Encontré una factura viejatenía fecha de mil novecientos sesenta y tres
no era mucho en realidad… Es decir; me refiero al monto.
Apenas unos seis bolívares con treinta y dos centavos
Se refería a un juego de comedor, o recibo, como le dicen en otros lugares.
No sé si era costoso para la época, pero me pareció curiosa la factura.
No había número fiscal, solo sello húmedo y una firma.
La tinta de la misma aún estaba intacta; me dio curiosidad ver que con los años, y en un papel viejo, la tinta podía resistirse tanto.
Quien facturaba no me era conocido, pero noté que debía siete cuotas más. Había abonado apenas un veinte por ciento, pero por la fecha en la que iba creí que estaba al día.
Seguramente fue así, porque, en aquellos años en este país se podía pagar cualquier cosa.
Grupo Familia, compañía anónima.
¡Otra venta más! Pensé, imaginando al vendedor.
Cosas de locos.
De nostálgicos, quizás.
Soy como esas cosas viejas, me fijo en lo que la gente olvida
soy como cuentas a largo plazo, crezco con el tiempo y me devaluó.
Me fijo en cosas atrapadas en el tiempo.
En montos y firmas
en trozos de distantes recuerdos.
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::Ed::




