::C: minor::



Ojalá...



escribieras

para mí.
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::Ed::

::V::



Notas para respirar
erigidas sobre canastas
balastros de nostalgias,

que caminan a solas
a las afueras de la dignidad

corren las manos
sobre negras cajitas de plástico
sudan... tosen cuando apenas; tropiezan.

Sordo el corazón que no atiende
necia la voluntad de seguir adelante
tardan las razones en aparecer
aquí

donde también; el corazón insiste.
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::Ed::

::Sin Título II::


Aquí quizás narrar no valga de nada, más que todo porque el cuerpo se macera diariamente con tanto tedio. No existen una ventana o una puerta, un lugar por donde escapar para respirar. No existe humanismo, solo discordia y disparidad, al lado de la suprema manía que portan los que se enriquecen. Es triste ver que se deshacen entre papeles, teclados y aire congelado, donde las luces como faroles incandescentes asesinan las ideas que posiblemente se traspapelen en sus cabezas. Todo es gris, aunque hay matices de colores sobre las paredes, sobre los muebles, entre los objetos arrojados en el piso, escondido en los olores, en los amargos sabores que se estancan sobre la lengua; aquí todo es gris porque el alma no transpira, porque no existe oportunidad para ser, solo la necesidad asedia consecuentemente con sus intransigencias, obligando a los fieles creyentes de la nada, a tratar sus vidas como si fuercen vulgares objetos de almacén.

Aquí quizás narrar sea tan poco, más que todo porque la gente ni desea ni siente, todos se confunden y se entrelazan con el entorno. Esto es tan igual al impresionismo que difunde el ser entre el objeto, degradando su figura mientras el entorno se lo devora; aunque, es más transfigurismo que lo primero puesto que su crueldad atraviesa agresivamente al ser, imprimiéndolo en los tabiques como papeles sin color.

Aquí sentir quizás sea imposible, se actúa consecuentemente, o consistentemente. Se come sobre el escritorio, se cumple el horario a cabalidad, los ojos se enjuagan con el agua del grifo del baño compartido cuando lagrimean del dolor, la piel se eriza y se esconde sobre las ropas arañadas, la voluntad se condiciona a la voz de quien disponga, la mente se transfiere a las manos que tipean y tipean, escriben, copian y relatan entre números, sobre pantallas blancas y con densidad progresiva. No existe la posibilidad de respirar, la condición automatiza los placeres, la libertad es tan lejana pero a la vez presente, escondida en una facha marginada de palabras confusas, de billetes que no salen del baúl hasta llegar al último día, donde quizás, narrar se hace imposible, cuando estos hombres y mujeres se desentienden de esto pero a la vez, mantienen la expectativa sabiendo que al otro día volverán.
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::Ed::

::Urf::





¿Qué puedo decir?

A ver... a ver...










(Invéntenme)


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::Ed::