::La Vuelta De Richard::


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Basada en hechos reales, recreados de quien los vivió.
Cabimas Edo. Zulia - Venezuela, Junio 2010.
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-----Richard toma la esquina esquivando el hueco que está en todo el cruce, sabiendo que su maniobra no quedaría completa al ver que frente a él, y a su derecha, una camioneta reclamaba su espacio en la carretera. Igual, su habilidad al volante permitió solamente que la rueda posterior derecha del Cavalier cayera en el charco dando un tumbo hacia un lado. No se molestó, pero era incómodo caer en huecos deliberadamente, más si estos con las lluvias se convertían en sopas de barro que ensuciaban el carro cuando trabajaba. Hacía media hora que había salido del auto lavado, y hacía quince minutos que había cargado su primer cliente del día.
-----Igual, su molestia fue creciendo porque, comprendía muy bien la política de “taxi y taxista limpio”, pero en días de lluvia prácticamente había que lavar el carro dos o tres veces en una ronda ya que sin importar lo que fuere, al llegar a alguno de los puntos de control de la línea de taxis, un avance sucio por cualquier cosa tendría que pagar multa y sería suspendido. Había que evitarlo porque significaba perder días de trabajo y suponía un riesgo dejar de percibir dinero. Hay cuentas por pagar, y víveres por llevar a la casa. Con dos hijos y una mujer, y con una novia en otro sector, los gastos de un taxista son interminables así como las jornadas tediosas como las de ese día. Siguiendo en la calle a la que recién había entrado y mascullando la caída en el hueco, Richard dispone de un nuevo CD para colocar en el reproductor del carro. Una mano en el aire alza la vista del taxista, pero éste, evitó detenerse al detallar el mal aspecto del cliente. En la zona donde se encontraba a horas de la brillante tarde, no era recomendable cargar pasajeros, ni tampoco pasar por ahí, pero en excepciones laborales a veces no se podía evitar romper la segunda sugerencia cuando en otro sector de Cabimas, un pasajero pedía que lo dejasen en ese barrio.
-----Declarada zona roja, el barro –antes urbanización– los médanos era una plaza a evitar por cualquier avance, aunque en días malos uno podía aventurarse por ahí y por otras zonas rojas de la ciudad para montar lo que sea, con tal que paguen.
-----Siguiendo por la calle y casi llegando al otro cruce, el espejo retrovisor reflejó una imagen como una ráfaga audaz, que imprimió en las manos de Richard el deseo de orillar el Cavalier para evitar una colisión. Una Chevrolet Vitara adelantó al taxista, coleándose frente a él para bloquearle el paso. Inmediatamente Richard apuró sus movimientos evitando así chocar, a la vez, metió la mano debajo del asiento para desenfundar la Taurus nueve milímetros que dispone para su defensa personal. La Vitara permaneció allí cerrándole el paso, pero de la nada –y sin lograr verlo por el retrovisor– un Fiat Palio color gris aparcó detrás de él, y sus pasajeros, que bajaron así sin aviso, con sus pistolas Glock nueve milímetros con selector y peine extensible de veinticinco balas, golpearon a ambos lados de las ventanillas del Cavalier, con diferentes portadores, pidiendo el favor de que abriese la puerta. Jóvenes muchachos, traviesos picados de viruelas, con gorras de beisbol y franelas de equipos de futbol arrinconaron a Richard dentro de su carro para atracarlo. Los de la Vitara sin bajarse, pero bajando la ventanilla derecha delantera apuntando al taxi así sin más.
-----–Dame las llaves y el teléfono… ya sabéis como es todo chamo.
-----Cuatro pistolas pueden más que una, y el portador de la primera decide guardar la Taurus en su cintura, dentro de la camisa; sin que puedan darse cuenta los atracadores.
-----Richard apagó el carro, mientras los muchachos vigilaban que no hablase por el radio transmisor a la línea de taxis. Lo matarían si lo hacía. Después de un golpe en la nuca, el taxista cayó al suelo mientras recibía las instrucciones de los atracadores. Ya sabía cómo era el negocio. No era la primera vez que le quitaban un carro. Como taxista, el oficio de los malandros ya era habitual en su oficio. Ya sabía cómo era eso, les entregó el teléfono Blackberry y hundió su cara en la acera para no verlos.
