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Putear las Palabras.



      No soy experto en lingüística, mucho menos en etimología de las palabras. Lexicografías, otros. Quizás por eso debería incluso pedir disculpas por titular este texto con una mala palabra, pero es que me causa curiosidad que en la verborrea acelerada de las redes sociales, aquella explosión que vino después de la Internet y se catapultó con las comunicaciones en vivo por cualquier plataforma imaginable, resume en una facilidad colectiva con la que cualquier persona refiere a cosas triviales con un agregado sonoro que va desde el “lo amo” hasta un “lo mejor que me ha pasado”. No es mi mejor día para darme a entender, y poco importa, no obstante salvo mi explicación a que es increíble la ferocidad con que muchos tienden a desvalorizar las cosas adosándole subvalores a situaciones, eventos, cosas, objetos; endorsándoles escaños que enmarcan aborrecibles “esto es lo mejor que me ha pasado en la vida” para la foto de un pastel o quizás el video de un perrito haciendo algo tierno, o decir ya que amas a alguien porque este alguien grabó un video de sí mismo parodiando cualquier cosa y en efecto nos hizo reír a todos.
        No menosprecio la ocurrencia humana para nada. No. En este mundo de rapidez comunicacional evidentemente necesitamos de esos momentos. Memes. Videos. Viñetas. Canciones. Parodias. Montajes. Lo que chifla en reversa es que, si bien son momentos de explosión dopaminica, no es para tanto. ¿Reír?, «a por ello» como dicen en España. Estamos asediados por lo que sea, pero ello no implica que el valor de los momentos deberían simplemente putearse. Escuchar una canción, la amo. No. Ver un video, necesito esto en la vida para ser feliz. No. Nacer o no quizás, graduarte, tu primera operación a corazón abierto en donde no se te murió el paciente. Terminar la obra que diseñaste y que esta sea un boom. Tu primer concierto frente a miles de personas que reconocieron tu trabajo. La primera ola recorrida en donde no te caes de la tabla. Un premio. El día en el que un familiar venció el cáncer. Conseguiste el trabajo, o de repente tu negocio pasó de ser un emprendimiento a una corporación multinacional. Un meme no es el mejor día de la vida. Quizás la mejor risa sí, ¿eh? Pero no el mejor día de tu vida. Amad a quien debes amar, y admirad a quien hay que admirar. Youtubers, viners, tiktokers, son de admirar definitivamente.
        Darle el valor a las cosas como éstas lo requieren. Apreciar lo bonito de este idioma en donde decir querer y amar son cosas distintas. No terminar siendo un ‘Homero Simpson doblado al español-latino’ más, quien una vez dijo que no se sorprendía fácilmente, pero frente a él pasó un auto azul e inmediatamente dio un salto asombrándose por el mismo.
        No puteen las palabras.
        ___

        Ed.

Romper la Mesa del Escritor.


The Writer's Desk is a photograph by Debra and Dave Vanderlaan which was uploaded on November 19th, 2013.

     No he escrito en este computador desde que lo compré. Tampoco he escrito más desde hace un buen tiempo, si descarto los correos, mensajes privados, mensajes de texto y otros medios por los cuales todavía me sigo expresando, de cierta manera.
     No es que tenga intención de escribir ahora, sé que lo estoy haciendo. Tampoco tengo intención de no escribir más. Escribir estará en mí siempre, jamás se irá, pero hoy, en este tiempo que momentáneamente será presente, no he estado escribiendo por algunas razones que no sé si explicaré parcial o completamente.
     La primera de ellas fue el sacrificio de casi 5 años para mejorar otro idioma, porque, no sé si ingenuamente, deseo escribir con fluidez en el mismo. Hoy logro explicar asuntos de trabajo, vender, comprar, detallar soluciones, algunas técnicas y otras más cualitativas en esta lengua, pero todavía no domino dicho idioma como para sentirme totalmente confiado y arrancar textos largos, como me es fácil hacerlo en mi idioma materno. La segunda razón en la tierra en donde hoy estoy; una que me provoca ahora una sensación de atrapamiento, como alguna vez me sentí atrapado en mi país natal, desde la adolescencia. Querer salir de acá y volar hacia el norte, hacia un nuevo clima, un nuevo idioma, nuevas formas de desenvolverme profesionalmente, son ahora mi prioridad.
     Las novelas siguen. En este país terminé una en tan solo una semana, y corregí dos ya escritas en mi país, demorando dos semanas en hacerlo. Curiosamente esta tarea se dio al llegar de Venezuela a Chile, exactamente al segundo mes. En donde todavía mis ideas, mi literatura, latía. No es que hoy ya no palpite; no. Sí lo hace, y mucho, pero hay otros factores que me invitan a la calma. Chile no me inspira, debo decirlo, pues es uno de los factores más importantes en este meollo de escribir. No me invita a escribir, más bien creo que hasta me lo impide. Siento que aquí escondo lo que tengo dentro de mí para madurarlo más, pero por sobre todo, para protegerlo. Otro de los asuntos que me han impedido escribir, es el miedo. Sí el miedo. El miedo a que el idioma nuevo corrompa el natal, más el miedo de que el idioma natal, que es en realidad un acento, se transgreda con el idioma con el que hoy me desenvuelvo en un país que no es mío.
     Parece una de las cosas más absurdas que he reconocido en este tiempo, pero es así. Muchas cosas cambiaron, viejas amistades se tuvieron que ir, otras que intentaron entrar en mi vida, del todo no se les concedió ese valor. Sigilo, silencio, protesta, calma y por sobre todo paciencia. Quizás en el norte esto siga o esto cambie, no lo sé, pero si allá el factor tiempo juega a mi favor, volveré a escribir.
     Dentro de toda esta confesión sin sentido, no mencioné que tengo una novela sin terminar que surgió aquí, en Chile. Nació en este país al estar un año en él. Escribí bastante en ella, digamos que la llevo en un setenta por ciento, y me gusta mucho como va, pero tengo más de cuatro años sin tocarla. Esta novela espontanea se saltó la cadena de producción, porque, en Venezuela, traigo una novela que intento terminar desde hace más de 10 años. Curiosamente ese trabajo no es el mismo que escribí aquí al llegar a Santiago, en mi segundo mes de residente temporal. Ése también se coló, pero reconozco que nació en mi ciudad de origen y no aquí. Aparte, hay dos más que están escritas en mi cabeza desde hace un tiempo, y que siguen en espera después de que la otra obra se atravesó sin más en el dos mil trece.
     Las terminaré todas. Estoy totalmente convencido de ello. Alguna vez tuve un miedo idiota de que, si de repente me moría, no las escribiría, pero luego decidí que no me moriría sin antes terminarlas, y así será.
     Hoy decido romper la mesa del escritor que alguna vez construí en mi mente, pues como escritor no se necesitan mesas, sino tiempo y paciencia. Hay muchas cosas de esta vida que todavía tengo que atender y de las cuales necesito endurecer para poder emanciparme de ellas en unos años, pero también estoy aceptando de que si este hilo de pensamiento no es lo suficientemente racional, o realista, deberé aprender entonces a escribir sin emanciparme. Así se dará la letra entonces en un futuro cercano o lejano, no importa. Pero esto está. En cualquier momento, cuando menos lo piense, termino el camino de cebras que comencé hace unos años. Vuelvo a corregir las primeras 3 escritas y termino la que ya tiene bastante tiempo reclamando ser terminada. Así, comenzaré las dos otras hechas en mi cabeza, para luego lanzarme a producir en serio en el segundo idioma hablado.
     Estas cosas, aunque parezcan de azúcar, me motivan bastante. Luego de superar el amargo de creer que publicar sería algo genial, y ahora estar seguro de que no es para nada necesario, pues lo que me mueve es producir, puedo estar tranquilo y hacer trizas la mesa, y de sus astillas, volverlas cenizas para luego soplarlas con mi puño y letra.
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Ed J.L

::Degeneración::




Duermo sobre mi cuello cuando viajo en el bus
tengo eventos nuevos
en mis venas y en mi piel
no soporto el calor; ni el polvo ni la discordia
no soporto estar sentado
lejos de mí.

Parezco un candidato al cateterismo
un experimento de la nueva era
estoy entre los que hacen colas interminables
esperando un turno que se adelantará.
Mis carnes se revelan, por andar lejos
mis manos carcomidas, yacen sobre las teclas
-diametralmente reprimidas-;
lípidos y fármacos roncan como moscas
atravesando el dolor del pecho
sobre los halos de cristal de las ilusiones

/entre las caucásicas apariencias retorcidas/
/con mis pensamientos divergentes en patines/
/esperando mil razones para/ …razonar de una vez

y así,
salir corriendo desde aquí.
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::Ed::

::Post-History::



Yo vi la muerte correr por las calles,
yo vi gente seguirla hasta el recodo.
Los vi verse en ellos, los vi llorar cuando estaban muertos.

Seguí los pasos de todos, leí las instrucciones.
Soñé con una especie de mundo mejor, después de ellos,
pero con émbolos explotó mi corazón;
al verlos muertos.

Esperé que pasaran los años, escuché sus historias,
habían análisis de todo tipo.
Esperé y esperé, creyendo verlos mejor pero no fue así pues,
al cruzar la calle, todos estaban muertos.

Ahora al verlos siento miedo,
mis entrañas se estremecen de dolor
siento que allá iremos con todos ellos
y al final, según la historia
según los versos y la falta de memoria
junto a ellos estaremos todos
igual que muertos.
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::Ed::

::En El Quinto Punto::



En estas horas el protagonista es el letargo mental que se refleja en las actividades pendientes, sin sentido, estipuladas en prosas de mal leer, donde los ojos orbitan confundidos hacia la saciedad del vacío, el aire libre y el nerviosismo. La vida pierde sentido cuando más se siente, cuando más tediosa se atreve a ser. Los deseo, los anhelos, todas esas cuestiones sustanciales de la mente humana, interpretadas en señales nerviosas entre la ramificación de los polímetros surrealistas dispersos sobre el pecho, se convierten en una temblor desesperado que denota la intriga y la proliferación corpórea en este universo; como si sencillamente fuésemos una voluntad prestada en la anomalía de hacer lo que fuere y querer otras cosas.

Quizás las fechas programadas sean la esperanza de estas dialécticas. No tanto tales fechas, sino la habilidad de escribir en la neocorteza las mismas utilizando la química de la serotonina, la masa blanca y los demás tejidos. Números, números y más números, ¡no! ¿Hasta cuando? ¿Hasta qué día será el día en que supuestamente la realidad se transformará en los pajaritos preñados que criamos?

Cualquier elocuencia se ve amenazada ante el efecto militar que crea la obligación de tener que cumplir un deber, de tener responsabilidades en la sistemática morfología del desenvolvimiento social, no existe monstruo peor que la retroalimentación de la vida social bajo el yugo de la creación artificiosa, no existe peor animal, peor brutalidad que el resultado abrupto de tantos materiales sintetizados en una serie de componentes que trabajan en conjunto para cumplir un fin, un supuesto fin.

Quisiera que esta excusa se forjara hacia mi sentir, así, poder extender más allá de mis pensamientos la metamorfosis de mi alma hacia un lugar donde el movimiento sideral sea la consecuencia dictada del resumen caótico, así los números tendrían sentido, así pensar sería de completa nulidad pues con solo cumplir ciertas reglas básicas, me desintegro entre el espacio-tiempo mientras nos expandimos hacia otra dimensión donde a lo mejor, esta historia vuelva a comenzar para volverse causalmente el siempre jamás.
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AudioPost: Radiohead - House Of Cards.
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::Ed & El Impío::

::Conjugación Del Conflicto Nº 1::



Emprender es demarcar
la decisión es lo de menos, pues es más el acto hacia los hechos.
Una determinante diatriba del pensamiento que se concluye en razones ajenas
para aminorar los flagelos y dejar que la emoción causada por el miedo
el desconsuelo y el potencial abandono
se transforme en un sacrificio sagrado que con trabajo duro,
sangre sudor y lágrimas, se transformará en el altar de las nuevas oportunidades.

Claves, secretos y tips para emprender esta nueva empresa
un compromiso total que debe estipularse, estimarse y hacerse de manera diferente
para que la habitualidad se transforme en un cúmulo de trabajo duro que solamente
se concentre en la consumación de los logros que el desespero y la pasión
desean alcanzar con urgencia.

