Demonios azules
se posaron ayer en mi cortina
justo cuando recordaba
la fisonomía de tu cuerpo asintiendo
esqueletos pavimentados de hiel
caminaban en mis sábanas
como queriendo comer de ellas,
en el instante en que
la muerte se convertía en una esperanza.
Esperanza digna de aquellos que no alcanzan
sus deseos
y a sus alrededores se posan las aves de los vecinos
repletas de condimentos y azúcares
tan dispuestas al vuelo
en mis días solitarios.
Demonios azules
pantomimas de gris color
se paseaban por mis pupilas
mientras esqueletos pavimentados
ataban mis manos
con tus recuerdos.
___
Ed.





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