-----Uno de los muchachos, bajo la custodia de los otros tomó el mando de Cavalier y sin escatimar prudencia al arrancar, picó las ruedas sobre el asfalto para salir del lugar rápidamente. Richard en seguida se levantó, sacó la nueve milímetros y apuntó, pero ya los tres carros estaban doblando la esquina que él iba a tomar. Sin opción, enfundó la pistola y corrió hacia la esquina para ver hacia donde iban, y en su desespero, con las manos en la cabeza, un adulto contemporáneo se acercó a él, saludándolo.
-----–¡¿Ey Richard qué fue mijo?! ¿Te atracaron? ¡Verga chamo yo los vi y por eso te hice señas...! Cuando entraste a la calle reconocí tu carro… ¿estáis bien?
-----Richard se percata de que quien lo saluda, así con su mal aspecto, era quien una cuadra más atrás levantaba la mano al taxi como pidiéndole una carrerita.
-----–Sí, estoy bien mijo… ¿qué fue?, ¿vos vivís por aquí?
-----Richard desvariaba entre la formalidad, la incertidumbre y el asombro.
-----–Verga chamo me quitaron el caro, ¡coño e’ la madre! Y apenas voy saliendo a trabajar nojoda…
-----El taxista se hundió en el piso, desplomado y desesperanzado. Su arrechera se manifestaba con patadas mientras permanecía sentado esos segundos. La pistola, entre los movimientos, cayó al suelo para luego tomarla.
-----–¡Verga! Menos mal que no la sacaste porque sino te hubiesen quebrao ahí mismito mijo… pero dale tranquilo que yo los conozco, vamos pa’ que el cuñao pa’ llamar a la banda… esos chamitos son cobra vacunas, pero como andan nuevos andan todos alumbraos ahí, atracando a todo el mundo… no saben que se pueden equivocar a veces…
-----Los dos tomaron camino hacia una vereda cerca en el sector. Richard como acto de prevención –y gracias a su antiguo entrenamiento en la recluta militar–, sacó el peine de la Taurus y vació el mismo, dejándolo sin balas. Estas, se las metió en el bolsillo del pantalón. Al llegar al final de la vereda, Alexis (el compañero que vio el suceso) llamó a la puerta varias veces, gritando “señora” a la vez, a toda voz. Una mujer con un paño en la cabeza, ya muy mayor, gorda y arrugada, abrió una ventana para ver quien llamaba. Al instante reconoció a Alexis frente a la casa. El mismo le pidió que le dijese al cuñao que quería hablar con él.
-----Al instante el señor Julio, el cuñao para los vecinos de confianza como Alexis, abrió el candado que mantenía cerrado el portón de su casa, dejando pasar a los dos visitantes. En cuestión de minutos Alexis echó todo el cuento, narrando cada detalle y haciendo énfasis en lo más importante. Con una sonrisa, Julio invitó a los dos a pasar al fondo de la casa, pues, allí estaban unos amigos junto a él tomándose unas cervezas.
-----Como sugerencia Julio trajo una cerveza a Richard para que se refrescase y pasase el susto. El taxista se la tomó de un solo sorbo, mostrando aún su frustración ante los anfitriones del lugar. En un par de llamadas y con la seguridad de una sonrisa perpetua, Julio determinó de qué banda eran esos muchachos y a lo mismo, dio por enterado a Richard cuanto estaban pidiendo por el carro.
-----–Diez millones chamo… o sea, diez mil bolívares fuertes están pidiendo por el carro.
-----Richard soltó una risotada aguda y aguantada. Sabía que no tenía ese dinero y sabía que aún debía el carro al banco como para perderlo así no más. Podía recuperarlo por la póliza de seguro, pero lo que más le preocupaba eran los días en que no podría trabajar; eso representaba un mayor caos para él.
-----–Ya va chamo, yo creo que yo a vos te conozco… ¿vos no sois el hijo de la señora Nuri… la de la nueva Cabimas?
-----–Si… pero yo no me acuerdo tuyo…
-----Julio no dejó de sonreír en ningún momento, pero al reconocerlo una mueca menos hipócrita apareció en su cara. Volteó, dejando a su invitado ahí parado con otra cerveza en la mano. En sincronía tomó el Blackberry de su bolsillo e hizo una llamada acelerada. Caminó lejos del grupo para poder hablar. En su gesticulación Richard observó cierta molestia al ver sus manos surcar el aire con arrogancia, pero al final de la conversación la sonrisa volvió a aparecer, más cuando trancó.
