sólo hay tontos que salen de clases con dudas” Jacinto Trasmonte.
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Ed.

Escúchame.

















Planeo como comenzar a decirte
aquello que mi mente modula.

Las palabras que siento ordenar
cuando estoy en tus brazos

pero ahora en la distancia
se me ahoga el tiempo.

La razón.

El momento.

Ése de desearte conmigo
tú que escuchas mis tormentos
y los adornas en mis espacios

les colocas recuerdos
pensando en volverte a ver
simplemente
para saber decirte

lo que siento.
___

Ed.

El Maldito.



















La noche oscura se burlaba
cuando mis pasos bajaban por la calle 
aquella que me llevó a un sentir 
a esa que nace de la eterna maldad. 

Injusticia y desesperanza. 

Seré un lucifer cualquiera
cobrando lo que me dan de más
me pongo el traje de belleza
y salgo entre sus miradas

voy a ser una lacra maldita y ladrona
por lo menos me daré el gusto en un mes
seré tan malévolo que ni lo verán
me convertiré en un demonio pagano

de esos que parecen Ángeles
vestidos de blancas ropas
que llevan la comida a la mesa.

Hipócrita
de panza hinchada. 

Es tiempo de cambiar el tiempo
dejar de pensar en el dar
es momento de aprovecharse de todos
de comerme su comida
y dejarlos en la nada. 

Seré un infernal demonio
hambriento ambicioso que se aprovecha de las situaciones
sólo para mi favor
mezquino y traicionero
al que todos ven como el mejor
al que lo hacen imprescindible.

Al que le dan las gracias.

Dandi hediondo a muerte
cruel y sin verdad
que da a pesar en confianza
así todos al final creerán bazofias.

Y verán como sucumben las bondades desde mis adentros
porque es tiempo de la maldad.

Maldita banalidad.
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El Impío.