Emprender es demarcar.
Demarcar será un juramento, más quizás, será la razón por la cual la prueba
manifiesta se corroborará en las manos llenas de tierra, en los ojos rojos
y en el cuerpo escuálido. Y la motivación presente tiene que ser por consecuencia
premura completa y emergente para que las consecuencias se vayan dando
como en la causa y el efecto, pues entonces la intención es hacer que la causa
sea de por sí ese efecto. El efecto esperado que deberá ser la meta suficiente
para suprimir todos los pensamientos que anclan a un corazón

a la incertidumbre.

Ir, luchar, para vencer y consagrar las ideas desde el atardecer de otra ciudad,
sin rendirse, dejando todo atrás.
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"No Más Excusas... No Más Parades... Alcanzar Las Estrellas, Ahora Y Ya"

::Ed::

::Venezuela De Viernes Negro::



Desde hace tiempo yo decidí no reflejar aquí mis opiniones personales con respecto a las tendencias políticas y los hechos, aunque aclaro que no soy ignorante de los mismos, ya que siempre procuro mantenerme informado, solo que en mi blog no me gusta exponenciar estos pensamientos porque soy partidario de que es poco lo que puedo hacer, viendo la gravedad de las cosas. Es decir, soy conciente de que con post de opiniones políticas jamás resolveré los problemas de este país, y en consecuencia, no me gusta infectar el trabajo literario que intento hacer con esas pretensiones.

Pero hoy me voy a valer del principal contenido que en este blog reflejo; mis emociones, mis sentimientos, aunque personales y ajenos a los sentimientos de los demás, a las emociones sociales, creo que para mí cuentan con cierta validez que en efecto logran calmar mi alma.

Nuevamente y ya en el tema central de mi preocupación, sé que con decir, escribir y comentar es poco lo que mi alma se calmará, por tanto procuraré no extenderme.

Hoy los venezolanos nuevamente somos victimas de los crímenes demenciales que la opulencia chavista legislativa se basta en cometer, sin importarle el hecho de que ellos mismos son venezolanos. Hoy nos levantamos con noticias tristes, muchos no nos acostamos, porque estamos viendo como el cerco megalómano del presidente no dejó sin aire.

Ya es oficial que una nueva ley priva al venezolano común deseoso de hacer capital, y una reforma de otra ley de peor manera adoctrinará a nuestro hijos reformando la antigua estructura legislativa de la educación, para que piensen alineadamente. Yo me digo si éste es el límite ¿Cuánto más soportaremos los venezolanos? ¿Cuál es el límite? Porque, evidentemente los límites son el “basta” de las consecuencias sumadas, pero no ha habido un basta porque se ha permitido todo, porque lamentablemente no somos escuchados, nos reprimen y nos atacan, tenemos miedo de luchar contra ellos de cualquier manera, y es poco lo que haremos, sabiendo que somos incapaces de tomar las armas.

Hoy dejo de creer totalmente en mi país, y soy conciente de que cincuenta años a lo sumo serán poco para saldar estas deudas sociales, para recuperar el corazón y sanar las heridas. Nuestros hijos serán empujados a un pensamiento mediocre y muy peligroso, sangriento y despiadado, y aquellos que poco eran lo que tenían ya no tendrán nada, al igual que los que emprenden en la economía venezolana sus habilidades para tener algo, poco será lo que conseguirán porque ya no es permitido.

Si el Dios todopoderoso escucha, ve y siente, pues espero que nos de el valor suficiente para tomar las riendas de nuestras vidas y poder salir de este agujero, en lo personal no me gusta delegar las cosas a “dios” cuando ya no hay más nada que hacer, pero este caso es distinto, y por tal espero tener el valor y la fuerza suficiente para cruzar los límites y buscar nuevas tierras, para siempre, porque como he dicho tan redundantemente aquí; ya no hay nada más que hacer.
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"Pongan La Ley Que Pongan... Acaben Con Todos Y Se Llenen Las Manos De Sangre... Igualmente Pueblo Desesperanzado De Venezuela: Las Estrellas Se Alcanzan"

::Ed::

::Declaración I::



Me declaro enemigo de la industria farmacéutica; de toda. Incluyo en mi enemistad hacia dichosa industria, los expendios, las droguerías, los visitadores médicos, los publicistas, pero por sobre todo, el aprovechamiento de conocimiento versus la necesidad de progreso y éxito humano, en conjunción con los ensayos clínicos versus el aprovechamiento de los pacientes del tercer mundo para tales prácticas.

Soy apolítico, más por tanto, deseo elevar tal categoría: Me declaro enemigo de los gobiernos, de todos, sin excepción geográfico, género y proyección histórica.

Me declaro enemigo de la jerga maracucha.

Declaro a Cabimas como ciudad no grata para mí.

Me declaro enemigo de la música vallenata, y toda música del populacho.

Más por esto no me declaro enemigo de los gentilicios; me considero hiperempático ante la gente pura, y por tanto me siento en la obligación de respetar sus gustos, por tanto en las críticas a los géneros sociales, exento el factor humano-espectador-diletante de mis ataques.

Me declaro enemigo de la inconsistencia; y héroe de la perseverancia.

Declaro a la mentira corporativa como infecciosa y mal intencionada.

Y declaro al universo como mi hogar.
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::Ed & Impío::

::Guarda Cajas & Pinta Casa (Desde San Antonio De Los Altos)::


Las paredes de la casa se están cayendo. Las cajas de cartón, en ella guardo algunos recuerdos que todavía insisten en quedarse aquí. Nada de lo que acomodo se quiere acomodar. Todo se reprime, todo pelea. Cada cosa que tomo con mis manos e intento guardar en las entrañas del cartón, lucha insaciablemente para quedarse afuera, para seguir perteneciendo a este lugar.

No intento poesía, o vociferaciones de manera épica. Solo pongo Radiohead en el Winamp y dejo caer mis dedos sobre el teclado, para decir y decir. Para sacar y sacar.

Porque acabaste con lo que había construido. Tus ilusiones en mi cabeza, bonitas en las especialidades médicas, se colaron por mi sombra e hicieron de mis esperanzas, pedazos de papel quemado subiendo por el aire. Todo se fue; todo fluyó.

Mi casa, yo, mis cosas, los niños y Laura.

Todos fuimos víctimas.

Mi mamá.
Mi tío Elvis.
Todos.

!Y yo de pendejo que siempre lo sabía! Pues esta vez y como siempre, nadie me creyó; y eso que jamás he leido el cuento de Juancito y el Lobo, ni siquiera sé si el nombre es Juancito, o Juanito.

En la negación me compuse, y por eso hoy compré la pintura para pintar el concreto macizo que ahora simplemente es un recuerdo en mi cabeza. Es un pedazo que forma parte de la memoria de mi hijo mayor, mientras mi hermano dice que no debería ponerme así.

¡Ja! Para ti siempre fue más fácil engañarte; yo solamente esta vez, cometí el error de seguirte los pasos, y caí, como un tonto sin pensamientos, sin criterio. Pero no importa, hoy me duele mucho y hablo paja dentro de mí mientras digiero la música en mis oídos. Hoy me quejo y lloro que jode. Hoy se me parte la espalda del dolor.

Hablo paja, hablo sin sentido y me retuerzo.

Pero esto…. De pana… Que es más que un juramento… Esto... También… También pasará.

PD: Y la próxima vez nadie me hará volver. Jamás.
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NotasDelPost: No me importa si esto tiene errores ortográficos, o si no es entendible. Me sabe si no tiene métrica o si el contexto sintáxico no sea lógico o secuencial. La intención de este conjunto de palabras no es informar a nadie, ni poner al tanto de las cosas a otros. El objeto simplemente es sacarlas de mi cabeza, para así poder ordenarla con calma.

AudioPost: Radiohead – House Of Cards (Y por cierto… De pana que construiré mi propio castillo de naipes… ¡Qué canción más oportuna vaya!)
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"Alcanzaré Las Estrellas, Y Reverderán Mis Maizales"

::Ed::

::No Soy Poeta::




No soy poeta. Eso es algo que necesito aclarar desde hace un tiempo ya. Existe cierta confusión en cuanto a mí, en cuanto a lo que soy pero más que todo, en cuanto a lo que deseo. Por esto, hoy me voy a valer del medio que quizás, sea el único que me queda en mi existencia para aclarar ciertas cosas, aunque sinceramente, no se trata de explicarle a un público o estimar excusas ante un tribunal compareciente, se trata de reafirmarme a mí mismo, a través de éste “bendito” medio, algo que me está molestando.

No soy poeta; sigo insistiendo que es una cuestión de gusto, más allá de un placer, un deber o un “talento”. Muchas veces caigo en la retórica de no saber por qué escribo, por qué insisto en plasmar una serie de imágenes inventadas… ¡sumamente nostálgicas! Entre parágrafos estudiados predeterminadamente, intencionando rimas para que se luzcan sobre el papel. A lo mejor sea una sujeción psicótica, un mal del hemisferio derecho, tan deseoso siempre del dominio consciente.

No soy poeta, ni me gusta serlo (ni pretendo hacer poesía). Todo aquí conspira en mi contra, todo aquí me asesina agobiantemente; todo aquí se presta a evidencia que exige un veredicto, y ese veredicto radica en la naturaleza pensante de que estoy mintiendo, porque hago algo; hago esto, ¡hago aquello!, hago lo otro y a la final, resumo cuentas en la misma doctrina, en la misma esquina, en la misma calle donde todos me atrapan, pues, no sirvo para la poesía (ni quiero servir). Piénsenlo (o más bien, lo pensaré), los poetas van pregonando sabiduría por las calles, yo sólo me quejo de mis incomodidades. Los bohemios, los profundos, los “románticos”, estiman cualquier cosa y la vuelven prosa, hacen con frases hermosas fragancias femeninas, estigmas del amor. Se bastan de palabras preciosas, de muchas consideraciones imaginativa, se creen incomprendidos y publican su pasión por doquier. Mientras yo, soy sólo un sujeto, amarrado a un sistema científico y social, y por tanto ¡no pretendo ser poeta! Pues se puede decir que hasta odio a la poesía, así que me concentro en trabajar.


Los poetas no tienen deudas económicas. Los poetas no pelean con su mujer. No tienen hijos, y si los tienen, no los educan, pues su poesía es tan buena que los niños crecen solos. Los poetas van a París. Los poetas no necesitan trabajar, pues ellos no necesitan dinero. No pagan la factura de luz, el teléfono… ¡ni siquiera la internet! No van a universidades, y si van, pues; será a recitar poesía, será a ganar premios o a dormir en las plazas de las ciudadelas. Los poetas visten siempre la misma ropa, sus zapatos nunca se rompen, su olor jamás varía. No sudan, no comen (solamente beben [quizás en eso sí nos parezcamos]), tienen muchas mujeres: todas enamoradas de él, y le son fieles. Los poetas van mucho a la playa, cantan por las calles y la gente sienten empatía hacia ellos, paran el tráfico, caminan mucho y jamás andan en carro; conocen todos los lugares, los viejos bares y los rincones históricos, son muy cultos y su manera de hablar es exquisita.

Yo en cambio fastidio a la gente, me canso al caminar y me pierdo en el metro. Pero eso no me molesta porque yo no soy poeta. Yo tengo cosas que hacer, plata que gastar, plata que pagar, comida que comprar y si no me rinde, pues pediré prestado.

No soy poeta, porque lo que escribo es basura. Consideren que escribo porque fui a la escuela y me enseñaron a escribir. Me enseñaron las letras, el abecedario, algunos verbos, muchas palabras nuevas y me recomendaron a los diccionarios. Entonces, si mi madre no hubiese percatado mi educación, si acaso hubiese nacido yo en un país donde no existiesen escuelas, a lo mejor ni escribiera. Hablaría mucho, eso sí. Pero aun así, en lo más al norte de Alaska no tendría con quien hablar, solamente con las focas, perros y algunos osos polares; ellos no me entendería, y quizás no tendría yo necesidad de expresarme, sería mudo en vida.