-----–Bueno mijo… por lo menos logré que no lo acepten en el peaje, pero no puedo decirte cuanto estarán pidiendo los chamos…
-----–¿Peaje?
-----Alexis al percatarse del tono de la pregunta de Richard, a su lado, inquirió una seña para que se callara y no ofendiera así al cuñao.
-----–Si queréis, dame un chance pa’ averiguarte donde está el carro… mientras, yo creo que es mejor que te vayáis buscando gente porque ahí si no te puedo ayudar. Dale tranquilo que yo te llamo al teléfono de Alexis.
-----El brazo derecho de Julio indicó el camino de la salida. En la ida Richard dio las gracias al cuñao, y éste a la vez le dijo que le hiciese llegar sus saludos a su mamá. Alexis en todo esto mantuvo la compostura, esperando salir de la casa del anfitrión para hablar con su compañero.
-----–Un peaje es como un jefe cobra vacunas. Los que roban carros no suelen cobrar por ellos, lo que hace es que se lo venden a un peaje por menos de lo que piden ellos. Si no se lo dan al peaje matan a los malandros. Julio lo que hizo fue negociar con uno de ellos para que ninguno lo aceptara… quiere decir que tu carro anda por ahí, y nadie lo comprará para cobrarte después a vos la vacuna… los chamitos esos deben andar desesperados.
-----A todas estas esperaban que Richard llamase a su propio teléfono para hablar con ellos, pero no lo hizo. Al contrario, el siniestrado taxista fue con Alexis hasta su casa –en taxi– y allá logró comunicarse con la línea donde trabajaba para decirles que le habían robado su carro. Inmediatamente dos compañeros avances de la línea se ofrecieron a ir a su casa para ayudarlo, e igualmente un primo que se encontraba en su casa en ese momento ofreció su apoyo. La señora Nuri recibió el saludo y a la vez se asustó, pidiéndole a su hijo que no se juntara con esa gente y que no hiciera nada. Que llamase a la policía, pero Richard se negó. Alexis al cabo de una hora recibió un mensaje de texto por parte de Julio.
-----–El carro está en el Shamir.
-----Todos comprendieron que se trataba del motel Shamir a las afueras de Cabimas. Los muchachos al ver que nadie recibió el carro decidieron meterlo en una de las habitaciones del motel, que tenía estacionamiento encerrado junto a la habitación. Las habitaciones del recinto disponían de un porche con puerta santa maría que resguardaba los vehículos de los huéspedes mientras permanecían en las habitaciones. Al tener por sentada la noticia, los taxistas compañeros, Alexis y el primo de Richard, Juan, se embarcaron en los taxis que ahora estaban sin el gafete de la línea que los distinguía, y sin las matrículas de circulación. Al caer la noche todos fueron a parar frente a la entrada del motel. Pidieron información a la recepcionista –desde la ventanilla blindada– sobre un carro con las características del Cavalier, pero súbitamente se les negó la información por política del motel.
-----En un sitio como ese, donde diversas parejas se encuentran clandestinamente, los dueños reservan el derecho a no difundir la información de sus clientes, pase lo que pase dentro de las instalaciones de su motel.
-----Igualmente decidieron esperar a que saliera el carro. Los muchachos no podrían pasar ahí dentro más de doce horas, debido al horario de las habitaciones. Igualmente les daría hambre, y el encierro los desesperaría.
-----Al cabo de unas horas una camioneta Ford Bronco año noventa y cuatro, con las luces apagadas, iba saliendo de las instalaciones del motel a menos de diez kilómetros por hora. En el instante, el chofer reconoció a alguien en el grupo y seguidamente (con la vergüenza de su acompañante) bajó la ventanilla para saludarle.
-----–¿Qué pasó Juan qué hacéis por aquí mijo?
-----Juan reconoció la voz y se acercó, saludando con pena a la joven muchacha que acompañaba a quien le saludó. De inmediato explicó el por qué de la espera frente al motel, y sin dudarlo el funcionario le comunicó que llevaría a la muchacha hasta su casa y luego vendría a ayudarlos.
