
-----Sobre la marcha y sobre el volante, tomar una decisión de este tipo simplemente no es tan sencilla. Las constelaciones de la imaginación exprimen todas las posibilidades pues, ¿cómo no intentar adivinar el futuro?, cuando ciertamente la idea radica en que nadie saque el más mínimo provecho. Los cauchos, el motor, los retrovisores, el portalón, parte de la carrocería, todo debía extinguirse, todo debía pasar a la historia. En momentos así se desea no dejar huellas, no tanto por cuestiones de pericia, evidencia u otro tópico, pues es el recuerdo el que se busca extinguir, la historia se desea borrar, ¿y qué mejor delito que dejar rastros siquiera?
-----El titulo de propiedad estaba prácticamente a su nombre, pues se llamaban de la misma forma. No sería problemas ante las autoridades; fácil alegar entonces “sí, yo la quemé” o “yo la ahogué, pues me pertenece”, “la enterré porque para eso la tengo, yo soy el dueño, incluyendo los actos”. Pero en Latinoamérica esto es lo de menos, ya que el serio problema a resolver era la gente. La gente implica el lugar en estos casos, pero por cuestiones de movilidad no podía ser un lugar tan remoto pues ¿cómo pensaba volver? Y un lugar poblado significaba la posibilidad de que alguien se hiciese de alguna parte, alguna pieza, algo que le diera la pertenencia en el tiempo, algo que le diese importancia, que la mantuviese viva, y por demás de lo físico está el recuerdo.
------Si la quemo –se dijo-, el motor, el chasis, los rines y todas las partes de metal no se fundirán, alguien podría venir y tomar los pedazos.
La primera opción estaba descartada.
------Si la lanzo por un barranco quedaría hecha añicos, nadie podría llegar a ella, ¡pero coño!, a lo mejor venga alguien a revisar y… -su mente no dejaba de dar vueltas, cualquier consideración perenne encontraba solución. Debía razonar muy bien, hasta que diese con la solución-. Aunque por aquí no hay barrancos profundos, quebradas o despeñaderos… ¡maldito llano!
-----La frustración acelerada, motivo suficiente para clavar los frenos en el pavimento, empuñar el volante con mucha fuerza, pensar, reflexionar, ser más inteligente que cualquier cuerpo policiaco, e inventarse un hibrido.
------Ahí está… -Kilómetros más adelante.
-----Tomó sus papeles, sus títulos de propiedades, sus tarjetas, las cuentas de banco, los títulos de sus casas. Todo estaba ahí, en los carpetones, sobre el cojín del pasajero, toda su vida de avaricia se resumía en esas simples hojas, eran la manifestación utópica del bien material. Llegó al puente, solo, casi a las 3:00pm de la tarde, hora perfecta para arder bajo el sol.
------Justo así era que quería que cruzara ¿no?
-----Con gracia y habilidad al volante, aparcó la camioneta justo en medio del puente, con el frente hacia la baranda, hacia el vació, hacia la libertad. Bajó, acercándose al desfiladero y contempló con satisfacción la altura ideal, la profundidad requerida, que imposibilita a cualquier maquina, a cualquier grua, acrecentando los costos de rescate, factor que obliga a las autoridades a tomar la desición de dejarla ahí, pues el sentimiento de “no vale la pena” se suma a la voluntad del deber.
-----Sabiéndose conocedor de densidades, roció la flamante Chevi Silverado de color azul con aceite para motor, seguidamente aplicó sobre la pintura gasoil y luego, gasolina, lo suficiente para arder bajo el agua y matar dos pájaros de un solo tiro, y como aprendió en las películas colocó una roca sobre el pedal, con la camioneta encendida en la posición P, y antes de darle marcha puso sobre el cojín, justo sobre los papeles los dos últimos galones de combustible y le prendió fuego súbitamente al colocarla en D.
-----Y así se iba, entre la sombra poética de un deseo reprimido, entre las fauces magistrales de un corazón desolado, sobre las bardas de la razón ardiendo en la carne, mágica función que extingue el dolor al verte caer…
-----“Alo… ¿tía? Si, oye… papá murió… si, sí, lo sé… en el hospital, acabo de hablar con el doctor, sí, a las 11:00am… no resistió la operación... lo siento… sí, entiendo… pues, no, no quedó nada, no hay nada que reclamar… ¿cómo?, bueno, no sé… pero tía… oye…”
-----Y sobre el andar sus pasos completaron el camino.