No soy poeta, ¡pues odio a la poesía! No quiero ser poeta, ni me gusta que me cataloguen como tal. Lo que escribo es malo, fastidioso, ridículo, nada genial y por supuesto ¡Inversamente proporcional a la innovación! Yo solamente lo que pretendo esbozar en versos, métricas y esas cosas metodológicas; cuentos que invento, idioteces atrapadas en mi cabeza que en ocasiones encuentran una vía de escape y se expresan. No estoy loco (los poetas si), porque las locuras se escapan por mis manos hasta el teclado, y como no he intentado escribir con la computadora apagada, pues se guarda lo que decodifico de mí. Así me entiendo un poco, me quito el estrés. Esto es igual que jugar tenis, que tomar cerveza, que ver la tele. Es la misma idiotez. Tiene el mismo fulano sentido; escapar… escapar, ¿a dónde? No lo sé, pues, si lo supiera, de seguro sería poeta.
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AudioPost: Doves – The Man Who Told Everything / Dave Gahan – Saw Something.
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::Ed & El Impío::

::Actualidad Ed::


Pues apenas acabo de llegar de Barquisimeto, ni siquiera me he bañado pero eso no importa. !Total! Ese es mi peo. No escribo para excusarme ni para explicarle a cualquier mortal que entre aquí, mi paradero, pero como el fastidio del viaje aun no se me quita, les doy el beneficio de saber que estuve una semana en el Zulia y otra en Lara, retoqué muchas cosas ¡Todas absolutamente nuevas! Y me senté en el borde del precipicio mientras me bañaba en la lluvia.

Y bueno, aquí siento un inmenso animal dentro por no haber escrito más desde hace 3 semanas y media, pero mañana narraré la historia que viví en el Zulia –esa que luego reviví y reflexioné en Lara-, así entonces, espero nuevamente, dejar una inmensa marca con una historia real que, redundantemente, y ésta vez, no es puro cuento.
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AudioPost: Metallica Ft. San Francisco Philarmonic - For Whom The Bells Tolls.
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::Ed::

::Crítica Al Pensamiento Inmuno Deficiente Del Ser Humano Social::



Observaciones sobre la lucha por la vida, y la inminente insensibilidad humana.

Tarde en la noche de ayer conversaba con mi pareja sobre uno de sus pacientes. Actualmente me he acostumbrado a ese ritual nocturno que se convirtió en un requisito indispensable para dormir. Desde siempre escucho y visualizo todos y cada uno de los casos que ella trata, donde algunos sólo me provocan tedio y otros simplemente me conmueven. Desde hace tiempo entiendo su importante papel no sólo en la sociedad sino en la vida misma. Ser médico tiene sus glorias, sus momentos de pasión, sus eternas victorias, sujetas siempre a esa satisfacción particular de saber que le estás salvando la vida a alguien. Le devuelves la esperanza de vida a quien padece y a sus familiares. También tiene sus momentos duros, sus eventos desalentadores, donde el cordel de la vida se deshilacha provocándoles un amargo sentido de impotencia. Pero nunca al punto de estancarlos porque, su vocación los impulsa diariamente al ser conscientes de que siempre habrá quien les necesite.

He entendido a través de éstas conversaciones que existen una serie de códigos éticos para los médicos residentes de medicina interna. Entendí que en los casos que lamentablemente -por su naturaleza- cesarán, ellos colaboran con el paciente para que asuman una muerte tranquila, sin dolor; es decir, mejoran la transición hacia muerte y la hacen menos traumática, tanto para los pacientes como para sus familiares. Pero aunque humanitario, no deja de ser un conflicto para ellos mismos.

He escuchado tantos casos que asumí esa posición de entender que la gente siempre se va, que todos moriremos. A todos nos tocará. Mis creencias me invitan a contemplar cierto respeto hacia los movimientos de la vida, y entre ellos está la muerte, por tanto, saber que hay casos de casos y que existen personas que mejoran la transición en el ciclo de la vida en todos nosotros, me reconforta.

Por otro lado, he escuchado dramas clínicos que inevitablemente me entristecen mucho. Viejitos diabéticos, cáncer, hipertensos con deficiencias cardiacas, entre otros. En ellos a veces el final es predecible, por tanto puedes asumir cierto confort cuando sabes que en los momentos del final de la vida alguien te ayudará a no sufrir cuando te vayas.

Pero el caso que conversamos ayer no reflejaba lo que normalmente inspiran los otros ya descritos. Lo supe cuando noté la desesperación en los ojos de mi compañera. Había en ella un sentimiento de amargura diferente, una cadena interminable de frustración que le ató sus manos con dolor. Por sus reacciones al relatar lo que le tocó vivir… me fue totalmente inevitable no conmoverme de tristeza al saber que en el mundo hay personas que mueren así.


Ello me provocó una inmensa rabia. Una rabia particular que se atascó en mi corazón después de escuchar el relato de la doctora, al verla con lágrimas en sus ojos provocándome respeto y pena al mismo tiempo. Sus labios pesaban la triste experiencia al ésta esculpir en su memoria las imágenes que le tocaron vivir. Sé que la recordará toda su vida, que le quedará como prueba irrefutable de que todo ser humano lleva consigo el valor suficiente para morir con dignidad.

Entre sollozos la doctora describió lo tanto que luchaba por su vida una joven con apenas 5 días de hospitalización en el ala de medicina interna. Una muchacha de 25 años de edad, que por suertes de la existencia portaba el virus de la Inmunodeficiencia Humana; evolucionó al Síndrome en poco tiempo cuando sus linfocitos desaparecieron de su torrente sanguíneo permitiendo la inacción de su sistema inmune que, no pudo proveer defensas contra una infección pulmonar (Neumonía) que contrajo. Su muerte estaba segura, pero la doctora peleó con todo para dejarla con vida antes de soltar su guardia pues, estaba convencida de que a pesar de la magnitud y avance de la infección pulmonar ella podía recuperarse. Su vocación le evitó rendirse, en consecuencia sólo le quedó luchar por su paciente aunque sea por un día más de vida, pero en la batalla tuvo que enfrentar la opinión del médico adjunto de medicina internar cuando éste le ordenó que notificara a los familiares la situación con la paciente pues, según él no resistiría a su destino esa misma noche. Afortunadamente ella se negó ante la postura del adjunto, sosteniendo que lo importante en el caso era curar la neumonía. Estaba convencida de que al erradicar la enfermedad la paciente viviría un poco más.

La joven fue medicada con antibióticos a niveles extremos por no poder desarrollar defensas contra la infección. La inmunodeficiencia retrasaba la acción de los antibióticos, esto no quiere decir que impedía totalmente su trabajo pero cualquier gripe era un alto riesgo. El tratamiento requería más tiempo del habitual para hacer efecto y poder curar la infección (neumonía).

Me dolió el corazón saber que necesitaban entubarla y no pudieron. Debían conectarla a un respirador (ventilador) mecánico para que sus pulmones pudiesen absorber oxigeno (al 100% de pureza para poder absorberlo). Sin la ayuda del equipo era difícil mantener la esperanza en el caso, -por eso la decisión del adjunto. Conseguir tal ayuda en un hospital público para una paciente en esas condiciones es totalmente imposible. La paciente contaba con una póliza de seguros y al saberse, de inmediato se dispuso a remitirla a un centro de asistencia privada, pero todos los que fueron contactados le negaron el ingreso. Los centros clínicos que cuentan con equipos sofisticados para tratar infecciones pulmonares no aceptan pacientes con VIH (mucho menos evolucionados al Síndrome [O sea, el SIDA]) porque asumen que todos morirán. Lo que acabo de decir lo he confirmado en la experiencia de muchos médicos, y al traerlo a conciencia la sangre se me enerva y me enrojece la piel…

El prestigio de los centros médicos privados puede más que los valores humanos… ¡Claro! Es que estos desaparecen ante la frivolidad hacia la enfermedad, hacia el Virus de la Indiferencia Humana (donde el agente infeccioso más peligroso es la estúpida moral).


Los centros asistenciales privados prefieren no ingresar pacientes infectados porque a los inversionistas, propietarios y demás fantoche no les gusta que en sus instalaciones mueran personas de SIDA. Para ellos, la reputación de su centro es más importante, tanto así que alimentan la vanidad de sus pacientes pues, también ellos prefieren encontrarse en un lugar donde no haya “riesgo” de infección con VIH.

En muchos centros hospitalarios estos casos se ocultan a la luz pública, obligando a los familiares a sentir vergüenza, a la vez que alimentan la lujuria y la ignorancia de las personas proliferando la discriminación. Yo me pregunto ¿dónde están los Derechos Humanos, o qué coño es lo que ellos hacen en casos así? ¡Ese comportamiento social solo reafirma la proliferación del Virus! ¡Es una total idiotez envolver con una nube moralista al VIH! ¡Esa neófita confidencialidad de mierda con la que se trata! Ello sólo sirve para encochinar de brutalidad a la colectividad mental. Ello permite que en el mundo las personas mueran así. Ello permite que la industria farmacéutica haga lo que le dé la gana con el mundo. En África se encuentra la mayor población infectada del planeta y es donde menos acceso tienen los cero positivos a los antirretrovirales. Es donde más caro son. ¡Es ahí donde está el negocio!

A mí es ridícula esa “esfera moral” que convierte al mortal VIH en toda una controversia colectiva. Las pasiones moralistas y la desinformación incrementan la proliferación del virus y ensanchan la insensibilidad. Todos dirán lo que dirán, pero estoy seguro de que si el VIH se transmitiese por otra vía que no sea el contacto sexual, la enfermedad fuese menos “chocante”. Nadie se fija que es el esquema del pensamiento moral el que evita que los médicos avancen en el tratamiento de la enfermedad, permitiéndoles garantizar el derecho a la vida a quienes también son seres humanos. Los matices de la moral son una infección tan arrecha que convierten a un cero positivo en un extraterrestre, peor aún; en un condenado.

No puedo entender por qué, en un mundo con tanta ciencia, profesionales de la medicina deben quedarse de brazos cruzados cuando desesperadamente intentan salvarle la vida a un paciente víctima del síndrome de la inmunodeficiencia humana. No me es justo saber, que un corazón de hierro como el de los médicos, tiene que quebrarse a sabiendas que su experiencia y sus estudios terminarán en el callejón de la desesperanza, porque tienen que decirse a sí mismos la frase que tanto odian: “ya no hay nada más que hacer”. Parece que ni la ciencia ni la cultura han podido fundamentar bases sólidas que ayuden a los cero positivos a salvarse, o por lo menos; a morir bien.


Y es que aquí no se trata solamente de un tema de prevención. Se trata del peo moral de las mentes colectivas. Siempre primero la discriminación por delante. Siempre son un puñado en el mundo los que tiene que soportar las etiquetas.

El miedo social es culpable de que una hermosa joven de 25 años, con toda una vida por delante, con una familia que desea verla vivir: caiga bajo el manto negro que no sólo destruye el sistema inmune sino también las esperanzas y la compasión, manchando la historia de su existencia. Hay que darle parte a la injusticia social, al desconocimiento, a la irresponsabilidad moral y el fucking moralismo mismo, pues son ellos los que logran que millones en el mundo mueran de esta forma tan horrible (bajo la demencial opinión colectiva).

Cuando una persona se topa con alguien que lamentablemente padece el virus, de inmediato sus primeros pensamientos recrean una cantidad interminable de prejuicios. ¡Eso le pasa por andar tirando!. Es una pena que a estas altura del calendario romano aún sean los prejuicios los que definan la historia que vamos escribiendo. ¡Sí señor! Son los mismos prejuicios los que evitaron que esa muchacha recibiera atención especializada en una clínica privada. No se le aplicó el tratamiento adecuado, no fue entubada no por el médico tratante, sino por el centro asistencial público que no contaba con el equipo y el centro asistencial privado que no quería ingresarla porque se rayaba su imagen. La gente no vacila para etiquetar. La gente asume sus cochinos pensamientos con placer. No hay forma de racionalizar sin primero sentir morbo. Indistintamente todo desembocará en la discriminación. La gente culpa, entierra y condena desde el primer plano mientras portan una ridícula postura filantrópica tan incongruente por lo que piensan. Son una constante colectividad de edad media.


¡Ya basta de tanto alboroto, de quedarnos ahí mirando! La prevención es importantísima pero no lo es todo. La atención hacia los que ya están infectados lo es quizás aún más. Hay que educar a nuestros hijos, hay que incentivar nuevas posturas del pensamiento para evitar que el virus del VIH siga proliferando en la humanidad en las dos tendientes (infección patológica e infección mental). En vez de estar pendiente de condenarlos debemos sensibilizar la situación incluyéndonos en ella. Hablando no se soluciona el problema, ¡hay que actuar de verdad! Dejemos de juzgar a las personas que por X circunstancia contrajeron el virus. Sólo así podemos erradicarlo de nuestra historia, tomando las acciones correspondientes, deshaciéndonos de los moralismos, extendiendo nuestras manos y obligando a que los gobiernos e instituciones investiguen hasta encontrar la vacuna.