-----El Guardia de la Fuerza Armada Nacional de la República Bolivariana de Venezuela hizo presencia en el lugar a no menos de media hora. Como gesto llevó parrilla, cerveza y pizza para todos los presentes, y mientras esperaban, la jerga y los chistes hicieron la sazón en el lugar mientras Richard sólo podía pensar en su carro. En su angustiosa constancia sus rezos habían sido escuchados.
-----Con las luces apagadas, el Chevrolet Cavalier apareció en la salida del hotel, desplazándose a menos de tres o cuatro kilómetros por hora. Frente a él, el Guardia Nacional y los demás apuntaban al mismo tiempo al parabrisas. Los jóvenes al verlos, apagaron el carro sin bajarse.
-----–¿Está asegurado chamo? –Preguntó el oficial.
-----–Sí pero… verga, vos sabéis que es arrechó el papeleo y todo lo demás pa’ que te lo reparen, y yo dependo de él pa’ trabajar.
-----El Guardia desistió de su idea de disparar al parabrisas para asustarlos, riendo por la broma del primo Juan que le pidió que si lo hacía, apuntara a la cabeza.
-----En la consumación de los nervios, los jóvenes dentro del carro sentían en sus sienes el peso de tal aventura. El sudor frío quemaba sus pieles desesperadas por vivir, mientras mudos, sus lenguas eran mordidas como en un acto de represión al verse dentro de una situación así, tan relajada para los que empuñan armas y tan engorrosa para los que sólo cuentan con sus nervios sin la disposición favorable de la justicia. Sin el derecho a permanecer ilesos. En total dentro del carro habían dos, mientras los demás, los otros que prestaron una corta y táctica ayuda para robar el Cavalier que siguieron desde el auto lavado, no querían saber nada de él. Ni siquiera una recompensa, más que todo cuando se fijaron que los tres peajes a donde llevaron el carro no lo aceptaron. Esta ambigüedad les obligó a tomar la decisión de desligarse del asunto dejando a los dos principiantes con el carro. No contestarían al teléfono ni responderían los mensajes de texto. Todo en segundos. Así era éste negocio.
-----En un instante, y debido a rápidas resoluciones, un estruendoso disparo algo ahogado dejó percibir a continuación el grito de dolor proveniente dentro del carro. La puerta derecha se abrió lentamente mientras entre gritos, el joven se lanzaba al suelo increpando que no estaba armado, que se rendía. La puerta izquierda, después del destello de luz del arma, dejó entrever al otro muchacho que salía con la pierna ensangrentada, luego de haberse disparado él mismo para crear una especie de seguro ante las autoridades.
-----Pero inexistentes en el lugar, la justicia fuera del papel impreso de la ley humana dejó paso al perjuicio morboso y fetichista de los participantes del festín, cuando como en una especie de éxtasis delicioso, comenzaron a sentir el flagelo de la carne joven resistirse a sus pies, cuando entre patadas y golpes, los hombres reafirmaban una posición social jerárquica. Inmediatamente, luego de la saciedad y con el aliento cargado de testosterona, los hombres revisaron de pies a cabeza el vehículo, prorrumpiendo imprecaciones a los muchachos golpeados, al recordarles indefinidas veces que se habían equivocado. En el acto notaron que faltaba el reproductor, y que había un rayón en la puerta trasera derecha. Los muchachos dijeron que el reproductor estaba en el maletero, y de inmediato fueron despojados de lo que llevaban encima y esposados por el Guardia Nacional.
-----Antes de dar fin al linchamiento a mano y arma limpia, el Guardia Nacional tomó seis mil bolívares fuertes de los bolsillos de los muchachos, ignorando totalmente su procedencia, reclamándolos como suyos. Al mismo juicio entregó mil bolívares a Richard para las reparaciones correspondientes a ejecutar, pero éste solo pensó que de allí sacaría los veinte mil del diario o ficha de paga para la línea y haría una compra para las dos casa que mantenía. No fue entonces un día tan malo.
-----Los demás recibieron las gracias, la comida, y una que otra propina agradable. Mientras que los muchachos fueron embarcados en el maletero de la Ford Bronco hacia un destino ya programado por el funcionario.
-----–Bueno mijo… váyase con su carro tranquilo pues pa’ su casa… yo me voy a llevar a estos carajitos pa’ échales un sustico, pero eso sí, no vayan a decirle nada a nadie porque me meterían en peos.
