Suponga usted, gente… Que con caricias y pasiones, se llegan a los cantos rodados donde confusos amarillos se esparcen por las grúas de mis rodillas, donde seguramente usted podrá concebir melancolía suficiente como para dirigirse a mí con “túes” y demás pronombres soslayados.
Pero déjeme decirle que, entre los rincones de esta amarga vanidad y mi sincera rendición ante la magia que supone aquel cuerpo adepto a las olas, yo consagro mi paciencia en la más alta esfera que se compondrá –quizás (Dígame usted)- de la diadema dionisiaca que suprime la relevancia que tengo al decir que pronto, usted… Será mía.
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::Ed::
Pero déjeme decirle que, entre los rincones de esta amarga vanidad y mi sincera rendición ante la magia que supone aquel cuerpo adepto a las olas, yo consagro mi paciencia en la más alta esfera que se compondrá –quizás (Dígame usted)- de la diadema dionisiaca que suprime la relevancia que tengo al decir que pronto, usted… Será mía.
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