Usted se preguntará a estas alturas ¿a dónde quiero llegar? Yo le contesto diciéndole: sinceramente quisiera que el VIH no fuese una terrible enfermedad mental en la sociedad, que nos impide ayudar a quien lo necesita. El que le hayan cerrado las puertas a una joven de 25 años por padecer SIDA me provoca un amargo dolor tan inexpresivo, que como se dará cuenta es poco a donde me ha hecho llegar. No quiero aquí haberles transmitido “conocimientos de prevención y tratamiento de la enfermedad”, yo sólo quiero que tendamos la mano sin juzgar. Es poco lo que pude haberme dado a entender, pero sé que usted paradójicamente entendió entre tanta habladuría dispersa y fuera de un punto crítico.

Sé que ni convirtiéndome en Honoré de Balzac lograré narrar lo que los ojos de mi pareja vieron en esa guardia, aunque conserve las impresiones del momento, cuando ella le decía “vamos, respira… no te rindas” desesperada, viendo cómo la joven se aferraba a la vida sosteniendo con las pocas fuerzas que aún traía consigo la mascarilla del oxigeno, y respondiendo con dolor: “sí do… doctora… yo… yo… vo, voy a… vivir”. Yo me aferro a la vida porque aún estoy aquí. Aunque tengo tales impresiones en mi cabeza, jamás lo llegaré a reflejar tal cual, y por ésta certeza, sé que ustedes tampoco jamás lo verán… por eso les deseo salud con toda mi alma, agradeciendo que en el mundo hay personas que pueden más que las controversias de la sociedad.

Hoy agradezco a los médicos valientes que contra todo pronóstico no se rinden. Hoy agradezco que sin esos valientes vestidos de blanco, nos sería imposible ver otro amanecer, como el que seguramente hoy vio aquella joven llamada Ana, que no está del todo fuera del peligro de la neumonía y que todos esperamos que salga de ella… y que hoy, aunque a nadie le parezca importante, agradece con todo su corazón que la doctora le haya permitido ayer 27 de mayo de 2008, vivir un día más… antes de bajar la guardia.


Que el Universo los Bendiga a Todos.

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NotasDelPost: El agradecimiento es total y completamente sincero, a todos aquellos profesionales de la medicina que ponen sus manos al fuego con tal de permitir que la algunos tengan otra oportunidad para comerse un helado y para echarle la bendición a sus hijos. Sin ellos no sería posible cierta longevidad en un mundo tan contaminado como éste. Por otro lado, felicito a los valientes que cada día sobreviven y batallan el virus de la inmunodeficiencia humana con ahínco, ignorando a quienes los discriminan injustamente. Les pido a través de éste post –aunque no lo lean- que nunca se rindan, porque siempre, podrán apreciar con mayor valor que los demás los nuevos amaneceres. Por otra parte, más que una Crítica como tal (muy posiblemente no tiene la estructura de las "críticas"), este escrito libre lleva más consigo de lo que realmente aparenta.

AudioPost: Sergei Rachmaninov -|Three Symphonic Poems|- The Rock Op. 7 / The Isle Of The Death Op. 29 / Prince Rostislav (1891).


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"Las Estrellas Se Alcanzan"

::Ed:: y ::El Impío::

::Reservando Mis Derechos::


Hoy es el Día Mundial de la Propiedad Intelectual (Derechos de Autor)…

Y acabo de instalar Windows XP Services Pack 2 (Con crack). El programa lo compré como copia. Vino en un CD regrabable. Una amiga me dio una clave corporativa para que el parche de Microsoft llamado Windows Genuine Advantage (WGA) no me joda en un futuro, puesto que al colearme el sistema verá mi maquina como una de las tantas que forma parte de una red empresarial que pagó millones para instalar la ventanita en sus ordenadores.

Instalé una serie de programas que, me han parecido útiles (Adobe, Enciclopedia Encart, Photoshop, Nero, Microsoft Offices 2008, entre otros). Cuando los copiaba en la partición, agradecí el hecho de que la compra de los mismos no haya podido superar mi presupuesto, ya que estos programas son excesivamente caros pero, los piratas prácticamente los regalan.

Al tener todo listo, comencé a copiar los respaldos que grabé en CD’s de DVD de una marca cualquiera. Me sentí vivo cuando volví a ver mis 20GB de Mp3 –que bajé con programas ilegales- sobre el disco duro. (Tengo discografías [En Mp3, Wma, Mp4, Wav…] completas de una variedad de artistas musicales que ni se imaginan).

Instalé BitTorrent; LimeWire; Ares, eMule (Para seguir bajando música de lo lindo). También metí los emuladores de consolas de video juego (Play Station 1 y 2, X-box, Wii, Sega, evidentemente con sus respectivos roms o salas de juego).

Guardé las imágenes que he cogido de la internet –sin permiso-; recordé la pelea que tuvo Metallica con Napster (Eran buenos esos tios).

Pensé que, gracias a todo esto, prácticamente he ahorrado millones de millones que, en otras circunstancias sería mi ruina. Entendí que el ocio es la madre de todas las enfermedades. Me reí de las ideas; y pensé: ¿Algún día existirá un reproductor en masa (Contrabandista) que robe mis obras escritas (Espero que para las fechas ya publicadas) y las venda por ahí a módicas sumas?

No sé si mi trabajo literario merece tal satisfacción. Pero si algún día, escribo un poema, una novela o un cuento cualquiera que, logre trascender a niveles inimaginable; y si en tal efervescencia he de padecer el hurto que muchos creadores, artistas, diseñadores, imaginativos, pensadores; entre otros, han vivido bajo tales afrentas desde la revolución industrial (Y desde la implantación histórica que la Industria del Entretenimiento tuvo sobre las sociedades); estoy completamente seguro que no me molestaré, así no esté ganando un solo penique por dicho fenómeno.

Puesto que en mi religión el desprendimiento es importante. Pero más que todo, la aceptación. ¿Si me he nutrido y valido de herramientas, trucos y artimañas para tener todo lo que quiero en un simple disco duro, por qué debo molestarme si alguien compró una obra por la mitad de lo que costó? ¡No hay moral para ello! Por tanto, creo conveniente concentrar las energías en la idea de que me están leyendo, a que alguien se está valiendo de mi trabajo para lucrarse.

Al diablo. A lo mejor así le cogen cariño a las cosas, y se compran de esas ediciones caras por amor al arte (Como hago yo con los CD’s de Rachmaninov… Que tengo muchísimos totalmente originales [Son re-caros]).

Pues espero que el Convenio de Berna, la UNESCO y los demás entes institucionales a nivel mundial que, dedican su tiempo a cuidar el trabajo intelectual de otros; no se molesten conmigo por mi descarada revelación, puesto qué, consideraría el hecho totalmente irrelevante ya que, en este mundo es imposible evitar copiarse.



¿Entonces para qué las quejas? Mejor seguir entonces bajando canciones, y libros virtuales.
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NotasDelPost: Gracias al Convenio de Berna por proteger las obras a nivel mundial. Gracias a la UNESCO por declarar los patrimonios propios de la existencia.

AudioPost: Jejejejejejeje... ;)

WebPost: UNESCO - Convenio de Berna - Dia Mundial De La Propiedad Intelectual
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"Estrellas Copyright xD"

::Ed::

::Señales::


Anoche volví a ver la película de M. Night Shyamalan; Señales, y sin pensarlo, no sabía cuantas veces la había visto desde su estreno en el año 2002. Nuevamente no pude dormir, después de verla. Sentía en la noche los chasquidos que los seres de azul emitían cuando se comunicaban. Me era imposible levantarme de la cama para ir al baño, puesto que sentía que estaban en la sala de mi casa, y como era de noche, sabía que no los iba a poder lograr ver por el cambio de piel ante el entorno.

Mi hijo dormía profundamente. Estaba en el otro cuarto, y en la casa reinaba un silencio desesperante, que hacia que pudiese escuchar su respiración, junto con el más mínimo ruido que lograse avecinarse por las ventanas. No podía dejar de pensar, si en algún momento de la vida, algo semejante podía pasar.

Era sábado, y a eso de las 3:45am mis ojos se cerraron, para volverse a abrir cuando soñaba que estaba luchando contra los alienígenas.

Decidí comprar una Katana, y dársela a un maestro herrero Japonés para que me la afilara, ya que solo ellos sabían como hacerlo religiosamente, hasta que la misma llegara al punto de cortar los huesos sin siquiera suponer esfuerzo. Mi paranoia me estaba llevando a planificar una acción futura, contra una invasión de ese tipo. Sabía que si compraba una pistola, la misma no me serviría para nada. Ya que en efecto no podría verlos; y como son tan rápidos, esquivarían mis disparos. Pero como tenia la certeza, de que Merryl, el personaje interpretado por Joaquin Phoneix, había logrado derribar a uno de ellos utilizando un bat de béisbol, estos invasores de otra galaxia jamás podrían contra la fuerza, delicadeza y precisión de una Katana muy bien afilada.

Pensar en la espada hacía que me sintiese seguro. Pero estaba durmiendo solo, ya que esa noche mi pareja se encontraba de guardia. Ella no se imaginaba que su esposo se retorcía en las sabanas de la cama, pensando en que cualquier momento, le halarían los pies y le inyectarían un veneno paralizante.


Era completamente ridículo, porque yo siempre me había caracterizado por ser un hombre de pensamiento abstracto-lateral, que no caía en suposiciones expresas en una film hollywoodense. Entendía muy bien las matemáticas, las ciencias de la naturaleza, la filosofía, la física y la química. Mis conocimientos me hacían invulnerable ante el entorno, evitando que cayera en manifestaciones efímeras y mal suplementadas, pero esa noche no contaba con una Katana que me hiciera sentir mejor, ya que me estaba ahogando en mis pensamientos y no había nada que pudiese hacer para aplacar mi miedo.

La luz de la mañana fue el catalizador que logró que mis ojos se cerraran para poder dormir un rato. Había amanecido, y no me arrepentía de haber visto la película, porque estaba en la lista de mis favoritas, lo cual me obligaba a que, indistintamente lo que causara ésta en mi, era regla fundamental volver a verla nuevamente cuando la pasaran en cualquier canal, así estuviese solo en una mansión embrujada.

La trama me cautivaba, porque se trataba de un suceso global que era relatado desde la perspectiva de un Sacerdote que había perdido toda su fe, por la anterior muerte de su esposa en un terrible accidente de transito. Ese evento le hizo perder toda creencia en el supuesto Ser que cuidaba de los seres humanos desde los cielos. La muerte de su mujer, era la razón por la cual sus hijos se habían distanciado de él, en conjunto a la mudanza de su hermano menor a su casa, quien decide vivir con ellos para lograr consolarlos.

Graham, interpretado por Mel Gibson (Quien no se ganó el Oscar porque, no le salió una lágrima en la escena cuando estaba conversando con el emocionalmente consternado personaje que había matado a su esposa, -interpretado por el mismo M. Night Shyamalan- justo cuando éste, decidía irse de su casa después de haber librado una batalla con un invasor) mostraba un carácter frió en la vida que lo aislaba de la misma, observando a la sociedad con un nihilismo característico que le impedía asumir con certeza lo que estaba pasando en la tierra, alejando de su mente y corazón, cualquier prueba o razonamiento de que en el Universo existía un Dios.


Graham, tenía un cultivo de maíz, que había sido utilizado por un guía de la invasión extraterrestre, para marcar las señales por las cuales navegarían las naves. Estas señales en los cultivos se basaron en una especie de geometría astrofísica, doblando los maizales para crear la forma, logrando que la misma fuese visible desde el cielo. Todo este evento se estaba celebrando en el mundo, mientras sus hijos se perdían en la reveladora realidad que el televisor, a través de las noticias mostraba. Era la nueva era, el descarte de toda ciencia escrita en los libros, el evento que marcaría para siempre la psiquis humana y los conocimientos sobre el universo. Pero Graham no se dejaba cautivar por esto, ya que según él, existían dos tipos de personas en el mundo: Las que creen ciegamente en el destino, en la no posibilidad de las casualidades, y las que no creen en destino alguno sino que, consideran todo como un evento probable, descrito sencillamente con el nombre de la suerte. El grupo uno, eran los que observaban estos hechos como un milagro, mientras que el grupo dos, eran los que lo veía como el inminente fin del mundo.