-----Entretanto Richard se desentendió de los atracadores prestando atención a su activo mayor. El Cavalier no había sufrido más daño que el emocional. No contar con él casi un día, que se alejase de su vida como un recuerdo, como un espacio en la memoria que fue pero que ya no es, ceso. Estaba otra vez consigo, su fuente de alimentación, de mantenimiento económico, su herramienta de seducción casual y particular, otra vez seguía los comandos bajo sus manos. Al cabo de dos o tres esquinas olvidó el hecho, más quedó como una anécdota para contar. Sin embargo, sintió culpa por Alexis, mejor dicho, hacia él, porque en aquél momento no le reconoció y emitió un juicio de valor basado en un prejuicio del oficio, en un clasismo de la razón. Alexis le salvó, pudo haber evitado el atraco, pero él lo ignoró. No se detuvo por verlo mal vestido, y ahora había sido clave en la recuperación de su carro.
-----En el paso de los meses Richard arrastró esa culpa como un pesado lastre que trataba de ser amainado con frecuentes reuniones informales con Alexis. Su amistad había pasado de la condición de simple conocido a amigo particular; compañero de jergas, y esto le permitió conocerlo mejor, borrando así sus prejuicios. Y en la relación, una ocasión específica destacó.
-----En una reunión que celebraba el cumpleaños del primo Juan, Alexis y otros amigos compartían en la casa del primero junto a Richard. Entre varias cervezas y bocadillos surgió la anécdota del atraco, y de inmediato, Juan invitó a aquél Guardia Nacional que tomó parte en la justicia urbana aplicada en el caso. Francisco, el funcionario, apareció con su camioneta Bronco en el lugar, integrándose rápidamente, conversando en común con los demás y recibiendo halagos y agradecimientos perpetuos. Las mujeres le atendían, los hombres le servían. Sencillamente era un conocido útil, al cual había que hacerle sentir respetado. En el desarrollo de la reunión y con la influencia divertida del alcohol, Alexis y Richard quisieron preguntarle al funcionario qué había pasado con aquellos dos muchachos.
-----–¿Qué no lo leyeron en el panorama? Salió a los dos días… JAJAJAJAJA…
-----Inmediatamente el funcionario haciendo valer su posición en la jauría, sacó su teléfono Blackberry para mostrarle a los compañeros las fotos de los jóvenes, entre las risotadas del Guardia Nacional, el asombro de las mujeres y las felicitaciones estoicas de los demás.
-----–Yo los llevé a un enfrentamiento del CICPC con una banda en Ciudad Ojeda, por allá los dejé esperándome mientras fui a hablar con un amigo mío PTJ, le eché el cuento y de una vez me dijo que fuéramos a verlos.

-----El funcionario del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, antigua Policía Técnica Judicial, junto a su compañero el Guardia Nacional, dispuso a acercarse a la Ford Bronco para ver a los sospechosos. Detrás de ellos, y cubiertos por una comisión especial de casi treintaicinco funcionarios del CICPC; a fuego abierto lanzaban ráfagas de plomo contra otros malhechores escondidos en una casa deshabitada en una esquina particular de un sector sumamente peligroso de la localidad. Salvo los enfrentados no había más nadie en el lugar. Ni la prensa, ni lugareños, sólo los policías judiciales y los malandros.
-----Al llegar a la camioneta, el PTJ no pudo dejar de notar la radiante juventud de los muchachos, que cómo una graciosa carajitada, los había metido en un lío incontenible, casi sin final, pero con un dictamen particularmente seguro.
-----Los muchachos, no mayores de edad, temblaban como moscas en una trampa de pegamento. El joven herido padecía una fiebre que lo hacía temblar terriblemente. El sudor era tan frío que al respirar el aire se condensaba. Ambos lloraban implorando clemencia, mientras las risas y los chistes bajo el poder, ese poder que los funcionarios de éste país tienen, un poder que transgrede el derecho y la justicia más allá de cualquier consecución humana, a su antojo satisfacía a todo esplendor el deseo de morbo. La oportunidad de dar muerte.
