::Pequeño Protagonista::




-----En una disposición solemne, el pequeño protagonista de esta historia atravesó las paredes de la imaginación sin pensar en las consecuencias, quizás dispuesto para ganar desde nacimiento, quizás una suerte más en un mundo tan lleno de probabilidades, donde especular, estimar, deducir y definir, bien sea formalmente o de forma artesanal, era la condición contraria de lo que el destino define a diario en su espacio y su tiempo.
-----Aún así, desde las sábanas, con sus pequeñas manos, y sujeto a la baranda de su cuna, el pequeño protagonista dispone de su encanto más allá de la belleza, pues se trata ciertamente de la promesa de un futuro y promiscuo brillar. Sin embargo, en una sociedad insensible ante la manifestación evolutiva y adelantada de la naturaleza, no se puede asegurar desde ya, el camino que recorrerá el pequeño protagonista puesto que se suman tantas condiciones a su vida, tantos flagelos, legislaciones, sistemas, creencias, ideologías (aunque suene abundante luego de mencionar creencias), pensamientos, intereses y sucesos que, marcan a diestra el dominio de una raza que pelea ferozmente por desengancharse de estas condiciones y ser, consecuentemente, quien engancha a los demás bajo su voluntad.
-----Aún así, en estos infortunios, en la inexplícita elocuencia del narrador, en la progresiva matemática interminable y en ese encantador “no sé qué”, o “qué será” y “quién sabe”, el pequeño protagonista se sostiene en su andar, vocalizando, demostrando habilidades emergentes que a su edad son ciertamente asombrosas, sin entender el mundo que lo rodea pero ya aprendiendo a desenvolverse en él, sin esperar a que todo se acondicione a su pasar, pues será él el que deberá aprender a condicionar al mundo, y a evitar engancharse de la moral ajena a su sentir pues, con un camino tan prometedor como el de él, solo se sabrá escribir un gran destino cuando él mismo, sostenga la pluma que lo escriba.
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"Las Estrellas Se Alcanzan"

::Ed::

::Naufragio::


Caspar David Friedrich - El Naufragio de "La Esperanza" Entre los Hielos (1824).

Deslastrarme, deslastrarme. La nueva palabra que me han inyectado y que no deja de repetirse en mi cabeza una y otra vez. Retumba totalmente, presionando mis sienes hinchando la duramadre.

Deslastrarme, deslastrarme, como si fuese tan fácil hacerlo, como si fuese una especie de monje budista, tibetano, con años de experiencia en meditación para alejarme del lugar donde me encuentro, para extraerme en mi entorno, despachando mis emociones hacia la experiencia sensorial. También como si fuese un demente, un esquizofrénico, y me es irónico porque hay tantas enfermedades mentales que estoy deseando ahora tener, y estas situaciones consecutivas a pesar de que me asedian criminalmente, no me provocan ningún colapso nervioso.

Solo deseo escapar, ser libre, no encontrarme atado de brazos, dejar que mi piel respire fuera de este lugar, donde me aprisionan las chaquetas, barrera que intenta defenderme del embate de la ventanilla que frente a mi escritorio me bombardea diariamente con su aire gélido. Deslastrarme, deslastrarme, pues… ¡yo no soy un barco! Pero si encallé, en la descripción más perfecta de la nada; donde la nada es mucha, donde son tantas constelaciones psicológicas, psicosociales, psiconómicas, psicomotoras que se juntan y conspiran, estirando sus uñas y enflaqueciendo sus manos para joder mi paciencia y cansarme alimentándose de ella.

Lo peor de todo es no saber cómo describir un consorcio como este. Ni siquiera puedo aprovechar la situación para hacer de esto un magisterial relato, ni siquiera me sirve para algo, pues la oxidación es tal que a lo mejor termine por lastrarme aquí.
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::Ed::