Aunque dentro de estos dos grupos, existían una variedad inmensa de subgrupos, Graham se limitaba a generalizar sobre dicha filosofía mientras su hermano, buscaba desesperadamente despertar la fe del antiguo sacerdote. Y era precisamente esa diatriba la que lograba que mi piel se erizara, cuando el protagonista, teniendo en frente al invasor, aun se atrevía a dudar sobre la existencia de este hecho, resignándose ciegamente a una muerte segura, al lado de sus seres amados. La trama sutil de la película, era ese desesperado intento de Graham por llevar la fiesta en paz, por aparentar ante sus hijos que no tenía miedo sino; duda, y ese hecho era el que lograba aumentar las palpitaciones de mi corazón, enterrando para siempre los films sobre alienígenas e invasiones tales como: Depredador, Alíen, Día de la Independencia, entre otras.

Las películas sangrientas eran completamente irreales, lo cual hacia más fácil verlas desde el ojo del entretenimiento, mientras que Señales era de esas películas que te marcaban, porque mostraban “Señales” sobre el mundo que nos rodean, poniéndote a la par de cualquier ser humano en el planeta, ya que en la trama, se observan los recuerdos del padre al momento de perder a su mujer. Lo cual le causó una conmoción eterna que, requirió de un evento muy extraordinario que le hiciera volver nuevamente a su fe.

El cuestionamiento de la misma y la invasión extraterrestre, son temas tan diferentes pero a la vez tan relacionados, que sin duda lograron que M. Night Shyamalan, se ganara mi respeto por la eternidad. Era tan solo una película, pero esta surtía un efecto en mí, inexplicable.


Completamente sencilla, sin mucha pomposidad, sin efectos especiales arriesgados. Solo la cuestión de la fe y el miedo humano.

En la mañana siguiente conversaba con mi esposa, y ella me confesaba que también sentía ese terrible miedo cuando veía la película. Yo le pregunté “¿Por qué los seres humanos sentimos miedos de esas cosas?” Ella suspiró, mientras calentaba el café, para luego voltearse y decirme “No lo sé, será porque no sabemos nada sobre eso”.

Y de repente, mi pensamiento comenzó nuevamente a girar a ese campo en donde tanto me gusta tenerlo, para poder dominarlo.

Ciertamente como diletante (Y de los más difíciles) el Director M. Night Shyamalan logró arrinconarme en un oscuro lugar que me aterraba, lo cual certificaba su genialidad en las artes visuales, y su capacidad de lograr que el admirador se integre e identifique con su obra. Pero ya era hora de dejar a un lado el fanatismo, para comenzar a Analizar el Conflicto.

En la noche del domingo, y gracias a la política de transmisión de los canales de cable, TNT volvió a proyectar en el televisor de mi cuarto la película Señales, y aunque esta vez tenia la ventaja de estar acompañado, comencé a mirarla de otra forma, pues, aunque el evento se mostraba como un hecho sin igual, la pregunta que le hice a mi esposa me había sembrado en la cabeza la espiga de la duda, que me obligaba a estudiar el comportamiento humano, a entenderlo, para desfigurarlo y poder registrar los componentes de su anatomía.

Y pues, apagando el televisor, para sumergirme al abrazo del sueño reparador, comencé entonces a establecer los razonamientos que concilié, luego de ver la filmación por segunda vez, ese largo fin de semana.



A pesar de que somos nosotros mismos, los que colocamos dentro de los dientes de un alienígena, una especie de extremidad (O apéndice) tan parecida a una lengua pero en vez de esto, es otro juego de dientes. Y que, somos nosotros mismos los que dibujamos trajes biomecánicos, en donde se alojan seres de frágil anatomía que cuentan con habilidad telequinética y telepática, no existe evidencia alguna sobre la morfología y anatomía que un extraterrestre debería tener. Esto me hace preguntar: ¿Respiran oxigeno? ¿Necesariamente tienen que respirar? ¿Es estrictamente lógico le hecho de que tengan que parecerse a nosotros, es decir, bípedos, dos ojos, dos manos, altos, con nariz y sin órgano sexual a la vista?

¿Por qué son ellos los que cuentan con una tecnología más avanzada que la de nosotros? En efecto cuentan con ojos ¿Pero necesariamente ven los mismos colores que nosotros, sin mencionar las figuras y las formas?

Depredador (1987), de John McTiernan, mostraba a un ser que se valía de un sistema respiratorio que le permitía poder habitar en nuestro planeta. La gravedad de la tierra en efecto no le afectaba, pero necesitaba de un aparato que le ayudara a ver la luz infrarroja, la ultravioleta, los rayos gama y una serie de ondas imperceptibles para el ojo humano, lo cual le acentuaba cierta credibilidad que sin duda, perdía por completo al momento de molestarse en serio con su presa, quitándose los aparatéjos que consigo traía para poder habitar en esta atmósfera, lo cual parecía un milagro de la ciencia ya que la rabia lo hacia evolucionar rápidamente para dejar de respirar CO2 y comenzar a respirar el 16% de Oxigeno presente en el aire terrestre. Pero era esa necesidad de cazar, lo que en efecto cautivaba en cierta forma a los seguidores del film, haciendo que los mismos extraviaran dicha percepción.



Aclaro que no trato de llevar a un razonamiento lógico, los hechos narrados en las películas sobre extraterrestres, por lo cual aconsejo a los que no me conocen en la literatura: tengan paciencia ya que mientras más leen, más al punto se van acercando.

Estas películas logran un efecto hipnotizador, asustándonos a tal punto de llegar a la paranoia. Soy partidario de la creencia de que en el universo no estamos solos, de que existen sociedades complejas y desarrolladas, pero necesariamente estas no tienen que ser iguales a los miedos que llevamos con nosotros desde nuestra evolución en África. Los alienígenas no tienen que ser necesariamente grises, con cabezas grandes y una capacidad irrefutable de leer la mente humana. Si no comprenden nuestras palabras (Ya que en evidencia tienen que de por si hablar otro idioma) ¿Por qué saben entonces leer nuestras mentes y pensamientos según las películas y los libros de ficción? No le encuentro sentido a esto. Hay otros seres en el espacio, pero piensen en que tal vez no cuentan con la tecnología para poder atravesar galaxias enteras. A lo mejor nosotros contamos con un cociente de conocimiento sobre el universo más amplio que el de ellos.

Se han descubierto fósiles de bacterias que vienen en asteroides y meteoritos, y también se ha probado la existencia de vida en los rincones más inhóspitos de la tierra, como por ejemplo las calderas sumergidas (Chimeneas Hidrotermales) de la zona abisal del océano, a más de 11.000mts de profundidad, en donde se emana azufre, hierro y una cantidad enorme de químicos corrosivos a temperaturas que superan los 2.000 grados Celsius. Y en esos rincones, existen criaturas fascinantes, alienígenas en nuestra propia tierra, que rompen el paradigma de nuestro pensamiento lineal, ya que sin quererlo siempre creemos que lo que aplica para nosotros, aplicará para los demás seres vivos en el universo, y evidentemente, siendo el homo-sapiens una especie entre más de 55.000.000.000 en la tierra, estamos 55.000.000.000 (Cincuenta y cinco mil millones) de veces a uno; equivocados, según la probabilidad de Thomas Bayes.


Es imposible que en el espacio existan seres totalmente parecidos a nosotros. En evidencia hay vida en este universo, tal vez en esta misma galaxia, y seguramente en la próxima (Andrómeda). Pero estos seres no tienen que ser superiores en tecnología, o telequinéticos. Es decir, no necesariamente tienen que serlo, ya que siendo así tal vez ya estarían aquí. Con tantos conocimientos ¿Cómo no conquistar el universo entero? Así que en cierta forma respeto mucho estas afirmaciones, pero siempre debemos poner bajo la lupa el por qué “Creamos y Creemos” en seres espaciales, la índole clasificada por nosotros mismos. Mientras un perro utiliza otro mecanismo biológico para observar los colores, tan distinto al nuestro y tan alejado del mismo sentido de la vista que los calamares, o los peces tienen. ¿Por qué entonces esos aliens si ven bajo el patrón del prisma descubierto por Galileo? Pues no digo que no lo entiendo. En evidencia sí, pero quiero ahondar en otro tema para dar mi explicación según mi punto de vista.


Otra de las cosas que atienden a mi curiosidad en estos temas, es ¿Por qué precisamente somos nosotros los invadidos? ¿Victimas? No puedo entender porque siempre es a nosotros los que nos invaden. Mejor dicho, ¿Por qué tenemos que creer que nos invadirán primero a nosotros, los homo-sapiens, pobladores del tercer planeta de este sistema solar llamado tierra en el borde X de la Galaxia La Vía Láctea? Esta es tal vez la cúspide de la cuestión que se plantean en todos estos films, en programas de televisión por cable y peor aun, en libros como La Cuestión de los OVNIS y No Estamos Solos.



Viéndolo bien, esto solamente logra tergiversar la orientación de nuestra transferenciación psíquica en el conciente perceptivo, es decir, nos saca de sintonía en nuestros conocimientos, para sumergirnos a un mar de miedo que en evidencia dispare a la curiosidad dentro de nosotros, para correr compulsivamente a los anaqueles a comprar libros, películas y revistas de este genero para averiguar que pasará en el futuro, que se puede sacar del horóscopo y que inminente final nos espera. Entonces, la cuestión es: ¿Vamos a ser invadidos por extraterrestres o, nosotros mismos nos invadimos el psiquismo al pensar en estas cosas, ignorando por completo el comportamiento de la evolución en el universo? Más sencillo entonces: ¿Seremos invadidos por aliens, o es que estamos siendo invadidos por una industria que se basa en nuestros más primitivos miedos para vender un producto que logre enriquecer un sector? Tal vez este último planteamiento no sea del todo negativo, ya que en evidencia los Parafísicos y OVNISólogos deben comer al igual que nosotros. En cierta forma el tema tiene su encanto en series como X Files, pero no deberíamos permitir que nuestra perspectiva nos aniquile, ya que sin quererlo estamos volviendo a nuestra raíces primitivas, cuando en el pasado, hace exactamente 20.000.000.000 (Veinte mil millones de años) pensábamos que los animales pensaban como nosotros, apenas estábamos evolucionando la comunicación, la escritura y el lenguaje, y como todo lo desconocido, en nuestras mentes estaba infundido un miedo aterrador por las cosas que no comprendíamos, para lanzarnos desprevenidos al mundo del tótem, estableciendo rituales y creencias que lograran aplacar la ira de la naturaleza, evitando que el león nos devorara, y que la gacela insertara su cuernos en nuestros estómagos por venganza.


Antes creíamos que los dioses nos castigaban, porque desaparecían las especies que nos servían de alimento y provisión. Intentábamos aplacar dicha ira en conjunto con nuestro miedo, fomentando rituales que promulgaran el regreso de los animales. Y cuando estos escaseaban en serio, es decir, cuando los mismos no regresaban, así montáramos una Opera de perdón, los Brujos-Chamanes-Sacerdotes prohibían la cacería del animal en cualquier territorio, convirtiendo al mismo en un símbolo totémico, sagrado e intocable, sacrificando a su nombre a la primera mujer virgen que sangrara por su sexo (El desconocimiento completo del ciclo menstrual femenino, fomentaba la creencia de que una mujer que sangrara, era impura, y desataba la ira de los dioses, haciendo que los animales se ausentaran; se consideraba esto como una especie de venganza de la naturaleza, por comernos a los animales dispuestos en la sabana). Mientras que, por pensar en esa forma no nos dábamos cuenta, o no existía la manera de darnos cuenta de que, si cazábamos sin medir y racionar el animal en sí, este se extinguiría. No nos fijábamos que los herbívoros emigraban a zonas más fértiles, ni logramos ser capaces de domesticar dichos animales para poder hacer que se reproducirán. Consideren entonces cuantos años nos requirió invertir para descubrir los beneficios del cultivo y de la ganadería, y todo esto lo logramos cuando comenzamos a ser concientes de nuestro entorno, registrando el comportamiento del mismo para comprenderlo.