___
::Ed::
-----El titulo de propiedad estaba prácticamente a su nombre, pues se llamaban de la misma forma. No sería problemas ante las autoridades; fácil alegar entonces “sí, yo la quemé” o “yo la ahogué, pues me pertenece”, “la enterré porque para eso la tengo, yo soy el dueño, incluyendo los actos”. Pero en Latinoamérica esto es lo de menos, ya que el serio problema a resolver era la gente. La gente implica el lugar en estos casos, pero por cuestiones de movilidad no podía ser un lugar tan remoto pues ¿cómo pensaba volver? Y un lugar poblado significaba la posibilidad de que alguien se hiciese de alguna parte, alguna pieza, algo que le diera la pertenencia en el tiempo, algo que le diese importancia, que la mantuviese viva, y por demás de lo físico está el recuerdo.
------Si la quemo –se dijo-, el motor, el chasis, los rines y todas las partes de metal no se fundirán, alguien podría venir y tomar los pedazos.
La primera opción estaba descartada.
------Si la lanzo por un barranco quedaría hecha añicos, nadie podría llegar a ella, ¡pero coño!, a lo mejor venga alguien a revisar y… -su mente no dejaba de dar vueltas, cualquier consideración perenne encontraba solución. Debía razonar muy bien, hasta que diese con la solución-. Aunque por aquí no hay barrancos profundos, quebradas o despeñaderos… ¡maldito llano!
-----La frustración acelerada, motivo suficiente para clavar los frenos en el pavimento, empuñar el volante con mucha fuerza, pensar, reflexionar, ser más inteligente que cualquier cuerpo policiaco, e inventarse un hibrido.
------Ahí está… -Kilómetros más adelante.
-----Tomó sus papeles, sus títulos de propiedades, sus tarjetas, las cuentas de banco, los títulos de sus casas. Todo estaba ahí, en los carpetones, sobre el cojín del pasajero, toda su vida de avaricia se resumía en esas simples hojas, eran la manifestación utópica del bien material. Llegó al puente, solo, casi a las 3:00pm de la tarde, hora perfecta para arder bajo el sol.
------Justo así era que quería que cruzara ¿no?
-----Con gracia y habilidad al volante, aparcó la camioneta justo en medio del puente, con el frente hacia la baranda, hacia el vació, hacia la libertad. Bajó, acercándose al desfiladero y contempló con satisfacción la altura ideal, la profundidad requerida, que imposibilita a cualquier maquina, a cualquier grua, acrecentando los costos de rescate, factor que obliga a las autoridades a tomar la desición de dejarla ahí, pues el sentimiento de “no vale la pena” se suma a la voluntad del deber.
-----Sabiéndose conocedor de densidades, roció la flamante Chevi Silverado de color azul con aceite para motor, seguidamente aplicó sobre la pintura gasoil y luego, gasolina, lo suficiente para arder bajo el agua y matar dos pájaros de un solo tiro, y como aprendió en las películas colocó una roca sobre el pedal, con la camioneta encendida en la posición P, y antes de darle marcha puso sobre el cojín, justo sobre los papeles los dos últimos galones de combustible y le prendió fuego súbitamente al colocarla en D.
-----Y así se iba, entre la sombra poética de un deseo reprimido, entre las fauces magistrales de un corazón desolado, sobre las bardas de la razón ardiendo en la carne, mágica función que extingue el dolor al verte caer…
-----“Alo… ¿tía? Si, oye… papá murió… si, sí, lo sé… en el hospital, acabo de hablar con el doctor, sí, a las 11:00am… no resistió la operación... lo siento… sí, entiendo… pues, no, no quedó nada, no hay nada que reclamar… ¿cómo?, bueno, no sé… pero tía… oye…”
-----Y sobre el andar sus pasos completaron el camino.
___
::Ed::





0 Coment:
Publicar un comentario en la entrada