-----Para estos hombres, acabar con una vida humana, más que todo si los juicios nacen de la percepción personal justificada en cualesquiera actos celebrados, se muestra en demasía, como un aperitivo delicioso que les exonera de cualquier culpa, más si encima llevan un derecho prensado en una chapa de metal que les permite ser justo. La justicia es diferente no de quien dispara sino de quien tiene dicho poder. Los jóvenes, sin esperar más que lo obvio, razonaron con aceleración el corto periodo de la vida.
-----Estudios sin terminar. Una vida violenta. Una familia desarraigada y una calle como niñera les infundieron un pensamiento banal y estúpido que, ahora se manifestaría en sangre como una solución final. Los móviles psicológicos, las precariedades humanas, la ignorancia vivencial y la falta de educación empujaron a esos muchachos a la calle, y ahora, a las manos de quienes creen tener derecho a hacer una justicia conveniente con la sociedad a la cual representan bajo los esquemas tutoriales del machismo y, la salvedad, la protección casi eclesiástica de las instituciones que sirven como rectores de la ley escrita por el hombre, para el hombre, bajo convenio magistral. Todo lo demás, todas las emergencias, todos los raciocinios no coincidían ni coincidirán jamás con los intereses particulares de la satisfacción personal bajo ese supuesto techo protector. Los modelos de crecimiento son tan flexibles que permiten a cualquiera, ser el defensor de una razón, de un derecho; por encima de las razones y derechos, de las necesidades y emociones de los demás.
-----El PTJ, haciendo alarde del dolor, hincó su dedo pulgar en el orificio ensangrentado de la pierna derecha del joven muchacho, mientras éste, más que soportar el dolor; gritaba cómo manera de salvación, intentando redimirse, pero en la mamadera de gallo hinchada del funcionario recibió un disparo a quema ropa en la cabeza; por llorón. Al ver muerto a su compañero, y al haberle preguntado el funcionario si también lloraría por esa mariquera, el otro joven esbozó un dulce “no”, sosteniendo su llanto.
-----–Vay pues mijo… dale… tenéis cinco minutos pa’ salir corriendo de aquí…
-----Acatando la orden, y gastando todas las reservas de energía de su cuerpo, el joven muchacho atrofia el ácido láctico de sus músculos por los nervios, corriendo como nunca en su vida hacia la dirección indicada, pero en un frío abrazo salvador, los impactos de bala penetraron como metrallas por su espalda traspasando el torso, haciendo explotar su pecho, escuchando bajo el ahogo de la muerte las risas entre los disparos de los hombres que los habían sembrado en una escena ajena a sus delitos, para acabar con su legado y consumar así la justicia de la nación en sus manos filantrópicas.
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Nota del Autor: Particulares o no, los escritores preferimos no escribir sobre violencia porque ello puede significar una especie de acercamiento intelectual a una naturaleza humana un tanto desagradable. Ser prácticos y subliminales en el lenguaje es una forma clásica de narrar la violenta realidad de la vida diaria, pero dichas técnicas, indiferentemente de cómo sean concebidas –pues existen muchas–, no describen en verdad esa realidad. Por eso, y cómo decisión personal, a continuación me atreví a cruzar las líneas del formalismo literario, narrando los hechos tal cual como fueron, lo más próximo a la realidad de sus protagonistas, siendo el principal el proveedor de la historia después de un servicio. Al no conocernos respeté su identidad, y en efecto la de los demás por encontrarse en la misma condición, aunque igualmente si fuese el caso contrario, igual lo respetaría, y por eso más allá de mi juicio particular, más allá del adorno literario que como escritor inserto en éste corto cuento o suceso, que sea la verdad misma del contenido la que imprima el sello de particularidad, asegurando su intención de sólo hacerle ver al lector, las cosas como son, sin engaños, esperando que con tal enfrentamiento, el impacto generado sirva como medio para que despertemos de ésta pesadilla que vivimos todos los venezolanos –y que podamos hacer algo–, delimitada en palabras como: violencia e inseguridad.
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::Ed J.L::

1 Coment:

Anonymous said...

Lo mejor es pensar que historias así no suceden, que son afanes de nuestra imaginación inquieta. Quizá demasiado.

Hablar, escribir, sobre cierta temática en la que estamos irremediablemente involucrados en éste país, de una forma u otra, no creo que sea malo. Hay que recordar que al escritor le es dado escribir la fábula, no la moraleja de la fábula. Eso queda para los otros.

Bien por ud, ilustre.

Saludos.