El Neardental se extinguió por no saber como controlar el fuego. El homo-sapiens surgió por su habilidad para poblar nuevos terrenos, y ha sido la única especie terrestre en llegar a otro cuerpo en el espacio (Me refiero en evidencia, a la Luna) Así que, basándonos en nuestra historia ¿Por qué no podemos ser nosotros los que vayamos a invadir otros mundos ricos en civilizaciones desarrolladas? Lo hacemos a diario, entre guerras tanto bélicas como económicas, por lo cual deberíamos quitar el por qué y establecer el “seremos”. Seremos nosotros los que viajemos por el espacio y poblemos otros lugares. Como muy bien lo pronosticaba el film Matrix, en su primera entrega, en donde se plantea la comparación del humano con el virus. Invadir, reproducirse en grandes cantidades, agotar los recursos, y emigrar a otro huésped (Planeta-Galaxia).



Tal vez seamos nosotros los invasores, cuando los miedos queden suprimidos en la gran pantalla para siempre. Porque somos así, esa es nuestra naturaleza. Los humanos tememos a lo que no conocemos y “pintamos con ocre en las rocas” para totemizar al ser que no logramos hacer que nos perdone o entienda. Por esto es que creamos semejantes seres con poderes sobrenaturales, estableciendo el deseo de lo que queremos ser: seres sin ropas, telequinéticos, con tecnología ilimitada y con la habilidad suficiente para aprovechar los recursos de los planetas ricos y terraformar a los planetas carentes de vida.

Tenemos una imperiosa necesidad tan absurda como las mismas películas. Una necesidad que radica en el deseo de sentirnos victimas, de sentirnos vulnerables ante el universo, cuando en realidad somos extremadamente peligrosos para este ultimo. Somos una especie dominante, y cuando entendamos el factor que compone a la vida en el espacio, en evidencia seremos nosotros los que intentaremos dominarlo.


Tememos a lo desconocido, pero cuando dominamos esto, destruimos e infundamos miedo. Por esto, en caso de una invasión no deberíamos sentir miedo porque, a raíz de la historia sádica de la humanidad, y de su deseo de dominar y dominar, se crearon armas filosas, con pólvora y nucleares. Creamos formas de arruinar a sociedades enteras a través del hambre, la sequía y la contaminación, para que se rindan ante la superioridad del humano que domina al mundo. Sentimos el deseo de registrar, explorar, estudiar y observar, para establecer tácticas militares, que nos permitan conquistar en el menor tiempo posible, cualquier lugar.

Así que, debido a todos los hechos que enmarcan la histórica violencia de los seres humanos, creo que no es necesario estar temiendo de los extraterrestres, alienígenas y otros seres, así estos viajen en naves de papel maché con motores impulsados con vapor de neutrino puro.

Pero si deberíamos recuperar la fe, en que podemos ser mejores, dejar de tenerle miedo a estos eventos y comenzar a cuidar a nuestro planeta que desde hace muchos años comenzó a dar Señales porque nos necesita. Y es por eso me gusta tanto esa película. No por el alien en sí, sino por ese mensaje que nos dice; Recupérate, busca nuevamente y cree en ti, en lo que te rodea, acatando las señales que indican el status de tu mundo, del prójimo. Da de ti, entrega sin pensar en beneficiarte, abriendo tus brazos y acogiendo al necesitado.


Este planeta nos necesita, hay aire que tenemos que limpiar, hay millones de suelos por sembrar y recuperar. Debemos encontrar maneras de poder utilizar combustibles que no contaminen y que nos quiten esa grosera dependencia de los fósiles. Hay que hallar maneras de eliminar el hambre en el mundo, de aminorar la brecha entre la pobreza y la riqueza. Somos lo suficientemente inteligentes para crear nuevas tecnologías que nos ayuden a prevenir enfermedades de muerte trágica. Debemos tener la equidad suficiente para considerar a los que ciertamente necesitan de nosotros.


No deberíamos ser tan egoístas. Tenemos que dejar de temer de nuestra imaginación, para evitar caer en la retórica del tótem, porque esto nos confunde, y logra que nos perdamos en el camino que debemos mejorar, evitando que, pongamos cuidado y atención a las señales que cada día se nos presentan en nuestras vidas. Esas que nos indican en cada momento, en que debemos tomar acciones para preservar el mundo, para contaminar menos, para erradicar la hambruna y evitar las guerras absurdas.

Espero que de verdad, algún día los humanos caigan en cuenta de lo que estamos haciendo, ya que sinceramente quisiera que las generaciones venideras se beneficiaran del mundo como lo conozco. Y aunque la historia me ha dicho que anteriormente era mejor, más limpio y hermoso, espero que no continuemos desaprovechando este grandioso planeta, que no malgastemos los recursos de forma deliberada y sin renovarlos porque ciertamente si seguimos así, La Tierra ya no será atractiva para los extraterrestres que deseen invadirnos, porque, ¿Quién se atreverá a pelear por un planeta extinto?.

Por esto, advierto a todos los alienígenas del universo, a que se preparen para una posible invasión de los homo-sapiens. Ya que si estos no aprenden a cuidar el mundo que tienen y siguen comportándose como un virus, será completamente inevitable que en un futuro, busquen un nuevo planeta para devastar, y en evidencia, será el primero que encuentren lleno de riquezas y recursos (Como el de Usted, amigo del espacio) al cual llegarán para acabarlo.


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NotasDelPost: Gracias por leer.

AudioPost: Sergei Rachmaninov - The Bells - II Lento Op. 35. / A Perfect Circle - Passive.
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"Las Estrellas Se Alcanzan"

::Ed & El Impío::

::De Cómo Justificar mi Dialéctica “Me Voy a Poner Tetas si no Logro Ser Escritor”::


(2007 - Rv. 2010)
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Todo comenzó así; una mañana desperté, y al rascarme los ojos para quitarme las lagañas, me dije:

Si no puedo ser escritor, me voy a operar las tetas.

Y comencé a afeitarme mientras mi mente maquinaba la promesa que ante un espejo y unos ojos con lagañas difíciles de quitar se concebía una y otra vez, una idea que comencé a tomar muy en serio. Algo que muchas veces dije de forma chistosa.

Resulta que desde pequeños siempre vivimos entre fantasiosas ilusiones, embriagados de la palabra sueños; quizás porque nuestros abuelos nos cuentan historias heroicas de cómo los grandes hombres lograron alcanzar lo que se propusieron (vale destacar que nunca conocí a ninguno de mis dos abuelos). Entrando en la adolescencia, entendemos que los sueños requieren mucho trabajo y esfuerzo, y comenzamos a poner todo nuestro empeño en el bachillerato para obtener buenas calificaciones. El amor joven y las ilusiones nos invitan a seguir el ejemplo de esos grandes ídolos que contemplaron en sus vidas la flor del éxito. En la universidad, nos damos cuenta de que dichos sueños son realmente objetivos trazables que no sólo requieren de trabajo duro sino de proyección, negociación y desarrollo para poder conciliar resultados en un futuro bien sea próximo o a largo plazo, rebasando así, en nuestro camino propio, a los tótems del éxito (entiéndase este vislumbramiento totémico de forma general, abarcando desde grandes científicos, emprendedores industriales, artistas y estrellas de rock).

Cuando entramos en la fuerza laboral del sistema social al cual somos parte, comenzamos a contemplar el transcurso del tiempo antes de lograr los sueños-metas-objetivos como una etapa de inversión, es decir, nuestras vidas se ven volcadas al sacrificio, al esfuerzo continuo, diario, donde el todo se invierte en el desenvolvimiento profesional. Es en esa época cuando inicia la construcción de la estabilidad laboral personal, ello se traduce entre 5 o más años continuos en una empresa o institución de ene envergadura, donde procuramos cubrir nuestras necesidades básicas de subsistencia independiente (despaternalizada), haciendo un espacio a veces muy difícil para ahorrar, esperando poder moldear poco a poco, las herramientas necesarias para comenzar a trabajar en pro de las metas trazadas en los días de estudiante universitario. Estas metas son nuestro proyecto personal de mayor ambición (en la vida) donde creemos que nos colocaremos en el escaño de lo que llamamos éxito.

Pero los años pasan, y esas metas se hacen dependientes de las condiciones impresas por la experiencia particular, paterna (proyectada) y social, amontonándose en una avalancha de preceptos que se transforman en desvíos de proyección futura. Es decir, comenzamos a aceptar que sencillamente algunas cosas no pueden ser por lo que implica su desarrollo en la realidad. Nos desviamos de lo que queremos encasillándonos en la frustración de aceptar lo que tenemos más allá de lo que realmente deseamos. Más allá de donde realmente queremos estar.

¿Pero qué pasa cuando hay en ese sueño-meta-objetivo un no sé qué que lo hace más especial de lo normal? Debemos aceptar que existen casos en que los sueños son directamente proporcionales a un talento, a una aprovechable habilidad que se manifiesta en nuestros cuerpos y mentes como una especie de fuerza sobrenatural regida por el instinto puro en un primer momento y luego, ordenado en reglas estéticas que demandan un desenvolvimiento particular haciendo concebible la idea de llevar dichos talentos a la realidad en forma sistemática.

Digo "debemos aceptar" porque así es mi caso. Cuando niño siempre fui atento al mundo desde mis estudios primarios, pero antes del divorcio de mis padres (y del inevitable comienzo de mi vida traumática-infantil por el comportamiento de mi papá después de la separación), mi madre notó en mí ciertas aptitudes que le parecieron pertinentes a sacar provecho. Me inscribió en una pequeña academia de pintura y dibujo en el sector Coquivacoa de Cabimas, un pueblo en la Costa Oriental del Lago en el Estado Zulia donde sus habitantes creen que en realidad es una ciudad.


Mi madre, buscando soluciones al problema del cuidado de sus hijos mientras trabajaba en los comercios de su esposo, ocupó nuestras tardes (me refiero a mi hermano y a mí) luego del colegio al modesto taller de dibujo. De inmediato, la progresiva imaginación que llevaba en mis venas comenzó a sobreponerse. Con mis creaciones de muchachito comencé a atrapar fijamente la atención de mis profesores. Mis dibujos fueron compartidos de profesor a profesor. Resulta que cuando recibía clases en el taller de Dibujo Infantil, la profesora les pedía a todos los niños del salón que dibujasen una casita. Todos los niños contemporáneos a mí en esos años hacían lo que se les pedía, mientras yo iba más allá del requerimiento de la maestra pues, dibujaba ciudades completas. Mi imaginación trazaba en el blog de dibujo estructuras complejas, con vehículos, edificios, cables eléctricos, y un sinfín de cosas que proyectaba perspectiva. La maestra entusiasmada comenzó a hablar con el Director de la escuela para que viera mis dibujos. Apenas tenía 5 años y ya podía pensar en forma abstracta, lo que motiva al Director en una reunión con mis padres, proponer adelantarme de grado para desarrollar el talento creativo que había en mí, pero mi padre, siendo un sagaz lince en los negocios (más que todo un vil avaro) notó que la prima a pagar aumentaría al pasar de grado, entonces por ello desistió de la idea y obligó a mi mamá para que me sacara de la escuela. Evidentemente ella se negó, pero mi padre –comerciante al fin- al ver que no lograba persuadirla adoptó una estrategia infalible que llegó incluso a conservar toda su vida para la disuasión.

¡Ve mija, en esa verga lo que hay es puro maricos! Ahí lo único que le van a enseñar es mariqueras… eso es una gasta’era e’ cobres pa’ que aguevonéen al muchacho, ¡no, no! Sacá a ese muchacho de ahí porque yo no voy a ser el responsable de eso… yo no voy a pagar pa’ que lo vuelvan marico.

Mi madre, embargada por la ingenuidad y el miedo, acató la recomendación (amenaza; que luego terminó en los tribunales cuando el divorcio) de mi padre y me sacó de la escuela de pintura pues, la hipótesis de que yo iba a parar a marico se reforzó cuando comencé a dibujar piezas abstractas.

Como siempre terminé adaptándome. Pasaron los años, y cuando cumplí 8 en esta vida comencé a pensar, a querer, a desear y a soñar con estudiar Arquitectura. Me sentía fascinado por una arquitecto que vivía detrás de mi casa. Para ese tiempo mis padres ya estaban divorciados, y ya yo tomaba conciencia de que mi papá tenía en sí cierta naturaleza maliciosa cuando comenzó a abusar despóticamente de su poder desde sus riquezas monetarias. Mi madre en cambio se dedicó a la crianza solitaria y estoica de sus dos hijos, con un esfuerzo sobrenatural y con un amor casi inagotable. En mi mente había dos imágenes: en una estaba mi papá, una figura egoísta con mucho dinero, y en la otra mi madre, una mujer humilde que trabajaba muy duro por levantarnos a mi hermano y a mí. El tiempo pasaba mientras seguía cosechando las ganas de estudiar arquitectura, y esas energías de mi cuerpo se manifestaban en otras formas. No era bueno en el béisbol (me refiero jugando) pero era excelente planeando estrategias de juego. Igual lo era en el fútbol y el básquet, cosa normal en mí pero para la sociedad (el pueblo de Cabimas) era un peo pues, yo no seguía los patrones esquemáticos de comportamiento que siempre eran los mismos: maltratar a las mujeres, beber cerveza hasta reventar, fumar, llegar tarde a casa, gritarle a la mamá y por ningún motivo afeitarse el vello de las axilas (había que tenerlas a lo Julia Roberts).


Yo era un soñador nato. Casi sonámbulo. Un muchacho con una bandada completa de pájaros preña’os en la cabeza, y a mis 11 años, conocí a una persona que se encargó de orientar el vuelo de esos pájaros. Me refiero a quien ahora llamo mi maestro; el Prof. José Alberto Espinosa, un guitarrista académico internacional que venía una vez al año en épocas decembrinas a la casa de su madre (vecina) y con su guitarra cautivaba a todo el que pasara –en especial a mí. En esos escasos días de mi niñez me la pasaba pegado a la reja del frente de la casa de la Sra. Ramona para escuchar tocar a Alberto. Sus arpegios versados me instruyeron el camino a la música. Comencé a amarla perdidamente. Quería aprender. Deseaba tocar como mi maestro pero, algunas condiciones lo evitaron. Yo no tenía dinero para comprarme una guitarra. En mi ignorante inocencia le pedí a mi papá que me regalara una. Inclusive, un músico de la localidad que conocía a Alberto y que también era amigo de mi padre, le comentó que en efecto el maestro Espinosa era hijo de uno de los grandes músicos no reconocidos de Cabimas (el Señor Ramón Espinosa) y que era bien que su hijo quisiese enseñarme, pero mi padre como siempre, evaluando los costos de una guitarra, se armó de argumentos interminables (entre ellos que eso era pa’ maricos) y apenas me compró un modesto un Cuatro. Me conformé, porque mi mamá me decía “hay que arroparse hasta donde lleguen la sábanas”. Así que no chisté e imperiosamente tomé una que otra lección de Cuatro, pero no con Alberto, sino con su odioso hermano Willie (sí, se llama y se escribe así). El maestro Willie, no tan pródigo como su hermano, se valió de cuadernitos para enseñarme una que otra nota en el Cuatro. Yo no le tenía paciencia. Ni él a mí. Entonces mi mamá decidió que no más porque yo no quería aprender, cuando en realidad deseaba con toda mi alma que el mismo Alberto me enseñase. Apenas si lo hacía una vez por año. Sí, así mismo como se lee; ¡una vez por año!

A los 13 años me sabía 7 canciones en el Cuatro, y los vecinos me odiaban porque no dejaba de tocarlas y cantarlas (Compadre Pancho, La Noche Azul, una canción evangélica y otras por allí). Luego un día, en casa de mi abuela, descubro que un vecino tenía una guitarra que casi ni usaba. Aproveché la ocasión y me hice su amigo, cosa que me fue fácil porque siendo hijo de un hábil comerciante sabía cómo negociar. Ese “amigo” me prestaba su guitarra cada semana por un día, hasta que luego de unos meses se obstinó de mi insistencia, y en una desesperada estrategia monetaria vendió la guitarra para pagar unas deudas. Ahí murió mi esperanza de ser músico, pero en ese ir y venir me quedó un excelente oído musical que sorprendía vivazmente a mi maestro cuando venía a Cabimas y conversábamos.


Con el tiempo logré destapar dos caños de mi talento: la visión abstracta y la apreciación musical, pero usted dirá: ¿qué tiene que ver esto con el hecho de que me pondré tetas si no llego a desarrollarme profesionalmente como escritor? Pues más adelante lo entenderá. Estese tranquilo y siga leyendo.

A mis 15 años estaba en una depresión que me fue difícil sobrellevar. Mi alma sencillamente no podía con su propio peso. Mi promedio escolar era de 11.3… ¡malísimo! Entonces así fue como le dije adiós a la Universidad del Zulia porque para entrar allí, mínimo: 14 puntos en promedio. Y si quería ingresar a la escuela de Arquitectura necesitaría mucho más. No podía devolver el tiempo. Mi sueño de ser Arquitecto estaba devastado, y para consolarme comencé a trabajar con mi padre en sus negocios de construcción (de casas cuadradas y feas). Abandoné los estudios de bachillerato y comencé a adoptar el patrón cabimense (ese que describí más arriba) aceptando mi posición en la vida. Las ilusiones se perdieron y la resignación apareció, pero para mi gracia fue por poco tiempo. Digamos que una intervención vital me encarriló de nuevo.

Dos meses antes de cumplir 16 años, un viaje a la ciudad de Maracaibo comenzó a cambiar mi percepción con respecto a los sueños-objetivos-metas. Esa vez le tocó a mi amada tía Mariela. Al verme lúgubre y vacío se desesperó por levantarme el ánimo. Decidió llevarme a la que sería mi primera Feria de la Chinita, donde conocí a una dulce niña de 15 años. Me enamoré perdidamente. Se trataba nada más y nada menos que mi primer amor. Esa noche del 17 de Noviembre de aquél año viví la experiencia electrizante del primer encuentro con el amor. Sus ojos, sus manos, su rostro ¡todo se robó mi atención! Removiendo poco a poco mis ilusiones. Embobándome como siempre lo fui. Entonces la realidad se destacó. Ella vivía en Delicias y yo era pobre, sin carro, ni familiares con carro que me llevaran desde Cabimas hasta su casa. Todo ello se resumió a que nuestro noviazgo estaba limitado al beneficio del teléfono público.

Ese fue un claro factor crucial porque, era la única forma de mantener ese amor en la distancia. Yo la amaba más de lo que ella a mí, así que debía garantizar mi supervivencia en su corazón (si es que quería cumplir mi deseo de besarla). Intrépidamente comencé a robar las revistas Cosmopolitan y Vanidades de mi madre para recortar los poemas y tips para enamorar. ¿Qué por qué los recortaba? Pues, mi padre tenía un trauma mental de que todo lo que no se hiciese bajo el patrón cabimense era de maricones, pues imaginen ¿qué hubiese pensado si me agarraba con un montón de revistas de mujeres? He ahí la razón de los recortes. Con lo que ganaba trabajando con él, compraba tarjetas telefónicas para hablar con mi novia a distancia. Todas las noches le recitaba los poemas que encontraba con astucia en esas revistas. Con el tiempo, la actividad se hizo tan común que los poemas de amor se acabaron, y mi madre casi me mata cuando se dio cuenta que era yo el que rompía sus revistas. La pubertad me enloquecía, había demasiada testosterona en mi cuerpo. El sólo deseo de imaginarme rompiendo la variante de la virginidad me mantenía motivado para vociferar frases y poemas propios cada vez que la llamaba por teléfono.


El problema fue que el tiempo siguió transcurriendo, y dicen que el poder de la piel es más fuerte que la palabra. En una fiesta familiar me enteré que Cecil se había besado con su primo Luis; eso me destrozó el corazón y me enseñó a sentir celos. Pero como en las clases de dibujo y las improvisaciones en la guitarra, nada fue en vano. El tercer caño de mi alma se destapó: La poesía apareció en mi cuerpo.

Acepté la derrota y vi que era imposible tratar de hacer vida como arquitecto (claro, no tenía el promedio) e igualmente contemplé que quizás intentar conquistar el mundo con una guitarra era completamente absurdo, más que todo si no se tenía dinero para comprar una. Y la poesía, ¡ay la poesía! Simplemente se había transformado en un arma que me ayudaba a conquistar mujeres en las esquinas de mi casa, no sin mencionar que mejoró mi habilidad para decir mentiras, estructurar frases y expresarme con grandilocuencia.

Aceptando muchas cosas en todos esos años subsiguientes, comencé a estudiar en el Instituto Universitario de Tecnología de Cabimas (¡a mucha honra nojoda!), diciéndome esa vez que todo sería diferente, que un cambio trascendental se daría en mi vida llena de tanta mala leche. Estudiando en la extensión de Ciudad Ojeda me transformé en la sensación de mi casa de estudios. Heredé en poco tiempo una obsesión por las bibliotecas. Me devoraba cualquier libro que encontrase con el fin de aprobar todas las materias con un promedio superior a los 17 puntos. Y así iba. En las clases me gané un eximo prestigio entre los profesores y alumnos gracias a las horas invertidas estudiando con tanta pasión. Era un excelente expositor, y desarrollaba muy bien los trabajos de investigación, tanto así que se convirtió en un negocio que me ayudó a mantener mi carrera (vendía mis trabajos de investigación). Llegué a dar clases bajo la supervisión de muchos profesores que tocaron mi corazón, que vieron tantas cosas en mí que mucho tiempo ignoré, o sencillamente viví sin su consciencia. Me gustaba mucho ir a clases. Cuando llegaban las vacaciones metía materias en verano, pero a veces no podía por la prelación. En esos “entresemestres” sentía miedo de que todo se derrumbara nuevamente como en otras ocasiones por descuidar el trabajo duro hacia los sueños y las metas, así que para mantenerme fresco me puse a entrenar leyendo, pero como la biblioteca estaba cerrada no tenía otra opción que pedir prestado libros a las personas que me circundaban (vale decir que no tenía dinero para comprarlos) y les digo señores que pasaba muchísimas horas del día leyendo libros, en especial los libros de psicología y filosofía de mi tía Mariela quien en su juventud tenía el “sueño” de ser psicóloga y estudió 2 años en la universidad pero tuvo que dejar la carrera cuando se casó y tuvo a su primer hijo.

Horas y horas en esas vacaciones mientras las personas en Cabimas jugaban agua, tomaban cerveza, tenían sexo sin protección y se enamoraban en el candente verano. Lo único que yo hacía era engordar kilos y leer cuanto libro se me atravesase. Lo disfrutaba ¡en verdad amaba la literatura! Hasta que así los años se fueron cosechando y la graduación llegó (por secretaría porque ni pa’ anillos ni pa’ nada).


Probé mi suerte. No era arquitecto, ni músico, ni mucho menos poeta. Era T.S.U en Administración graduado con honores, primero en su clase. Me sentía embriagado. Lleno de la seguridad de que se me abrirían muchas puertas en el mundo del desarrollo profesional. El éxito estaría a dos segundos de la graduación ¡pero no! Nuevamente el compendio social-político-económico de mi país conspiraba para que una vez más, mis sueños se cayeran. Era la época del paro petrolero. Era imposible entrar a trabajar en la industria petrolera (como todo cabimenses los sueños se reducen al simple hecho de poder trabajar en PDVSA [cultura del petróleo, como le dice mi maestro]). Me tocó incorporar a mi vida un tanto de pensamiento comerciante con una pizca de religiosidad. Con la fe y la esperanza de que algún día tendría mi propia empresa de telecomunicaciones, monté un tarantín en la calle donde alquilaba teléfonos celulares (Movilnet, Telcel, CANTV. Digitel no porque no llegaba señal en el Zulia) consolándome con la idea de que si Dios me veía trabajar duro, me abriría las puertas del cielo para que el éxito se incrustase entre mi piel.

A pesar de que era una paja sacrificionista, en cierta forma así pasó. Pero luego de que Telcel [no existía Movistar] me cortó dos teléfonos por “aplicación ilícita de la línea con fines comerciales” y un antojoso hijo de la calle enamorado de mi Movilnet me lo robara, mis esperanzas de empresario estaban fraguándose en un tanque de magma. Debía demasiado dinero por la reactivación del teléfono y la compra del otro. Pero un día una señora de avanzada edad se acercó a mí.


Ay mijo, Telcel.
Tome. Le dije.
Aló, ¿que fue mijíta cómo estáis? ¿Qué fue, cómo sigue Chepina? ¡Ay aquí mija, con un dolor en la pierna! Ajam… decime pues si me va a ver la Dra. [¿?] Ay mija Dios te bendiga, gracias, bueno sí… decíle que yo le voy a llevar el dulce de hicaco. Chao pues, Dios te bendiga.

Su conversación fue tan normal como muchas otras. Yo supuse que debía chequearse o algo así, por eso de la doctora (quizás en el hospital de Cabimas, por su dolor en la pierna).

¿Cuánto es mijo?
Dos mil bolívares señora.

Pasó un rato mientras la señora desesperada buscaba en su cartera. Sin que ella supiese, su nieta le había sacado el dinero, así que yo cándidamente le regalé la llamada. La señora se vio conmovida por mi gentileza, e hizo lo que los cabimenses hacen esas situaciones: se sentó a mi lado para conversar un rato. Como se habrán dado cuenta en estas 5 páginas que llevo de éste cuento, me gusta expresarme y comentar con detalles mis historias alocadas, por lo que era de esperarse que ese rato la señora lo pasó escuchando mis penurias.

¿Sabéis que mijo? Yo estaba hablando con la Presidenta del Sindicado de Trabajadores Petroleros de PDVSA… y mañana mismo me voy a ver con la Dra. María Cristina Iglesias, la Ministra del Trabajo que viene para Maracaibo a las oficina de la Torre Lamas en el centro. Y bueno si vos queréis, dame un currículo para conseguirte trabajo en la empresa.

No voy a emitir los detalles exactos de mi sorpresa. Pero sí, la fucking vieja me había conseguido trabajo, pero como todo en la industria era absoluto compadrazgo (nepotismo), el trabajo que me había conseguido no era compatible con mi currículo. Ocuparía el puesto de Obrero de Operaciones (lo que es lo mismo decir: Machetero) sin que importase un coño lo que yo estudié. No le vi la otra cara al asunto, así que tuve que aceptarlo tal cual. La paga era buena, aunque bajo la condición de un contrato de tiempo determinado.

Antes de ingresar a la empresa (justo en el momento cuando me practicaba los exámenes médicos de ingreso) la suerte me volvió a llamar. En la oficina donde instalaron la sala de reclutamiento y selección (sí, suena asquerosamente militar la vaina, pero ni modo) una persona tenía un serio enredo con la herramienta Excel de Microsoft Office. Yo, como siempre de expresivo, le ayudé y de inmediato me comentó sobre una vacante en la ciudad de Maracaibo en la Torre Lamas en la Gerencia de Finanzas. No obstante no sabía puta mierda de finanzas, pero me atreví. Al otro día estaba en la entrevista con la superintendente de Finanzas de Maracaibo.

Dígame señor López ¿usted sabe manejar SAP?
Sí claro, ¿cómo no? Licenciada
Ajam, ¿y conoce cómo se elaboran las Capitalizaciones?... ¿cómo se amortiza? ¿Qué es un Maestro Financiero y un Libro Mayor?
–¡Claro que sí! Yo casi invento la Contaduría.


Me creyeron… y lo cómico era que yo no tenía ni la más remota idea de qué coño estaba hablando, así que ejecuté la fase dos del plan que maquiné.

Bueno. comienzas mañana, esta será tu oficina… ¡bienvenido!
Muchas gracias, no le fallaré… por cierto Licenciada ¿ustedes tienen aquí Manuales de Procedimiento y Operaciones que me presten?

Así fue como pasé casi dos semanas sin dormir estudiando todo lo referente al ejercicio de la contaduría, para poder demostrar que podía adaptarme rápidamente al trabajo. Y realmente me adapté. Esa experiencia me sirvió de mucho en el sentido de que, definitivamente yo le echo bola a cualquier vaina. No existían límites, todo era posible (salvo medicina. En efecto no se puede ejercer como médico así nomás). Pero como todo lo bueno siempre llega a un final… pasó.

En doce meses el Presidente superó su referéndum, cuando yo estaba sentado en la oficina de Recursos Humanos recibiendo mi cheque de liquidación, enterándome en la propia voz de mi amada jefa la Lic. María Severino que no logró hacer nada para dejarme fijo en la empresa (y por Dios que esa mujer habló hasta con el Ministro de Finanzas, pero como el compadrazgo es el compadrazgo, la directriz nunca llegó, los canales comunicacionales se cerraron y el viejo cabrón del Gerente de Finanzas no renovó mi contrato, mientras que por otro lado había empleado a 12 personas, entre ellas familiares, vecinos y amigos [nepotismo]).

Una nueva caída en el mundo de los esfuerzos para tratar de alcanzar el éxito… ¡el puto y pendejo éxito! Pero bueno, ¿qué se le va a hacer? Aún en mi boca palpitaba el sabor del trabajo duro a cambio del premio divino; comencé a vender perros calientes para dignificar mi sed de éxito. Mi corazón estaba tan deprimido que los clientes se daban cuenta de ello, y me gritaban para que les sacara su orden a tiempo ya que tenían hambre.


Tuve que refugiarme, esa vez le tocó a la música y a la Internet (también a la lectura y a la poesía… puedo decir que construí mi propio imperio personal). Con lo que ganaba como perrocaliéntero podía mantener mi vicio en Internet en un cyber cerca de la casa de mi mamá. Logré mantener intactas a mis cyber-novias pero nada era suficiente, la vida me parecía carente de sentido, así que comencé a expresar mi alma en los versos escritos y en la narrativa. El tiempo se fue consumiendo con el tiempo, y sin darme cuenta ya tenía mi primera novela y mi primera selección de poemas guardadas en un CD que había quemado en el cyber. No tenía computadora. Escribía donde el viento o el dinero de los perros calientes me llevaban. Era el poeta de la salsa mostaza y muchos sabían o comenzaban a enterarse de lo que hacía, y sin darme cuenta la burla comenzó a pintarse de respeto, cuando comencé a recibir invitaciones de asociaciones de escritores independientes y redes de poesía. Participaba en seminarios de oratoria, siempre debatiendo con grupos de lectura sobre estética, sobre composición, el tema, el contenido y la forma y toda lo esencial que se debe aprender para trabajar con las letras. Muchos sabían que yo no había estudiado letras estando claros de que en mi familia no había una sombra genética que se aproximase al arte. Yo parecía ser un mutante entre ellos porque contaba con un talento que desarrollé solo (la formación autodidacta) que se ganó el respeto de muchos profesores conocidos en la materia. Así comencé a creer un poquito más en mi trabajo y me atreví a lanzarme a otros lugares con el fin de ver qué tan bueno podía ser.

Donde llegaba lograba atraer curiosidad hacia mi trabajo. Me encontré enteramente inspirado para seguir escribiendo; así compuse dos novelas más. Pero ya Cabimas había rendido sus frutos en mi corazón y mi cuerpo, y mi maestro, quien para esas fechas era Director del Conservatorio Nacional de Música Juan José Landaeta, me abrió las puertas de su casa y me acobijó en ella… esta vez, en Caracas.


No puedo negar que sin duda la capital me recibió de la mejor forma posible. En cualquier lugar encontraba trabajo. Siempre al tino con mi carrera universitaria, con la sutil costura que correspondía a mi profesionalismo. Seguía trabajando en la letra y continuaba creyendo cada día más en que podía lograr algo serio y provechoso con la literatura. En el proemio de mi primera selección de poemas coloqué la leyenda “¿cuántos perros calientes se necesitan preparar y vender para escribir poesía?” mientras que mi mente y cuerpo mutaban de forma acelerada mientras los años iban pasando.

Pero como en todos los cuentos, siempre el final está sujeto a dos condiciones posibles: la felicidad o el fracaso. A pesar de que ese río de bendiciones no cesaba, se detuvo de repente después de un escaño importante. Ese escaño es este: motivado por mi maestro, envié a un editorial en España mi segunda novela para que la “evaluasen”, recibiendo en pocos meses una respuesta muy alentadora, que no me la creí cuando pasó. Me ofrecieron un contrato de edición con ellos, pero debía invertir unos cuantos euros (no muchos en realidad) pues, soy escritor novel, no estoy sindicalizado y nadie me conoce. La realidad es que el mundo editorial ya no es como antes, ahora se necesitan buenos publicistas para difundir el trabajo que tanto a uno le cuesta construir y que nadie piensa siquiera que existe. Los del editorial estaban interesados en publicar “Memorias de Aquel Pianista Herido” pero CADIVI no da euros ni mucho menos yo puedo comprarlos. Necesitaba un patrocinante en serio. Pero, ¿qué pasó aquí? No lo sé. En la madre patria me estaban dando una oportunidad invaluable para darle un vuelco total a mi vida pero ello no se podía. La misma tenacidad que formé para atender bien a los clientes a quienes les alquilé los teléfonos celulares, a los que les preparé perros calientes; la misma tenacidad para estudiar sin ayuda la metodología financiera se veía amenazada con la nueva vuelta de mi vida.

Bueno señores, ahora es que entra en juego el título de esta canción. Dos meses después de la propuesta lo único que faltaba era conseguir un patrocinante que auspiciara la inicial de la publicación (500 euros) para que se pudiese hacer. Yo ofrecía 20% del derecho mientras que el editorial me garantizaba 5 mil ejemplares a 12 euros cada uno. Justo cuando comienzo a trabajar donde ahora estoy, en la oficina en donde actualmente les escribo éste mierdero, se me promete que la “Fundacion Becoblomh” estudiará mi novela para ver si me apoyaba en el proyecto de publicarla en España.

Han pasado ya 8 meses y todavía no tengo respuesta… y antes de que comenzara a escribir todo esto volví a ver la maldita propaganda de Locatel y Banesco, en donde están financiando Tetas a las mujeres venezolanas. Sí señores, nuevamente como en mi escrito “::Coincidencias de la Radio::” acabo de notar que en este país se apoya más el hecho de ponerle Tetas a una mujer que invertir en el talento que muchos venezolanos hemos construido con un esfuerzo inimaginable en las artes locales, ¡ah! pero como yo no soy como el carbón chavista pendejo de Gustavo Dudamel (y compañía), es decir, no le voy a jalar bola al gobierno de Chávez para que después de publicar me utilicen como objeto de propaganda, voy a tomar una seria decisión en mi vida; ¡ponerme tetas con el Crédito de Banesco y Locatel si no llego a publicar mi novela!, a ver si con ellas tengo más suerte y comienzo a cosechar el éxito que los abuelos nos venden con sus malditos cuentos.

Gracias.



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NotasDelPost: Quiero sinceramente darle todas mis gracias a todas aquellas personas que han dedicado y perdido su tiempo leyéndome, más que todo a aquellos que vencieron el estigma de la flojera para abalanzarse a leer este cuento tan real como mi propia existencia. Es sencillamente por ustedes, queridos lectores, que me he mantenido escribiendo a los largo de esos 14 años. Gracias a las buenas intenciones y críticas que de ustedes me llegan, he logrado atreverme a seguir estudiando la literatura para mantenerme en forma, creciendo cada día más en este campo que tanto amo, con el objetivo de llevarles a ustedes ratos de ilusión, maravillas fantasiosas y prosas enérgicas que logren refrescarles el alma, hacerlos reír un poco e invitarlos a reflexionar sobre las cosas que a diario vemos en este mundo tan complicado. En especial en un país tan golpeado como el nuestro, por tanta ignorancia sembrada a través de los tiempos. Una vez más, gracias de corazón y espero que si algún día por fin se fastidian de mí, al menos mantengan su paciencia con la esperanza de ver mis letras en libros impresos, o en su defecto, poderse reír conmigo el día en que me vean por las calles de Caracas caminando con mis grandiosas Tetas porque en evidencia no logré publicar, le dejé de dar importancia a eso, me entregué a la escritura más que otra cosa y me haya sabido a mierda todo lo demás. Muchas gracias.

AudioPost: Sergei Rachmaninov - The Bells - IV Largo Allegro Andante Op. 35 / Sergei Rachmaninov - Rhapsody On A Theme Of Paganini Op. 43 / Belinda - Luz Sin Gravedad / Claude Debussy - Prelude Afternoon Of A Faun / Depeche Mode - Home / Jojo - Too Little To Late / Sergei Rachmaninov - Symphonic Dances Nº 1 - III Lento Assai Op. 45.

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"Si No Alcanzo Las Estrellas... Me Pongo Las Tetas"

::Ed & El Impío::